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Opinión

La izquierda fastidiosa e incivilizada está a punto de tocar nuestras puertas

La policía usa gas pimienta para controlar un grupo de manifestantes que exigían el fin de la brutalidad policial hacia los negros, el miércoles 23 de septiembre de 2020, en Portland, Oregon. La manifestantes previamente lanzaron bombas molotov a los agentes.
La policía usa gas pimienta para controlar un grupo de manifestantes que exigían el fin de la brutalidad policial hacia los negros, el miércoles 23 de septiembre de 2020, en Portland, Oregon. La manifestantes previamente lanzaron bombas molotov a los agentes. AP

A propósito del estreno de la nueva versión de “Mulán” es sabido, que, a pesar de los esfuerzos de Disney por complacer a los funcionarios comunistas chinos, luego de que fueran reprendidos por producir películas donde figura el Tibet y el Dalai Lama, ahora tampoco se han sentido satisfechos, la consideran muy hollywoodense.

El ataque a la superproducción, sin embargo, no solo proviene de ultramar sino de la propia prensa de Estados Unidos, porque resulta que, en los créditos finales del filme, hay un agradecimiento a las autoridades de la región donde China reprime con saña a la población de origen musulmán.

Es bueno que Disney aprenda, de una vez y por todas, lo difícil y complejo de satisfacer a la izquierda, que ya no solo es pedigüeña y propensa a vivir del trabajo ajeno, sino que hasta en Estados Unidos, emporio de democracia, se ha dado a la amenaza y la agresión, si no logra sus prebendas, por muy absurdas que parezcan.

Intelectuales desfasados

Uno escucha perplejo las declaraciones políticas del notable lingüista Noam Chomsky, quien se considera un libertario socialista, o del ya fallecido periodista Saúl Landau, a quien Ricardo Alarcón considera “un combatiente real, sin ninguna otra arma que su talento e integridad intelectual”, y parecía que estaban desfasados en un mundo que vio derribarse, con regocijo, el llamado socialismo real en Europa. Por cierto, estos pensadores han sido elogiosos de la dictadura cubana.

La combatividad de ambos residía, civilizadamente, en sus ideas, no era cuestión de atacar con violencia el sistema capitalista que les permitía desarrollar tanto antagonismo intelectual.

Ninguno abogó por coartar ideas u obligar a los demás a pensar como ellos.

La izquierda, sin embargo, es propensa a saltarse esa frontera de civilidad, pero necesita la superstición de una utopía que, como ha demostrado con creces la historia, ha sido el camino social más expedito para llegar a la dictadura.

Cuba ha sufrido esa izquierda fastidiosa donde hay que comulgar con la ideología del régimen, so pena de ser duramente castigado. Sobran los ejemplos, y el país simula hoy un muladar sin pies ni cabezas, donde sus ciudadanos deambulan como zombis en busca del sustento más apremiante, lo cual frena la exploración de otras fronteras humanamente merecidas, como la libertad.

Lo bueno de la izquierda, cuando es experimento social sin alternativas, y no filosofía individual en un país donde se respeta la libertad de expresión, es su contubernio con el fracaso. Irremediablemente sus excesivos disparates no proceden y perecen, por ser esencialmente contra natura, aunque esa disipación les parezca a las víctimas que toma mucho tiempo para que acontezca.

Recientemente el alma mater de la prensa liberal de Estados Unidos publicó un artículo con el siguiente subtítulo: “Las protestas se están moviendo a los vecindarios blancos, donde los activistas demandan que la gente escoja un bando”.

Protesta en los suburbios

En la misma información se da cuenta de cómo Terrance Moses observaba una protesta pasar frente a su casa en un suburbio tranquilo de Portland, Oregón, cuando de pronto algunos participantes pararon abruptamente frente al hogar de su vecino para increparles sobre la bandera americana que ondeaba en el patio.

Relata Moses, quien es negro y dirige un grupo sin fines de lucro en su área dedicado a la atención de los desamparados, que escuchó como los manifestantes le exigieron a su vecino que arreara la bandera o le darían fuego a la casa.

Otras manifestaciones andan con megáfonos instando a las personas a que salgan de sus viviendas a la calle para demostrar su apoyo obligado.

Hay almuerzos y cenas en restaurantes que son violentamente interrumpidos para aquellos que no eleven el puño de solidaridad con los manifestantes.

La historia que refiere el periódico es más larga y tenebrosa. La izquierda fastidiosa e incivilizada, una visión inconcebible en Norteamérica, está a punto de tocar a nuestras puertas.

Twitter: @alejandroriostv. Correo: alejandrorios1952@gmail.com.

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