MDC, catedral de oportunidades, cumple 60 años
Esta es una efeméride gloriosa para nuestra comunidad, seis décadas de una institución educacional intachable, que ha tocado la vida de más de dos millones de personas.
Para los cubanos posee una doble significación porque su apertura coincide con el comienzo de una de las más prominentes comunidades de exiliados en Estados Unidos.
El más importante artífice de la institución, presidente emérito, Dr. Eduardo J. Padrón, ha explicado que cuando ninguna otra universidad le abría sus puertas, en aquellos primeros años de incertidumbre, Miami Dade College le dio la oportunidad de su vida y el resto, por supuesto, es historia.
Veintiséis años de esas fructíferas seis décadas tuve la suerte de laborar en el MDC, recién llegado de la debacle cubana. Nada mejor pudo haberme ocurrido para integrarme a una nueva vida, justo donde vibra lo mejor de Miami.
Mis hijos y numerosos miembros de la familia se han recibido en sus aulas para continuar profesiones y caminos de futuro y evolución.
He visto a la institución crecer física y espiritualmente, considerando que aquellos legendarios comienzos de los años 60 fueron en barracas habilitadas al efecto.
Sus ocho campus son hervideros, no solo de educación, sino de manifestaciones culturales sin las cuales esta sería una comunidad mediocre.
MDC me enseñó el poder de la democracia en acción y de su capacidad para abrir puertas de oportunidades. Disfruto la anécdota del balsero que llega y pregunta, a los pocos días, dónde está el College para aprender inglés, porque así se lo habían aconsejado antecesores de su accidentada trayectoria.
Haber escapado de una férrea dictadura, donde todo es tramitado mediante la represión ideológica, y ver comparecer, simplemente, a presidentes demócratas y republicanos, queriendo figurar en uno de los sitios donde se da cita la gran diversidad y riqueza de la nación americana, es un privilegio que me fue dado durante mis años de labor en el College.
Estos encuentros memorables con mandatarios americanos y líderes tan importantes como Gorbachov y Lech Walesa, entre otros de similar rango, siempre fueron atendidos cordialmente sin que la filiación política de los participantes se interpusiera.
Afortunadamente, Miami Dade College, con su reconocida política de puertas abiertas, a diferencia de otras universidades que excluyen porque seleccionan a sus educandos, ha mantenido también la misma apertura para las ideas.
Es difícil y complejo, sin embargo, que en una comunidad donde la mayoría de sus ciudadanos provienen de gobiernos despóticos, activistas intelectuales de la izquierda encuentren entre nosotros un terreno propicio para sus acostumbrados lavados de cerebro en centros de educación superior.
Entre otras profesiones de vital importancia, del College egresan casi todos los policías y enfermeras que, en estos momentos de trance social, han desempeñado un papel esencial en los frentes de protección, sin los cuales los vecindarios se vuelven invivibles, tanto por las revueltas como por la pandemia.
En el corazón de 60 años del College anida el proyecto supremo de esta gran nación. Tanto entre sus cientos de empleados, como entre los miles de estudiantes a los cuales sirven, sin interrupción, se manifiesta la civilidad y tolerancia que caracterizan a Estados Unidos.
Es en sus aulas, laboratorios, museos, teatros, feria del libro, festival de cine, galerías, donde ocurre ese sueño perpetuo de progreso, la voluntad de encontrar la felicidad que todos merecemos amparados por la justicia y la convivencia solidaria.
Los que pavimentaron el camino del Miami moderno, este lugar de mágica inclusividad y aquellos que ahora debemos proteger y acrecentar esas virtudes espirituales y urbanísticas, tenemos una deuda por siempre con Miami Dade College.
Felicidades, querido College, y que sigas iluminando nuestro futuro con sabiduría y encanto.
Twitter: @alejandroriostv. Correo: alejandrorios1952@gmail.com.