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Opinión

Nuevos parámetros de los Oscar abren la puerta a la doble moral

‘Dunkirk’, film bélico escrito y dirigido por Christopher Nolan.
‘Dunkirk’, film bélico escrito y dirigido por Christopher Nolan. Warner Bros/AP

Los términos boicot y cancelación están en su apogeo, sobre todo en la sagrada área de la cultura artística y literaria.

El venerable Metropolitan Museum of Art (Met), de Nueva York, visita obligada de las numerosas veces que he disfrutado la ciudad, celebra sus 150 años en medio de la desolación causada por la pandemia. La fiesta hubiera sido en grande, pues este es uno de los sitios más sabios e ilustrativos de la memoria y las novedades de la humanidad.

Una reseña que leí sobre el acontecimiento, sin embargo, la emprende contra la narrativa histórica del museo, como muy blanca y eurocentrista.

Es curioso, pues yo diría que sus salas de arte africano, asiático y del Medio Oriente, se encuentran entre las más irreprochables de la institución. Mis hijos, puedo atestiguar, aprendieron mucho sobre estos lugares fascinantes y su cultura, gracias a las muestras permanentes y temporales del museo.

Ni hablar de todas las secciones dedicadas a Egipto, China, Japón o India, donde figuran piezas ciertamente imponentes.

En aras de la llamada diversidad e inclusión, no se puede prescindir de nombres claves, sin los cuales no existiría la historia del arte, con toda su complejidad.

En estos momentos de supervivencia, cuando celebra siglo y medio, lo menos que necesita el Met es un regaño público para que cambie su trayectoria de éxitos. Resulta ridículo y extremista.

No es primera vez, por cierto, que la cultura occidental es sometida a este ambiente de culpabilidad, de cargo de conciencia, de poner en duda sus innegables logros a expensas de otras geografías. Estas furias luego se aplacan y, de sus cenizas, vuelven a emerger airosos Velázquez, Leonardo, Goya o Van Gogh, entre otros imprescindibles.

Como provengo de un país dañado por el totalitarismo, suelo sospechar de las revisiones atropelladas e ideológicas, sobre todo cuando ocurren para satisfacer un sector, supuestamente preterido, de la cultura.

En el Instituto Cubano del Libro, donde laboré algunos años de mi vida, los editores se veían obligados a sugerir títulos de poca monta pero que cumplieran parámetros convenientes para el régimen, como una antología de cuentos de Mongolia, país que no se caracteriza por el cultivo de tan importante género literario, o la colección de discursos selectos de Kim il-Sung.

Esta semana, la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas que concede el premio Oscar cada año, ha publicado una suerte de nuevas pautas de diversidad para sus selecciones de Mejor Película del año, comenzando en el 2024.

De acuerdo con estas regulaciones, como ha llamado la atención un comentario online, películas bélicas de “blancos”, tan importantes y necesarias como la reciente “1917” o “Dunkirk”, no serían consideradas por su falta de diversidad, pues “al menos uno de los actores protagónicos o de importancia secundaria tiene que provenir de un grupo racial o étnico subrepresentado”, apunta el documento de la Academia sobre el particular.

Otros de los por cuantos exigidos para las películas que deseen competir rayan en lo estrafalario. Además de actores provenientes de grupos poco representados, las historias deben “centrarse” en mujeres, personas LGTBQ o grupos raciales y étnicos inhabilitados físicamente. Treinta por ciento de los repartos deben estar integrados por actores de, al menos, dos o cuatro categorías subrepresentadas.

Exigencias similares se transfieren al equipo técnico de cada película, así como a productores y distribuidores, quienes deben proveer entrenamiento u oportunidades laborales a personas que provengan de los grupos ya mencionados.

Estos absurdos suelen abrir las puertas de la doble moral. Para cuando se entreguen los Oscars de la ceremonia número 96, las películas premiables incluirán personajes de los mencionados grupos subrepresentados, colocados estratégicamente por habilidosos guionistas y serán felices en los mundos imaginarios creados por Hollywood, donde todo es posible.

Twitter: @alejandroriostv. Correo: alejandrorios1952@gmail.com.

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