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GUILLERMO DESCALZI: Nuestra guerra ficticia

Una cosa sería si la condujéramos como la realidad exige, otra como lo hacemos. Tenemos el ejército más poderoso del mundo pero perdemos la guerra del Medio Oriente porque Washington –en ambos partidos– diseña ficciones en la región.

▪ Es una guerra religiosa pero pretendemos que no lo es.

▪ Contamos con ‘amigos’ que son enemigos entre ellos, a los que hay que cuidar para que no se maten.

▪ Pretendemos tener aliados locales pero solo son aliados de conveniencia, aprovechadores, y en Siria ni eso tenemos porque Turquía y Rusia no lo permiten.

▪ Es una sola guerra en varios países pero pretendemos que son guerras separadas.

▪ Seguiremos en Afganistán para que se solucione la situación, pero la ‘situación’, igual que la historia, nunca se soluciona, se desarrolla y sigue, siempre hay un mañana y el mañana de allá no tiene nada que ver con nuestras estrategias, tácticas, planes y objetivos.

▪ Se está catalizando un eje de dominio iraní-chiita que va desde el Golfo Pérsico hasta el Mediterráneo. Es la ‘alternativa’ a ISIS, una al menos, y no tenemos otra.

Apuntamos al desastre soviético en Afganistán y hablamos del que le espera a Putin en Siria. A nosotros no nos espera desastre alguno, ya lo tenemos encima y no lo vemos, ‘la paja en el ojo ajeno y la viga en el nuestro’.

Rodrigo Carazo abrió Costa Rica al sandinismo. Lo mismo hace Islamabad con los talibanes e Irán con los chiitas. ¿Qué hacer, bombardear Costa Rica? ¿Bombardear Pakistán e Irán? Lo hacemos en Pakistán, con ‘drones’ pero un 90% de las víctimas de nuestros drones son ‘extras’.

Así es la realidad. No vamos a ‘ganar’ en el Medio Oriente, no lo vamos a solucionar. Lo impide nuestra sensibilidad y la dinámica de sus pueblos.

Criticamos nuestra acción con tanta legitimidad como falta de realismo, y tanto realismo como falta de legitimidad. Luego criticamos la no acción.

Nuestro poder es enorme y no toleramos su aplicación descarnada. En Vietnam matamos a los habitantes de My Lai, unos quinientos ancianos, niños, bebés, hombres y mujeres, la villa entera. El escándalo fue mundial. Nixon perdonó al comandante del escuadrón, el teniente William Calley. Ahora vemos degollar, gasear, incinerar, disparar y bombardear, horrores en vivo y en directo. Ya no es posible matar poblaciones enteras.

Somos impotentes porque buscamos absurdos, queremos imposibles, negamos la realidad y conducimos ficciones. No se gana con ficción, no hay victoria ficticia y, antes que digan nada, nuestra derecha vive la misma irrealidad. Nos espera… lo que nos espera.

Las guerras del Medio Oriente las podemos ganar con acciones que no podemos tomar. El resultado es que, aparte de contener lo incontenible, mantener las apariencias y derramar nuestra sangre y tesoro, allí no tenemos nada que hacer…

Vivimos una impotencia autoimpuesta. Casi siempre se vive así porque pocos se dan cuenta de las falacias y contradicciones que nos hacen impotentes. Una de las principales está en lo que se puede hacer. Confundimos ‘lo que se puede’. Creemos que es ‘voluntario’ como en eso de querer es poder.

‘Poder hacer algo’ depende de la realidad, y la realidad deja espacios muy reducidos de acción. En esos espacios sí ‘podemos’, y en algunos hasta debemos, pero queremos todo, no solo el pequeñito espacio que nos toca.

Nuestros estrategas tienen los ‘ojos’ más avanzados del mundo… y no ven, diseñan esa realidad ficticia que Obama se ve obligado a sostener porque no le queda otra. Está preso de una ficción colectiva en el ínfimo espacio de libertad que le queda en su Casa Blanca, y eso es un desperdicio de ese único, precioso espacio.

Esta historia fue publicada originalmente el 19 de octubre de 2015, 0:39 p. m. with the headline "GUILLERMO DESCALZI: Nuestra guerra ficticia."

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