Alejandro Armengol

Walmart da un primer paso sobre el control de las armas, pero no es suficiente

Una mujer toca una cruz durante su visita el 6 de agosto de 2019 al tributo a las víctimas de la masacre en El Paso, Texas, frente a la tienda Walmart en donde ocurrió la tragedia.
Una mujer toca una cruz durante su visita el 6 de agosto de 2019 al tributo a las víctimas de la masacre en El Paso, Texas, frente a la tienda Walmart en donde ocurrió la tragedia. TNS

Una de las grandes ventajas de la democracia liberal es cuando llega el momento en que frente a la ineficacia de los políticos, el mercado da el primer paso.

Sin embargo, aunque se salude con entusiasmo dicho movimiento, siempre hay que hacer dos advertencias: destacar que el gobierno no ha desempeñado su labor y advertir que el mercado no resuelve la totalidad del problema.

La cadena Walmart anunció que dejará de vender municiones para pistolas y algunos rifles de estilo militar, calificando de “inaceptable” la situación del control de armas en Estados Unidos. Pedirá además a los consumidores el no portar armas dentro de sus tiendas, aunque sea legal en algunos estados de EEUU.

Walmart ha hecho lo correcto, pero además de apoyarla hay que enfatizar que el Congreso y la presidencia cumplan su deber de incrementar los controles sobre las armas de fuego.

Con anterioridad, en 2012, la cadena había retirado de su catálogo el fusil semiautomático Bushmaster M4A3, similar al Bushmaster AR-15, un heredero del fusil de asalto M-16, usado por las tropas estadounidenses en Vietnam, que en su versión civil es un arma semiautomática, pero a la que su dueño puede realizar diversas adaptaciones e incorporaciones. Se trata de un armamento utilizado en varias masacres en este país.

La compañía seguirá vendiendo rifles y escopetas para caza y buena parte de las municiones que utilizan estas armas. Dentro del debatido tema del armamento en manos de particulares, demuestra que la solución del problema, para este país, no radica en los extremos sino en el sentido común.

La medida además vuelve a evidenciar la intolerancia y el fanatismo de la Asociación Nacional del Rifle (NRA, según su sigla en inglés), que se apresuró a criticarla.

No hay que olvidar que la NRA cuenta con el grupo de cabildeo más poderoso de la nación, y que de una organización para cazadores se ha convertido en una institución que desempeña un papel de primer orden en la política nacional.

Mientras Walmart vuelve a sus orígenes (servir a una clientela de cazadores), la NRA se empeña en dominar el debate sobre todo de armamento a particulares.

La influencia de la NRA es enorme.

Tras las masacres en El Paso y Dayton, el presidente Donald Trump dijo estar a favor de una mayor verificación de antecedentes para la compra de armas. Bastó una llamada telefónica del director ejecutivo de la NRA, Wayne LaPierre, para que cambiara de opinión.

Por su parte, el líder republicano del Senado, Mitch McConnell, tiene un largo historial de oponerse a cualquier legislación en favor del más mínimo control de las armas.

Todo ello resalta la importancia del anuncio de Walmart. Una vez que los factores fundamentales de la economía estadounidense comiencen a moverse en favor de las regulaciones, a los políticos no les quedará más remedio que seguir esa vía.

Sin embargo, confiarlo todo a las fuerzas del mercado —como un neoliberal sencillo— no es correcto. El gobierno debe ejercer su papel regulador, y es deber del electorado exigirle que cumpla esta función.

Quienes se oponen a las restricciones a la venta de armas se fundamentan en creencias antiguas para objetivos actuales.

Es cierto que las arma, por sí solas, no matan; matan las personas que las usan. Pero también es verdad que armas poderosas, como los fusiles semiautomáticos —que en muchos casos se usan con adaptaciones para hacerlos más mortíferos—, facilitan las muertes. El factor cuantitativo es lo que convierte en desastre nacional a lo que no debió haber pasado de tragedia doméstica, más allá del hecho de que un acto de este tipo, llevado a cabo por una persona con problemas mentales, puede resultar difícil de evitar.

Nada en contra de los cazadores, ni tampoco oponerse a la venta de pistolas a quienes aleguen causas suficientes y verificables para poseerlas. Pero se impone la regulación de este mercado por el Gobierno. No es un problema ideológico, es una responsabilidad insoslayable.

Escritor cubano radicado en Estados Unidos. Director editorial de Cubaencuentro.com.

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