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Otros regímenes fueron boicoteados, pero la dictadura de Cuba sigue siendo ‘invisible’ | Opinión

Luis Robles, un joven cubano que levantó un cartel en una popular arteria de La Habana lleva meses preso sin juicio sólo por protestar en la vía pública.
Luis Robles, un joven cubano que levantó un cartel en una popular arteria de La Habana lleva meses preso sin juicio sólo por protestar en la vía pública.

Cierta vez tuve el placer de cruzarme con la gran Olga Guillot en un estudio de radio. Yo estaba promoviendo los beneficios del Miami Dade College, como parte de su equipo de prensa y la diva conversaba, sin ambages, sobre algunos de los atropellos habituales de la dictadura, entre los cuales figura haberla tratado de borrar, infructuosamente, de los anales de la cultura cubana.

En un breve y gentil intercambio que sostuvimos entonces, Guillot insistió en su teoría de que estábamos en el exilio “por envidia”, idea que me parece muy atinada con un régimen que enfrentó y pulverizó las clases sociales y entre, los despojos de tal contienda, hizo de la envidia una forma de vida.

Muy sabia la gran intérprete que supo identificar, desde temprano, el oportunista giro dictatorial de los barbudos bajados de la Sierra Maestra, con cierta aura mística.

Creo que, desde esos días iniciales, donde la esperanza de un proyecto nacional e independiente se esfumó, sin remedio, la dictadura cubana comenzó a invisibilizarse, para mal de quienes la han debido sufrir por 62 años.

Contados fueron los casos de líderes políticos, artistas, celebridades, intelectuales y personas comunes que lograron identificar el instrumental totalitario, que ya se perfilaba, en medio de la bruma populista. La dictadura nació invisible y así se ha manifestado hasta nuestros días. Para algunos, es una quimera especulada por sus crueles enemigos

El poderoso medio online europeo Deutshe Welle (DW), Ola Alemana, dedicó recientemente un amplio artículo a la ubicua “cola”, entre las graves desdichas que el cubano sufre diariamente para su magro sustento.

“Si quieres comprar pollo, casi seguro debes hacer una cola de siete u ocho horas” expresa uno de los entrevistados en el reportaje quien, por otra parte, no se arriesga a dar su verdadero nombre. Unas 200 o 300 personas formadas en fila, esperando adquirir alimentos es un paisaje común. La cola es parte consustancial de la vida del cubano.

El artículo no adorna el calvario de la isla que atribuye al cambio de moneda, la caída del turismo, a causa de la pandemia, y al envío de menos remesas provenientes, principalmente, de Estados Unidos, debido a medidas más restrictivas en dichas operaciones. Deja claro que se trata de una economía centralizada, pero se cuida de mencionar el término “dictadura” como origen de todos los males.

En otro texto aparecido en DW sobre la crisis cubana, una persona de 58 años dice aplaudir la libreta de racionamiento. “Ahora entiendo cuán justo y necesario es su sistema. Todos recibimos una cierta cantidad de arroz, frijoles, aceite, café y pollo. Todo es controlado por la libreta. Bendecida es la libreta”, concluye diciendo el aludido.

Las seis décadas de dictadura también han terminado por enceguecer a las víctimas, quienes aceptan resignadas su destino, lo cual parece ser parte de los procesos sociales que suprimen y coartan la esperanza.

Recientemente la organización que conduce las operaciones del béisbol profesional en Estados Unidos (Major League Baseball) castigó al estado de Georgia retirando la celebración del llamado Juego de Estrellas, por la aprobación de una nueva ley de votación que consideran improcedente para la democracia.

Estos mismos funcionarios, erigidos ahora como celadores del bienestar político de la nación, no dudaron ni un segundo en entrar en componenda con la dictadura totalitaria castrista, a la cual ofrecieron humanización y cobertura mediática de primera en su propio terreno, en presencia del sanguinario y longevo dictador Raúl Castro, quien estimuló, entre otros sistemas represivos, el que castiga y desacredita a los peloteros cubanos considerados desertores, que, por cierto, luego honran con su presencia los equipos de las grandes ligas.

Otras dictaduras del mundo han sido denunciadas y boicoteadas. Sus víctimas y quienes se les han enfrentado, erigidos como mártires o héroes. La de Cuba, sin embargo, sigue manteniendo una invisibilidad muy conveniente para su larga y agobiante supervivencia.

Siga a Alejandro Ríos en Twitter: @alejandroriostv. Correo: alejandrorios1952@gmail.com.

Esta historia fue publicada originalmente el 15 de abril de 2021, 4:42 p. m..

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