Cuatro minutos en televisión dan falsa recomendación de empoderamiento | Opinión
Me honra haber trabajado casi por 30 años en Miami Dade College, donde aprendí que el camino seguro para acceder a una vida de bienestar, sobre todo entre integrantes de las llamadas minorías, es el estudio.
Recuerdo los eventos de extensión educacional del College en las comunidades negras de la ciudad para alentar este camino y evitar, entre otras circunstancias negativas del empobrecimiento, la crisis de embarazo precoz que conspira, sin duda, contra cualquier aspiración de progreso de las adolescentes y jóvenes.
El College recibe frecuentes visitas de celebridades musicales de la cultura negra que abogan por el estudio, aunque ellos mismos no hubieran contado con esa oportunidad.
Es un trabajo arduo y sistemático que ha rendido frutos notables. Figura entre las instituciones que más estudiantes de origen negro e hispano gradúa en Estados Unidos.
“Empoderamiento” es una palabra que la labor ingente del College incorporó a mi vocabulario. “Adquisición de poder e independencia por parte de un grupo social desfavorecido para mejorar su situación”, así define uno de los diccionarios consultados el término que en Estados Unidos es sumamente respetado por su alcance y significación.
Las nuevas generaciones no encuentran a sus líderes de opinión en la clase política. Actualmente, los conocidos influencers, de los medios sociales, suelen marcar la pauta de futuros anhelos. Afortunadamente, estos famosos se expresan con discursos de inclusión y esperanza, abogan por el desarrollo personal y el estudio.
El universo de la música popular sigue marcando pautas también a la hora de definir ejemplos de comportamiento, lenguaje, vestuario y otras maneras de expresión social.
Hay géneros musicales irresponsables que abogan por la rebeldía, a veces rayana en la violencia, el consumo de drogas o bebidas alcohólicas y el sexo, como modos de “empoderamiento”.
A veces los intérpretes son consecuentes en sus comportamientos personales con esos modelos y en otros se trata de puestas en escena para las gradas.
El público, sobre todo joven, no suele dilucidar ese dilema y trata de imitar, dentro de lo posible, tan perjudiciales patrones. Es cuando la labor ingente del College es sustituida por la quimera del éxito mediante la ruta equivocada.
Hace unos años durante el espectáculo de medio tiempo del Super Bowl, el cantante Justin Timberlake accidentalmente le abrió la blusa a la cantante Janet Jackson, apenas mostró su anatomía toráxica y el escándalo publicitario no se hizo esperar. Todas las partes involucradas en el hecho estuvieron de acuerdo sobre tan inconveniente incidente para los televidentes.
Este tipo de “accidente” y otros excesos inesperados siempre estuvieron circunscritos a la televisión por cable, siendo la entrega de premios MTV el paradigma de la provocación y la desfachatez.
Recientemente, sin embargo, durante la entrega de los premios Grammy, por un canal de transmisión pública, el escenario de uno de sus números musicales reprodujo cierto club nudista, con su correspondiente barra para hacer las evoluciones sensuales, y seguidamente lo que pudiera ser la cama de un prostíbulo.
La canción interpretada por Cardi B y Megan Thee Stallion se titula “WAP” y es el acrónimo en inglés referente al sexo y el trasero femenino húmedos.
El estribillo que inicia la interpretación, cantada por una voz masculina es “There’s some whores in this house” (Hay algunas prostitutas en esta casa).
Tanto las coreografías del espectáculo como el vestuario de las cantantes nada dejan a la imaginación. Todo se resuelve con la capacidad y fortaleza de fornicar y los órganos sexuales femeninos se humectan tanto que recomiendan traer cubo y trapeador.
Online, donde aparece la letra de la canción, hasta los jóvenes dejan opiniones de asombro: “menos mal que mi mamá no sabe inglés” dice una; “mis oídos perdieron su virginidad”, dice otro.
El público que asiste al espectáculo televisivo aplaude ante cada jactancia, uno de los cuales es la sugerencia del acto lésbico entre ambas cantantes y el hecho de reconocer que ellas no limpian ni cocinan.
El crítico del New York Times se refirió a este evento y al premio que recibieron, como modos de empoderamiento para las intérpretes negras, largamente obliterado por la Academia que concede los Grammys.
Yo pensaba, cómo cuatro minutos en pantalla pueden conspirar contra la labor de años de nuestro venerable Miami Dade College.
Siga a Alejandro Ríos en Twitter: @alejandroriostv. Correo: alejandrorios1952@gmail.com.