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‘Una noche en Miami’ especula sobre el racismo | Opinión

El MDC’s Tower Theater Miami continúa proyectando ‘One Night in Miami...’ (2020).
El MDC’s Tower Theater Miami continúa proyectando ‘One Night in Miami...’ (2020).

El regreso a las salas de cine se produce con cautela y no es para menos, luego de los estragos causados por la insospechada pandemia.

El Teatro Tower, del Miami Dade College, con sus dos espacios pequeños y acogedores, además de suscribir todos los protocolos de higiene y salud que dicta la llamada nueva normalidad, es el lugar más conveniente para comenzar a disfrutar el séptimo arte en su máxima expresión.

Esta semana se presenta una película que retoma ciertas circunstancias sobre el racismo en Estados Unidos, contada por cuatro importantes figuras del deporte, las artes y la política, quienes se dieron cita en un hotel de Miami, el 25 de febrero de 1964, luego de la victoria del boxeador Cassius Clay sobre Sonny Liston.

“One Night in Miami”, es el primer largometraje de la actriz y directora Regina King, basado en la obra teatral homónima de Kemp Powers, quien se ha ocupado también del guion.

En el hotel Hampton House, de nuestra ciudad, se dan cita Cassius Clay, el compositor y cantante Sam Cooke, el atleta de fútbol americano y actor Jim Brown, junto al activista político Malcolm X.

Lo que algunos del grupo presumían sería una fiesta para celebrar el éxito de Clay, deviene el pase de cuenta de Malcolm X a sus congéneres, por mantenerse en “la cerca” con respecto a la lucha por los derechos civiles de los negros americanos.

Cada personaje tiene su preámbulo biográfico contextual, relativo al racismo, fuera de la habitación donde luego acontece casi todo el filme.

Malcolm X está a punto de abandonar la llamada Nation of Islam, para crear una organización propia, pero antes quiere garantizar, de modo oportunista, la conversión al islam del joven boxeador.

Cooke es dueño de sus grabaciones, ha creado un sustancial emporio de música y Jim Brown, luego de exitosa carrera en el deporte, donde dejó récords históricos, ha dado un primer paso para convertirse en estrella cinematográfica.

Es paradójico que una directora acometa este argumento sustancialmente masculino, de sesgo machista, donde los personajes femeninos son poco menos que figuras decorativas, considerando las limitaciones impuestas por la propia industria, luego de las revueltas raciales y de otro tipo, como el movimiento llamado “me too”, padecidas el pasado año.

No deja de ser interesante, sin embargo, que la película no solo especule con la temporada de cambios históricos que se avecinaba, por entonces, y su actual vigencia, sino mediante otras sutilezas que complejizan y profundizan las circunstancias del racismo en la población negra de Estados Unidos.

Jim Brown le dice a Malcolm X que él no pudiera convertirse al islamismo porque le encantan las costillas de cerdo que cocina la abuela, y siente debilidad por las mujeres blancas, para luego recordarle como entre ellos pervive el racismo de las tonalidades de la piel. Él lo ha sufrido más por ser negro, mientras el color mulato del político lo ha eximido de ese violento rigor.

Hay un enfrentamiento tácito entre el impudor de la doctrina política, que extiende su perturbadora intromisión en la experiencia individual, y el libre albedrío.

Malcolm X no se explica por qué Bob Dylan hace canciones comprometidas y Cooke no y califica al cantante negro, conocido como el inventor del soul, como un “mono” bailando al son del organillero blanco.

Brown le responde que “la libertad económica es la más importante de las libertades” y Cooke la había logrado.

El excelente reparto de “One Night in Miami” y la dirección atinada de King, la despojan de la carga pesada que implica el diálogo teatral de la pieza original.

En resumen, la política sale mal parada cuando no sirve los propósitos de un cambio verdadero, para todos, y tanto el deporte como el arte, trascienden generaciones en su misteriosa vocación de hacernos mejores personas.

Siga a Alejandro Ríos en Twitter: @alejandroriostv. Correo: alejandrorios1952@gmail.com.

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