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Las vacunas del COVID, un delicado balance entre la salud y el negocio | Opinión

Environmental Service Worker Armando Acosta receives the Pfizer BioNTech COVID-19 Vaccine at Jackson Memorial Hospital in Miami, Florida on Tuesday, December 15, 2020.
Environmental Service Worker Armando Acosta receives the Pfizer BioNTech COVID-19 Vaccine at Jackson Memorial Hospital in Miami, Florida on Tuesday, December 15, 2020. mocner@miamiherald.com

Desarrollar una vacuna contra el COVID-19 no solo es prestigioso para cualquier país, también resultará en el negocio más lucrativo de la historia para muchos sectores que buscarán su parte del pastel en una población cercana a los 7,800 millones de seres humanos.

El 18 de octubre de 2019 se realizó el evento “201” en el Johns Hopkins Center for Health Security en Nueva York, el cual fue patrocinado adicionalmente por el Foro Económico Mundial y por la Fundación Bill y Melinda Gates. Este evento mediático profusamente difundido, consistió en un simulacro de Coronavirus sobre lo que sucedería si ese caso hipotético llegaba a ocurrir.

Aunque en ese evento imaginario la pandemia se expande a partir de los cerdos del Brasil, actualmente el mundo entero en la realidad padece las devastadoras consecuencias de este flagelo. El mismo contó con la activa participación de importantes “jugadores” como fueron llamados. Además de la Sociedad China de Biotecnología y el laboratorio Johnson & Johnson, también intervinieron organismos públicos y privados trascendentales, tales como la ONU, el Center for Disease Control (CDC), varias universidades, Bancos, Hoteles, Líneas Aéreas y el líder en entregas UPS.

El resultado del evento arrojó un panorama sombrío con 65 millones de fallecidos y una reconstrucción que requería del esfuerzo de todos y una inversión multimillonaria considerable. Afortunadamente, los fallecidos que hemos tenido son por el orden de los 1.7 millones de personas. Pero respecto a la revitalización de la economía, el impacto en los negocios sería de una magnitud tal, que muchos sectores se verían altamente beneficiados en el mediano plazo, lo que haría crecer las inversiones a granel dinamizando así la economía.

Desde luego, el carácter geopolítico no se puede obviar; en efecto, algunos países han querido ser los primeros en desarrollar una vacuna antipandemia como una prueba del avance científico en sus naciones.

Por ejemplo, a principios de agosto Rusia lanzó su vacuna Sputnik V, después de haberla probado en solo 76 personas. Una semana después, China desarrolló su vacuna Ad5-nCoV, manufacturada por el Instituto de Biotecnología de Pekín y la Biofarmacéutica CanSino Biologics. Unos 29 proyectos de vacuna se establecieron desde agosto, aunque solo seis alcanzaron la fase III de experimentación masiva. Entre los proyectos latinoamericanos se consideraban entonces vacunas propias de México, Argentina, Brasil y Perú.

En el mundo entero hay cinco laboratorios estadounidenses, tres chinos, uno britanico, uno canadiense, un holandés y un austriaco, todos trabajando en ese proyecto. De ellos, los norteamericanos Pfizer y Moderna y el británico AstraZeneca-Oxford, son los únicos en el mercado occidental, aunque el también estadounidense Novavax ya vendió 10.7 millones de dosis a Nueva Zelanda y el conocido Johnson & Johnson espera su aprobación federal en febrero de 2021. Pfizer se vende a $24.40 la dosis completa, Moderna a $37.82 y AstraZeneca-Oxford a $3.66.

Como en todo, también con las vacunas funciona el marketing. Pfizer y Moderna requieren de dos dosis, pero la primera exige una temperatura de -72 Grados F, mientras Moderna solo -20. Johnson & Johnson promete una sola dosis, lo que sería una ventaja.

A nivel global se puede presentar un grave problema. Los países más poderosos pudieran presionar para recibir mayor cantidad de dosis en primer lugar, en perjuicio de los más pobres.

Mientras mucho se conoce de los países miembros de la OTAN, poco se sabe de las vacunas del mundo comunista, como regularmente suele acontecer en esos regímenes dictatoriales. Los rusos dicen que su vacuna cuesta $20 y que podrá estar a temperatura ambiente. Los chinos dicen que la suya es la única clásica, inactivada, o sea no utilizó manipulación genética.

Pero al final se repite la historia; los rusos fueron los primeros en orbitar la Tierra con su cosmonauta Yuri Gagarin, pero los americanos le ganaron la carrera espacial cuando fueron los primeros en pisar la Luna.

Lo cierto de todo es que muchos pretenden tener un pedazo de ese pastel, por ejemplo, Moderna ha visto subir sus acciones un 750% desde enero. Y lo mismo puede ocurrir en varios sectores como la Banca, Transporte y Servicios Múltiples.

Y si la vacuna se convierte en una protección anual como la influenza, entonces el negocio perdurará por siempre.

Benjamín F. DeYurre es un economista y periodista. Twitter: @DeYURRE.

Benjamín F. DeYurre
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