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BERNADETTE PARDO: La tragedia de la muerte de King Carter

Uno de los asistentes al funeral del niño King Carter, de 6 años, que murió el sábado en un tirotero en su edificio en el noroeste de Miami. En la iglesia Friendship Missionary Baptist, el 26 de febrero.
Uno de los asistentes al funeral del niño King Carter, de 6 años, que murió el sábado en un tirotero en su edificio en el noroeste de Miami. En la iglesia Friendship Missionary Baptist, el 26 de febrero. ctrainor@miamiherald.com

Esta tarde enterramos a un pequeño rey, King Carter. Murió hace una semana en uno de tantos tiroteos insensatos en Miami. Su presencia en este mundo fue cruelmente breve, tenía solo seis años cuando una bala le atravesó el corazón. Su ausencia nos disminuye a todos por no haberla evitado. King es uno de más de 20 niños muertos a tiros en este último año en nuestras pequeñas Sirias, los barrios marginales, territorio de nadie en plena guerra civil, en la que grupos armados se enfrentan día tras día. Es un conflicto permanente en el que decenas de niños se convierten en daño colateral y en el que los asesinos también son víctimas de la cultura de violencia.

Los tres sospechosos arrestados en el caso son adolescentes de 16, 17 y 18 años. Los tres se acusan el uno al otro. Dicen que iban a matar a un tal Ju Ju, de 16 años, supuestamente por una discusión en Facebook o quizás porque Ju Ju era el vigilante de una casa de drogas que operaba desde hace dos años en el apartamento #118, en el tercer piso del edificio donde vivía King. Da igual porque estas estas tribus errantes de pistoleros siempre tienen una excusa para matar. Hoy es Ju Ju, mañana Jo Jo y pasado Yayo.

El caso de King Carter es emblemático. Revela por qué ocurren estas tragedias y por qué seguirán ocurriendo. Según una fuente cercana a la investigación, esta es la cronología del caso.

El pasado sábado cerca de las 3 p.m. el niño King se dirigía hacia la gasolinera de la esquina para comprar caramelos con $3 que le había dado su padre.

Ju Ju estaba sentado en su posta de siempre cuando dos adolescentes armados se bajaron de un carro negro y empezaron a disparar. Ju Ju devolvió el fuego mientras corría. Alguien también disparo desde el tercer piso, hiriendo a uno de los dos agresores que subieron al auto y huyeron. Ju Ju, ileso, llegó al tercer piso y dejó su pistola en el apartamento 118. Posteriormente encontraron esa y otra arma usada en el tiroteo en el apartamento así como una variada cantidad de drogas. Ju Ju y el padre de King fueron en busca del niño. Cuando regresaban de la gasolinera lo encontraron herido de muerte con los ojos abiertos en el estacionamiento de los apartamentos.

Ocho minutos después un joven afroamericano llegó al cercano hospital Jackson North herido de bala en el cuello. El hospital llamó a la policía. El video de seguridad mostró que el herido se bajaba de un auto negro auxiliado por otro joven afroamericano rumbo al salón de emergencia. Gracias a esta pista la policía logró arrestar a dos sospechosos, Irwen Pressley, de 17 años, y Leonard Adams, de 18. Ambos vivían en una casa de Opa-locka que la policía sospecha es una casa de drogas operada por la madre de uno de ellos y su novio.

Los dos tenían antecedentes criminales. Pressley fue arrestado por primera vez cuando tenía13 años. Su último arresto el año pasado fue por ponerle un arma en la cara a la víctima para robarle el auto. Por eso fue sentenciado a boot camp y a llevar una tobillera con GPS. Dos arrestos previos por robo a mano armada no fueron procesados por la fiscalía por falta de testigos. Cuando Pressley fue arrestado en casa de su abuela dormía en un sofá y debajo de la almohada tenía una pistola. Un tercer sospechoso, Tamar Teems, de 16 años, se entregó ayer.

Ju Ju también se entregó pero no fue arrestado, entre otras cosas, porque bajo la ley “Stand Your Ground” tenía pleno derecho a disparar. Si Ju Ju es acusado, la fiscalía perdería la mitad de sus testigos en el caso. Pese a la recompensa de $25,000 por información, solo una persona ha cooperado como testigo.

El domingo pasado el médico forense llevó a cabo la autopsia del niño. Esta reveló que va a ser muy difícil determinar cuál fue la bala que le causó la muerte porque le atravesó el cuerpo y todavía no ha aparecido. Han encontrado más de 35 casquillos de bala en la escena. Las pruebas balísticas en Miami-Dade demoran semanas, las de ADN meses. Cada caso como este cuesta miles de dólares.

Los policías no dan abasto y solo pueden reaccionar ante los hechos. Los fiscales no pueden entablar procesar legales por falta de testigos. Las escuelas no pueden supervisar lo que pasa con los cientos de JuJu que están ausentes, los jueces en la corte juvenil solo pueden castigar crímenes violentos con boot camp y dispositivo de rastreo. Lo más triste es que a casi nadie le importa porque después de todo Siria está muy lejos.

Para cambiar ese mundo sórdido hace falta un plan Marshall en el que nadie está dispuesto a invertir. La otra alternativa es sacar a los inocentes de ese mundo, como propuso el republicano Newt Gingrich en su última campaña presidencial. Su idea es enviar a estos niños en riesgo a internados, no reformatorios, sino escuelas preparatorias donde aprenderían a valorarse y a triunfar, o al menos sobrevivir. La idea es controversial y probablemente inconstitucional pero sería mucho más barato que un plan Marshall y mucho más humano que abandonarlos a su suerte en Siria.

Esta historia fue publicada originalmente el 25 de febrero de 2016, 4:04 p. m. with the headline "BERNADETTE PARDO: La tragedia de la muerte de King Carter."

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