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Opinión

‘The Painted Bird’ nos recuerda de la tragedia que no podemos olvidar o repetir

En la película “The Painted Bird”, el pajarero disfruta soltar una de sus presas, que previamente ha pintado de blanco, hacia el encuentro de una bandada cercana de su propia especie que vuela en libertad.

Cuando la diminuta e incauta ave alcanza a sus iguales, es cruelmente perseguida y picoteada hasta la muerte, por ser distinta. Nunca supo que sus plumas habían cambiado de color.

El filme fue estrenado en Venecia y luego en Toronto, donde tuve la oportunidad de verlo. Durante la función a la cual asistí, algunos críticos no pudieron tolerar la violencia del argumento, apenas prefigurada en la siniestra operación del pajarero, cuando lanza una de sus víctimas a la muerte segura.

El controversial filme llega, finalmente, al público general en YouTube, por un módico precio, y vale la pena no perdérselo para saber cuán afortunado somos de vivir libres, en democracia.

Recientemente, mediante una llamada por Zoom con el actor George Clooney, para recaudar fondos a favor de su candidato a las próximas elecciones, el ex presidente Barack Obama ha supuesto que estamos al borde de lo ocurrido en Europa hace 70 años con el surgimiento del nazismo.

Otras referencias mediáticas han comparado a los agentes del orden enviados para mitigar el caos en algunas ciudades estadounidenses, con tropas de asalto Waffen SS.

Cuando vemos las dos horas y 49 minutos que dura, sin un ápice de piedad, “The Painted Bird”, nos damos cuenta de que esas comparaciones formuladas por un líder de opinión y medios de prensa reconocidos resultan ser sumamente irresponsables, porque están lejos de la verdad histórica.

Dirigida por el checo Václav Marhoul, la película está basada en la novela homónima del afamado y no menos polémico escritor de origen polaco, nacionalizado estadounidense Jerzy Kozinski, publicada en 1965.

Trata de la ordalía de un niño, dejado por sus padres al cuidado de una anciana tía en la campiña del este de Europa, con la intención de que sobreviva los avatares de la Segunda Guerra Mundial.

La mujer muere, inesperadamente, y el pequeño queda desamparado. De tal modo emprende un accidentado camino en busca de su hogar y de los suyos por aldeas y bosques de seres encanallados, tratando de sobrevivir la violencia de una guerra impuesta y absurda en sus vidas.

Cada capítulo de la película viene suscrito por el nombre de los personajes que se cruzan con el pequeño en las más complejas circunstancias. Muy pocos le brindan la comprensión y el refugio que merece la infancia, abandonada a su suerte.

El Ejército Rojo avanza vencedor e implanta su doctrina comunista, no sin antes sufrir el ataque artero de campesinos opositores; los nazis ametrallan a judíos que tratan de escapar del tren que los lleva al campo de concentración y luego los aldeanos locales, sin vergüenza, despojan a los cadáveres de sus pertenencias; los cosacos asaltan una aldea y asesinan indiscriminadamente a sus habitantes.

En este aquelarre, donde la ley y el orden es de quien tenga el poder de las armas o de la chusma en pandilla para vejar al prójimo, el niño se educa en el arte de la fuga, la doble moral y de otros subterfugios inhumanos que le permiten subsistir.

Apenas se habla en “The Painted Bird”, fotografiada en blanco y negro como para que no quede duda de la penumbra en la cual se hundió la humanidad durante los días aciagos de la última conflagración mundial.

Es conveniente traer a colación, mediante la fijeza de una obra de arte, lo que ocurre cuando se derrumban los valores de la civilización en un caos que parece no tener fin.

El niño recordará su nombre, olvidado durante su peregrinar, en la extraordinaria secuencia final de la película que explica, en buena medida, el por qué del abandono de sus padres.

Es sumamente improbable que el panorama lúgubre de “The Painted Bird”, se reproduzca en una crisis eventual de la democracia americana.

Twitter: @alejandroriostv. Correo: alejandrorios1952@gmail.com.

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