Explotar la muerte de la jueza Ginsburg tendrá consecuencias para Trump
Donald Trump espera que la muerte de la legendaria jueza del Tribunal Supremo Ruth Bader Ginsburg le resucite a él. Pero por si acaso no se produce el milagro político ha detonado la que se pronostica como “la madre de todas las batallas”.
Prepárense.
En el lecho de muerte, “RBG” —como era conocida la ilustre jurista— dictó a su nieta el último anhelo: “Mi deseo más ferviente es no ser sustituida hasta que un nuevo presidente asuma el poder”.
El testamento verbal refleja el idealismo que marcó su incansable defensa por la justicia y contra los abusos de poder. RBG solo ha pedido, a título póstumo, que una vez más se haga justicia: respetar el veredicto de los votantes y que sea el presidente elegido quien nombre a su relevo.
Parece razonable ¿verdad? Pues bien, Trump enseguida se burló de la última voluntad de la insigne difunta, lanzando en un programa de Fox el bulo de que “el último deseo” era un ardid demócrata y que su nieta había mentido. Es algo tan despreciable que no hay palabras en el diccionario para expresar las náuseas que produce.
Honrar la voluntad de un difunto es la mínima prueba de decencia que se puede esperar de un ser humano. Y violar esa voluntad por oportunismo político la mayor vileza.
La mayor hipocresía
Trump ha difamado la memoria de RGB con el fin de enmascarar el abuso de poder que él está cometiendo, ayudado por sus camaradas en el Senado, para llenar aprisa la vacante en la Corte Suprema, a solo 42 días para elegir nuevo presidente y cuando ya millones de ciudadanos están votando.
El colmo de la hipocresía es la violación que los republicanos están haciendo de sus propias reglas. En 2016 sabotearon al juez propuesto por Barack Obama bajo el falaz argumento de que “a solo nueve meses de la elección debía ser el próximo presidente” quien propusiera el relevo del difunto Antonin Scalia.
O sea nueve meses “no” cuando el nominado es de Obama, 40 días “sí” porque es un nominado de Trump. Puro fariseísmo de quienes además pregonan ser muy cristianos.
Toda esta farsa autoritaria es injusta por múltiples razones, pero ante todo porque en Estados Unidos, a diferencia de otros países, la Corte Suprema es la que moldea el destino de la sociedad. Sus dictámenes impactan la vida de 330 millones de personas por décadas.
Ahora Trump y sus cómplices en el Senado quieren imponer un destino político: consolidar el sesgo derechista de la Corte Suprema, con total desprecio de la voluntad popular, que se sabrá en breve, cuando se cuenten los votos de la elección presidencial.
¿Y si hubiera disputas en el conteo de votos, como ya está anticipando Trump con el fin de deslegitimar la elección por si él pierde? ¿Quién dirimiría el veredicto final? ¡El Tribunal Supremo!
Los jueces son la última esperanza de Trump. El mismo lo ha reconocido en los mítines. De ahí su empeño en que algunos le “deban” el puesto vitalicio, esperando que le paguen el favor cuando él se vea con el agua al cuello. Y no solamente el “cuello político”, porque si es derrotado en la elección, perdería la inmunidad que le protege de los casos criminales abiertos en varias fiscalías.
Salvarse de ese posible naufragio es el propósito de la actual y masiva guerra sucia.
Quizá RBG, en su virtuosa rectitud, no alcanzó a imaginar que su idealismo sería devorado por el canibalismo político republicano.
Devorado tan pronto ella cerrara los ojos. “Sin demora”, escribió Trump en un tuit urgiendo a sus cómplices del Senado que pusieran en marcha la maquinaria para sustituir a la jueza difunta antes del 3 de noviembre.
Cubrir las 200,000 muertes por coronavirus
Le urge tapar con una muerte las de más de 200,000 víctimas del coronavirus. Tapar su estrepitoso fracaso.
Y qué mejor tapadera, debe pensar, que hacer “ruido” mediático con la Corte Suprema para desviar la atención del COVID-19 hacia los temas que importan a sus seguidores: aborto, matrimonio gay, Obamacare, criticas a los inmigrantes, etc. Más dinamita a la divisiva guerra cultural que ha engrasado su ascenso político.
Cuenta además con otros dinamiteros, el principal de ellos Mitch McConnell, jefe de la mayoría republicana el Senado. Apenas una hora (¡una hora!) después de fallecer RBG, anunció que estaban listos para votar a quien Trump nomine. Y —al cierre de esta edición— todo indica que ha encontrado los votos necesarios.
Es particularmente insultante que unos senadores que representan a estados con bastante menos de la mitad de la población del país tomen decisiones que impacten la vida de todos. Ejemplo: los 40 millones de California tienen la misma representación que los 578,000 de Wyoming. Dos senadores en ambos casos.
Entre toda la incertidumbre y veneno político que se ha generado en el último tramo de la elección, particularmente a raíz de la muerte de RBG, hay cosas que pueden no tener vuelta atrás como es el nombramiento vitalicio de un juez al Supremo, pero hay otras cosas que sí: mayoría demócrata en el Senado, y Trump derrotado por Joe Biden, como muestran todas las encuestas.
En ese más que posible resultado, irónicamente Biden tendría que agradecer parte de su victoria a la actitud desplegada por Trump, porque la indignación es el mayor motivador para votar apasionadamente. En especial los más jóvenes saldrán de su apatía para honrar la memoria de su icono cultural: “Notorious RBG”.
Periodista y analista internacional. Twitter: @TownsendRosa.
Esta historia fue publicada originalmente el 23 de septiembre de 2020, 5:00 a. m..