¿Por qué debe votar ‘Sí’ por la Enmienda 2 y el aumento del salario mínimo en Florida? | Opinión
Llegó la tecnología 5G y ya la demanda de nuevos teléfonos y equipos es evidente. Excelente para los negocios pero pésimo para el consumidor, quien debe subsistir con un salario que crece muy poco.
Sucede que los equipos que tenían la tecnología previa 4G, misteriosamente empiezan a fallar, se hacen más lentos y menos productivos. En consecuencia, en vista de que actualmente todo es cada vez más “virtual”, la velocidad en alcanzar y mantener los objetivos online, es fundamental.
Para el consumidor de audios y videos en las redes sociales es básico tener un rápido y claro acceso a las páginas requeridas. Y para las tiendas virtuales es imprescindible alcanzar velozmente todos los segmentos de la población, principalmente aquellos que probablemente sean los mayores compradores.
Entendemos que los negocios y la sociedad de consumo funcionan de esa forma, solo que visualizamos en el mediano plazo que la calidad de vida no será la misma para aquellos que no pueden adquirir los nuevos bienes y servicios que la facilitan.
Es comprensible que muchos pequeños comerciantes apelen a estrategias para garantizarse un ingreso mensual estable que les permita cumplir con sus compromisos. Es así como por ejemplo, siempre ha existido el conocido “secreto profesional”, cuando un técnico te cambia una pieza y te instala otra defectuosa para que lo vuelvas a llamar. O te arregla una pieza y te daña otra.
Desde luego, esto ha originado que en nuestra sociedad de consumo las cosas no se reparen sino que se compran nuevas. Y para evitar los “defectos” entonces floreció otro negocio: las garantías.
Lógicamente, también existe la sagacidad comercial, donde muchos habilidosos logran ingresos extraordinarios, aunque siempre el consumidor termina perdiendo. Por ejemplo, se conoce el caso de alguien que rifó un caballo muerto, para lo cual vendió 500 papeletas a $10 cada uno. Cuando el ganador se enteró de la muerte del caballo, solo recibió su reintegro de $10 mientras el vendedor ganó $4,990.
O el otro sonado caso sobre un individuo que publicó un anuncio en el periódico prometiendo que por $1, el interesado recibiría a vuelta de correo el secreto para ganar un millón. El creativo recibió miles de solicitudes, a las cuales respondió con una postal que rezaba, “Si quieres ganar un millón de dólares, haz lo mismo que hice yo, publica un anuncio similar”.
De más está decir que muchos de estos trucos son “cuentos de camino”, aunque se conciben como posibles y hasta legales. La verdadera interrogante es cómo resuelven los consumidores, que devengan un salario de $8.46 por hora en la Florida, para enfrentar todas las tretas, además del exorbitante costo de las rentas, en conjunto con los gastos de medicinas y alimentos, así como el transporte y sus derivados (léase peajes, camaritas y parquímetros).
En particular, el caso de los adelantos tecnológicos es bien interesante. Muchos se compran un auto nuevo para aparentar, aunque no tengan donde vivir. En el caso de los celulares ocurre algo parecido, hay que estar en lo último aunque no se pueda. Total, existe el crédito.
Sucede que la mayoría de productos de consumo masivo que involucran tecnología, vienen con una vida limitada, o sea después de cierto tiempo, hasta dejan de funcionar. Tampoco podemos exigir que nuestras compras duren toda la vida, pero al menos sí podemos exigir un tiempo determinado y proponer que si el plazo no se cumple, una proporción del costo original sea utilizado como cuota inicial para adquirir un nuevo equipo. En este punto se requerirá de verdadera vocación de servicio a la comunidad por parte de nuestros políticos.
Comprendemos que para que una corporación crezca, deberá incrementar las inversiones y la cantidad de accionistas. Y para que esto ocurra, los dividendos que se reparten a los accionistas en el ejercicio fiscal, no solo deberán ser atractivos sino que deben crecer también. Evidentemente, si los productos que fabrica dicha corporación tienen una vida útil muy larga, las ventas disminuyen y con ello las ganancias de la empresa.
Por eso es que vemos que todos los productos realmente tienen una fecha de caducidad, hasta los medicamentos.
Y en el caso tecnológico sucede algo particular. En muchas ocasiones las innovaciones ya son conocidas; sin embargo, el último descubrimiento probablemente no sea el fabricado, sino el anterior. Eso garantiza su reemplazo en corto tiempo.
Y la pregunta que se formula la mayoría permanece, ¿cómo hace el consumidor para enfrentar todos los costos que crecen con un salario que no lo hace?
Por eso es que en la Florida el 3 de noviembre, el elector debe votar por el “SI” en la Enmienda #2, que propone un aumento del salario mínimo de $15 por hora para el año 2026.
Economista y periodista. Twitter: @DeYURRE.
Esta historia fue publicada originalmente el 24 de octubre de 2020 a las 2:42 p. m..