La película ‘Queridos camaradas’ expone los horrores del comunismo soviético | Opinión
La película “Dear Comrades!”, del veterano director ruso Andrei Konchalovsky, no se anda por las ramas para explicar la trágica improcedencia de la sociedad comunista.
La protagonista Lyuda, es una funcionaria del partido en la localidad de Novocherkassk, quien aparece al principio cometiendo adulterio con otro dirigente de la organización.
En la ciudad solo se habla del alza de los precios en productos alimenticios, de pura supervivencia, y los bajos salarios, mientras los adláteres del régimen tratan de convencer a la población de las bonanzas socialistas.
Debido a su condición de militante, la protagonista puede evitar la turba que se aglomera desesperada frente a la tienda de víveres. Por la puerta de atrás le despachan hasta productos exclusivos que no llegarán a los simples proletarios, como barras de chocolate y bebidas alcohólicas de Hungría.
A cambio, Lyuda le promete a la empleada alguna elusiva ropa interior femenina. Sin embargo, cuando la tendera se atreve a preguntarle a la dirigente sobre la inquietante situación social, recibe un regaño fulminante “ustedes contribuyen al malestar regando falsos rumores”.
Lyuda se ocupa de su padre, veterano de la gran guerra patria, frustrado, sin esperanzas, de amargos comentarios y recuerdos, así como de una joven hija, donde anida la rebelión, tan cara a las dictaduras totalitarias.
Este preámbulo estremecedor, de seres sometidos, sin libertad, filmado en blanco y negro en una pantalla totalmente cuadrada, claustrofóbica, ni siquiera anuncia el horror que sobrevendrá.
El conflictivo contexto donde Konchalovsky, a sus 83 años, coloca a tan atribulados personajes es Novocherkassk, en junio de 1962, cuando los obreros de una planta de locomotoras eléctricas deciden, valientemente, desafiar el falso discurso oficial de bienestar para ir a la huelga, luego de asaltar, desarmados, las oficinas locales del partido.
Los acontecimientos se precipitan, llegan de Moscú jerarcas como el tristemente célebre Anastas Mikoyan, quien aboga por impedir el movimiento obrero con tanques y fusiles.
Es el mismo Mikoyan, hábil sobreviviente de varias dictaduras soviéticas quien, dos años antes (1960), se presentaba, junto al dictador Fidel Castro, para dejar inaugurada la Exposición Soviética en el Palacio de Bellas Artes, mientras el corazón de La Habana se estremecía con un grupo de valientes jóvenes cubanos opuestos a la intervención rusa, que eran violentamente reprimidos, por la policía y el ejército castristas.
Konchalovsky presenta gráficamente la matanza a manos de militares y francotiradores de la KGB. Lyuda, la acérrima comunista, descubre que su hija ha desaparecido en medio de la turbulencia, circunstancia que le irá cambiando su manera de interpretar la realidad, aunque no pueda evitar el terror que le causa la violencia por la cual abogara en un principio.
Los muertos son enterrados en tumbas secretas, la sangre seca, en las calles, que no se limpia con mangueras de agua a presión, es cubierta por capas de asfalto.
Ante el temor de que la huelga se repita en otros sitios, los acontecimientos son escondidos y solo en 1992 el gobierno ruso reconoce a las víctimas de la matanza y revela quienes la perpetraron.
Los participantes que no murieron durante las protestas son buscados minuciosamente por la policía secreta, quien ya los fotografiaba durante las manifestaciones.
Hay veteranos, en la película, que añoran el regreso de los tenebrosos tiempos de Stalin, donde, según ellos, algo así no hubiera ocurrido, ignorando sus millones de víctimas.
Otros defienden el 20 congreso del partido donde Nikita Kruschov reveló públicamente los desmanes de su antecesor.
Ambos dictadores y los que sobrevinieron después en la afligida historia rusa contemporánea, nunca se reformaron realmente porque no está en la naturaleza del totalitarismo.
Hablar de enmendar un sistema tan siniestro solo anida en quimeras izquierdistas de la política y la academia de Occidente.
“Dear Comrades!”, refiere uno de los tantos capítulos criminales del comunismo, oculto hasta pocos años después que Rusia alcanzara su libertad. Ya la película figura en la primera lista de las nominaciones para los premios Oscar en la categoría internacional.
Ahora que la izquierda experimenta un inquietante renacer en el mundo civilizado que ha sufrido sus infortunios, la epopeya de Konchalovsky nos recuerda que la falta de libertad figura entre las más graves de las afrentas.
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Esta historia fue publicada originalmente el 11 de febrero de 2021, 3:30 p. m..