El naufragio cubano, es como una guerra civil | Opinión
Las dictaduras totalitarias se atribuyen la facultad de intervenir directamente en nuestros destinos, se abren paso en la intimidad del hogar.
Estados Unidos, el modelo de economía y sociedad que tratábamos de emular y terminó dejando tantas huellas favorecedoras en la nación, a la llegada de las huestes verde olivo en 1959, se transmutó en enemigo y la cultura general enrumbó por otros fueros.
La aspiración al confort y la consolidación de una poderosa clase media fue abruptamente cancelada en aras de la llamada igualdad y justicia social, de un universo utópico que luego se transfiguró en dictadura.
El aberrado laboratorio castrista comenzó a funcionar desde el primer día. La otrora provechosa cercanía americana se trocó en agónica distancia eslava.
De pronto, los intelectuales cómplices, quienes siempre han sido numerosos, comenzaron a hurgar en la historia para encontrar nuestros nexos con rusos, checos, alemanes y polacos, entre otras nacionalidades del “campo socialista”, al cual nos incorporamos presurosos, sin la posibilidad de disentir.
El castrismo, que sigue siendo un decadente sistema, improductivo, siempre dependiente de la ayuda foránea, es ducho en estas lides. Había que dejar de ser quienes históricamente habíamos sido para mantenerlos en el poder absoluto, la narrativa era reescrita, sin pudor.
Al cabo de los años, aquellas culturas europeas apenas han dejado rastros materiales notables en la isla. Si acaso el espantoso bunker que ahora alberga a la embajada rusa y desluce la sofisticada arquitectura de Miramar.
Hay documentales que atestiguan, sin embargo, la existencia de una exigua población integrada por descendientes de las uniones matrimoniales cubano rusas, principalmente, derivada de los numerosos becados criollos que terminaron estudiando en territorios del “imperio del mal”.
Los vínculos con los países de nuestro traspatio siempre han estado sujetos a los vaivenes de la política. Algunos años fuimos, incluso, afines a las culturas autóctonas andinas. El son se puso a un lado, cuando el mundo bailaba salsa, y a nosotros, perplejos, nos encandiló la ajena cueca.
Ser deudor de la cultura africana me parece una circunstancia más verosímil que la hermandad latinoamericana, tan amplia, diversa y políticamente manipulada.
Fueron las aventuras de intervenciones militares en África del castrismo, sin embargo, las que renovaron nuestros votos con los ancestros negros.
Pocos dirigentes de tal color se han desempeñado en la nomenclatura blanca y racista de la isla, las cárceles están copadas por personas negras, y siguen siendo objeto de descrédito cuando discrepan de la ideología del régimen.
El dictador Fidel Castro le llegó a preguntar a uno de los integrantes negros de la Brigada 2506, luego de ser apresado en Playa Girón: “¿Tú qué haces aquí?”, como si su libertad debiera agradecérsela a quien se la privara desde 1959.
Cuba ha terminado siendo un aquelarre sin solución a la vista. No hay país que soporte, impertérrito, 62 años de desprogramación y tergiversación de los valores sociales de una joven república que apuntaba a la modernidad y el éxito con notable rapidez, luego de devastadoras guerras de independencia.
Será una empresa difícil y compleja volver a tejer los hilos de la prosperidad y el orden. Desde temprano hubo personas de bien tratando de impedir, sin éxito, el afianzamiento del crimen y la impunidad. Cada intento ha sufrido la más cruel represión de sus propios congéneres. Es una suerte de guerra civil, larga y devastadora, aceptada con resignación.
Ahora son un grupo de jóvenes afrontando físicamente la maldad, en lo que el resto de la sociedad sigue distante y desinformada de los acontecimientos. Apenas unas pocas madres sacando la cara por sus vástagos humillados como delincuentes en los medios de prensa del régimen.
Estos intrépidos jóvenes artistas reciben nuestra solidaridad en los medios sociales, mientras otros les alertan, en mensajes privados, que no deben dejarse manipular por el enemigo.
Mucho del apoyo que se genera en la isla viene precedido de una absurda salvedad, dictada por el miedo: “Esta persona que ahora sufre pública ignominia es un gran director de cine, aunque no compartamos la misma forma de pensar”.
El naufragio cubano es una lamentable certidumbre, donde la libertad ha sido apocada y la insolidaridad se ha vuelto una forma de vida.
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Esta historia fue publicada originalmente el 4 de febrero de 2021, 1:59 p. m..