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Opinión

ROBERTO CASIN: Aeronáutica electoral

Hay días que, les juro, amanezco deseando que el mundo fuese otra cosa, o que al menos los que disponen la forma en que navegamos por aguas tan turbulentas, los que cada equis años nos piden el sufragio bajo la promesa de que nos protegerán y nos devolverán la confianza, no nos pasen más gato por liebre bajo la divisa de que ahora paz, armonía y progreso, y luego gloria. Pero, como de seguro les pasa a todos ustedes, termino resignándome a que, en el peor escenario, por lo menos lo básico, lo imprescindible para sobrevivir y algunas que otras menudencias del equipaje, no me las estropeen. A fin de cuentas, se dirán ustedes, con los bueyes que se tiene hay que arar; sea cual sea la tierra que se laboree. Y en esas llevamos ya mucho tiempo.

Pero este año de elecciones una buena parte de los estadounidenses se queja de que el gobierno es el flagrante culpable de que la brecha salarial que nos separa a unos de otros se haya ampliado aterradoramente. Y hete ahí que a pesar de que el presidente Obama juró hace un tiempito que durante el resto de su mandato la reduciría, ha sido como casi todas, una promesa nominal. Más ruido que nueces.

Lo cierto es que según un estudio difundido la semana pasada por Brookings Institution, el problema no radica tanto en que los muy arriba ahora ganen más, sino en que los muy abajo, los del fondo en la escala salarial, hoy perciben solo una fracción de sus ingresos previos a la Gran Recesión de 2007. Y encima de eso hay quien habla de recuperación. Lo peor: el futuro sigue siendo incierto, sea quien sea el candidato presidencial que llegue a la Casa Blanca, demócrata o republicano. Ni pan para hoy, ni muchas ilusiones para mañana.

Solamente la seguridad Social, sobre la que descansa la continuidad y bienestar de toda nación, amenaza con agotar sus fondos a la vuelta de pocos años (2034); y el asunto no puede resolverse recortando beneficios, sino que por el contrario (las razones son ineludibles) habrá que ir aumentándolos. La matemática es esta: actualmente, para el 36 por ciento de los jubilados la Seguridad Social representa el 90 por ciento o más de sus ingresos, y para el 65 por ciento, más de la mitad.

A despecho de las realidades, algunos candidatos presidenciales republicanos —a excepción de Donald Trump— abogan por reducir esos beneficios, ya sea para los de más ingresos o para todos, y alegan que es necesario elevar gradualmente la edad de retiro, que ya se subió a 67 para los nacidos después de 1960. Hasta se viene hablando —hace rato ya— de privatizar la Seguridad Social y transferir ese dinero a Wall Street, para que los riesgos de si la cosa funciona mal o bien pasen del gobierno a los interesados, y cada quien se salve como mejor pueda. Entre los demócratas ninguno tampoco ha logrado convencer: ni la Clinton, con sus mañas para enmascararse, ni Sanders, con su socialdemocracia, que aquí a muchos espanta.

En suma, las propuestas van desde las más recalcitrantes e inclementes hasta las más populistas e ilusorias. ¿Estaremos a salvo? En el 2008 ya escuchamos un “ahora, sí”, repetido luego en el 2012. Pero ya alguien lo advirtió para tiempos duros como este: la tentación de dejarse arrastrar por cantos de sirena puede ser doblemente peligrosa. Porque si los tontos y los demagogos volaran, apenas tendríamos espacio para los aviones.

Esta historia fue publicada originalmente el 22 de enero de 2016, 1:00 p. m. with the headline "ROBERTO CASIN: Aeronáutica electoral."

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