Políticos distantes de las necesidades de la nación | Opinión
Aquí van algunas desilusiones políticas nacionales que vale la pena subrayar, aunque no impidan las celebraciones que recién comienzan esta semana y suelen extenderse hasta el Día de los Reyes Magos, que es el 6 de enero del próximo año.
En su torpeza y oportunismo ideológico la revista “Times” elige como “persona del año” a dos políticos de carrera y olvida que los héroes de la jornada están batallando con la vida y la muerte en nuestros hospitales, como médicos, enfermeros, asistentes y todo el personal que hace posible el funcionamiento del gran aparato de salud que bendice a Estados Unidos.
Y luego de muchas desavenencias, el Congreso decide una nueva ayuda monetaria para todos los americanos que están lidiando con la pandemia, mediante una entereza y compromiso pocas veces visto en la historia. De nuevo la cifra aprobada se reduce a $600, cantidad que no posee mucha explicación y sentido común.
El texto de la ley sobrepasa las 5,000 páginas, los legisladores no cuentan ni con 24 horas para repasarlas y, en voto mayoritario, la aprueban.
Luego el presidente de la nación la para en seco, cuando se descubre la cantidad de organizaciones, países y emigrantes ilegales que han sido marcados para recibir millones de dólares de una ayuda perteneciente al americano común quien padece, en silencio, y trabaja para que la economía no se vuelva a detener.
Al parecer hemos olvidado la incertidumbre de la escasez inmediata de productos necesarios que provocó la pandemia en un comienzo, cuando no se podía ni calcular el daño material y las muertes que ocasionaría.
La clase política sigue distante, indiferente, y le vuelve a fallar a quienes producen los bienes de la primera economía del mundo.
No existe un país más generoso que Estados Unidos, pero en este momento crucial, cuando los noticieros de televisión presentan a miles de familias en largas filas para recibir comida o tarjetas de efectivo, y de tal modo poder satisfacer las cenas de las festividades recién comenzadas, es hora de pensar en los contribuyentes que, con sus cuantiosos impuestos, hacen posible las maniobras o malversaciones de la clase política.
Los dineros no pueden ser desviados a organizaciones culturales ahora mismo cerradas o a naciones que están por demostrar su lealtad o agradecimiento por los americanos.
Provengo de un país, como la isla de Cuba, donde la claque gobernante disfruta de bienes para celebrar sus fiestas en lo que la población se desgasta tratando de encontrar un magro pedazo de carne de puerco que mitigue sus ansias de conmemoración, coartadas desde hace décadas por una ideología cruel y atea.
Los cubanos, con raras excepciones, han aceptado el yugo que los mantiene en el miedo y la ignominia. Tuvieron que esperar por la generosidad de un Papa anticomunista, en 1998, para que la dictadura les restaurara las Navidades mediatizadas y hasta ahora la siguen soportando de tal modo.
El castrismo sabe que la indigencia y la escasez amedrentan las ansias de independencia. Es una fórmula que no les ha fallado.
Por supuesto nada comparable a lo que pudiera ser una necesidad perentoria en Estados Unidos durante estos meses que han sido complejos y difíciles, por razones ajenas a la voluntad de todos.
En los mercados, mis congéneres ajustan sus billeteras y compran las vituallas que completarán sus cenas. Las calles de Westchester no han dejado de engalanarse con los adornos de las Navidades, como para que la pandemia y los políticos en Washington sepan que, en libertad, somos invencibles.
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