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Opinión

La mítica actriz cubana Mequi Herrera | Opinión

La gran actriz y amiga Mequi Herrera no hubiera querido que este tributo pareciera un obituario. Voy a recordarla como si mañana leyera esta columna y luego recibiera su llamada para comentarla.

Cuando llegó temprano al exilio colgó sus hábitos excelsos de actriz y se reinventó en otra profesión, donde también dejó su huella de excelencia.

La gloria de aquel pasado artístico no le entorpeció el ansia de aprovechar el tiempo perdido, durante la desafortunada temporada en dictadura, donde sufriera consuetudinarias detenciones policiales de advertencia por sus osadas opiniones.

En el primer programa de televisión La Mirada Indiscreta que hicimos, año 2007, cuando apareció una copia de la película “En días como estos”, dirigida por Jorge Fraga en 1964, Mequi refirió una de aquellas ocasiones, cuando comenzó a caer en desgracia. Ya no toleraba el maltrato a sus congéneres y durante cierta conferencia, había tomado a José Llanusa, Ministro de Educación, por una manga, para que le hiciera caso y no desvirtuara sus quejas. Luego la recordarían como la actriz que se atrevió a sacudir a un miembro de la nomenclatura, lo cual, por supuesto, terminó con su carrera en el teatro.

Jorge Fraga le preguntó a Roberto Fandiño si conocía a alguna actriz joven que pudiera interpretar el protagónico de la maestra voluntaria y él le recomendó, enseguida, a Mequi, “alumna brillante de la Academia de Arte Dramático”.

Sin terminar sus estudios, la legendaria directora de teatro Cuqui Ponce de León la invita a formar parte del grupo Rita Montaner, donde desarrolló una exitosa carrera en giras por toda la isla.

José Tabío, el reconocido fotógrafo, habló de la luz en los ojos deslumbrantes de Mequí y de cómo era actriz de una sola toma, todo un elogio para una principiante en el cine.

Mequi compartió con Miriam Gómez, actriz y esposa de Guillermo Cabrera Infante, un apartamento en El Vedado y alguna vez me contó, divertida, cómo, literalmente, paraban el tráfico cuando salían juntas, aquellas cubanas de excepcional belleza.

No presumía de su mitología, pero de vez en cuando soltaba alguna de esas anécdotas, sin melancolía, ni nostalgia. En La Habana de su juventud disfrutó la vida que eligió, con toda la intensidad y pasión posibles.

Cuando fue a Karlovy Vary para presentar “En días como estos”, que había sido censurada en Cuba, le llamó la atención la imagen hermosa de una valla en la calle, sin haberse dado cuenta, al principio, que era su propia foto anunciando la película.

Si planeábamos intercambiar un libro o DVD, Mequi era usualmente conducida al Miami Dade College del downtown, donde yo trabajaba, por su diligente y esencial amiga Annie, y entonces echábamos esas parrafadas que eran todo un mutuo deleite.

Nada humano le era ajeno. Sus ojos inquisitivos hablaban tanto como sus comentarios sabios, de profunda experiencia y buen humor.

Era de un altruismo a la antigua, de lo cual no presumía. Si una amistad enferma grave la necesitaba en Canadá, allá volaba, sin pensarlo. Si otras amigas requerían un motor para circular el agua en la maltrecha Habana, se las ingeniaba para solucionarle la carencia.

Odiaba la deslealtad y la hipocresía, porque era muy justa y directa.

Sus llamadas telefónicas eran constantemente importunadas por insólitas mascotas, unas avecillas que volaban dentro de su apartamento en total libertad.

En el año 2017 me honró, otra vez, en La Mirada Indiscreta para repasar su vida artística. Al comienzo, la sentí algo insegura, le preocupaba olvidar nombres y anécdotas.

Presentamos fotos de su carrera gloriosa en la televisión y en el teatro, además de fragmentos de “En días como estos” y “El final”, de Fausto Canel, lo cual hizo que volviera a iluminarse con la agudeza que la caracterizaba.

Cuando el programa salió al aire se interesó por saber cómo había funcionado con los televidentes porque los fanáticos ya le habían dicho que se alegraban de haberla visto.

Es difícil pensar que ya no nos levantará el ánimo con tanto optimismo y amor por la vida.

Su amiga entrañable, Miriam Gómez, piensa que las cenizas de Mequi habrá que esparcirlas en un árbol bien bello, donde revoloteen muchos pájaros.

Siga a Alejandro Ríos en Twitter: @alejandroriostv. Correo: alejandrorios1952@gmail.com.

Alejandro Rios
Alejandro Rios


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