Sin esperar las gracias
Estimada María Antonieta (e hija Antonietta):
En ningún momento quiero llevarles la contraria en relación con el artículo publicado el 23 de julio en El Nuevo Herald: “Dar sin esperar las gracias”, porque de esa forma, al Uds. darnos esta linda y cristiana enseñanza no permitirían que, desde un rinconcito de Cuba (que María Antonieta visitó de corre corre hace casi tres años) le enviemos este reconocimiento. No les escribo para darles las gracias, sino para reconocer que la Parábola del Buen Samaritano se actualiza día a día en cualquier parte del mundo y, por lo general, en un extraordinario anonimato. Tristemente, en la prensa –en sus disímiles expresiones– se publica lo llamativo, sea de signo positivo o negativo (en una proporción mucho mayor).
¡Qué bueno que se reconozca lo bien hecho y dejarlo pasar como un mensaje subliminal!
Es una invitación a picar un bocadito, comerse una parte y dejar la otra “para un por si acaso”, y en su momento, podría ofrecérsele a una persona que no es capaz ni siquiera de tender la mano.
Con cariño,
Emilio Aranguren
Obispo de Holguín
Esta historia fue publicada originalmente el 26 de julio de 2018, 3:05 p. m..