El negocio redondo de casarse con cubanoamericanos
Mi amigo Pedrito está enamorado. Ese no es su verdadero nombre, ese me lo reservo para proteger su privacidad porque no soy como Gawker. En todo caso Pedrito es un cubanoamericano que está perdidamente enamorado de una cubana de la isla. La conoció hace mucho tiempo cuando ambos eran adolescentes y la volvió a encontrar hace poco en las redes sociales. Nada como el amor en los tiempos de Facebook. Este amor en particular ha sido una verdadera odisea.
La amada en cuestión es una de los más de 40,000 cubanos conocidos como los balseros terrestres que se han aventurado a atravesar Centroamérica con la esperanza de eventualmente cruzar la frontera con Estados Unidos. La enamorada de Pedrito viajó a Ecuador y luego de muchas y costosas vicisitudes logró llegar a México. Allí fue arrestada y repatriada a Cuba.
Pero Pedrito no se da por vencido. El amor todo lo puede y quiere casarse con ella con todas las de ley y traerla a vivir con él a Estados Unidos. Así es como Pedrito se ha adentrado en un laberinto kafkiano de múltiples burocracias. “Son trámites interminables”, nos dice Pedrito, quien ha tenido que enviar copias certificadas de múltiples documentos al Departamento de Estado y a la Embajada de Cuba en Washington y a agencias estatales en Tallahassee como si estuviese negociando un tratado internacional de libre comercio. Pedrito lo está haciendo todo por amor y nos dice que su única estrategia es armarse de paciencia.
Pero para muchos otros el matrimonio con cubanoamericanos se ha convertido en un lucrativo comercio internacional. La conocida abogada de inmigración Grisel Ybarra nos dice que en los últimos cinco años ha visto en su bufete al menos 300 casos de matrimonios fraudulentos con cubanoamericanos. “Todos son por dinero”, nos dice Ybarra, “o al menos el 99 por ciento algunos son por amistad pero todos le sacan algo, al menos una cartera de Chanel”.
Para un extranjero en busca de la ciudadanía norteamericana casarse con un cubanoamericano es como sacarse la lotería. Es más ventajoso y más rápido que casarse con un norteamericano nacido aquí.
Si te casas con un norteamericano tu residencia es condicional por dos años, y no tienes derecho a beneficios. Es más, el cónyuge estadounidense tiene que firmar un affidávit haciéndose responsable por los gastos del recién llegado, incluyendo los médicos. Bajo la Ley de Ajuste Cubano, el cónyuge de un cubanoamericano obtiene su residencia permanente de inmediato y tiene derecho a todo tipo de beneficios desde cupones de alimentos hasta ayuda para vivienda y educación, y cobertura médica.
Muchos han descubierto que fomentar estas bodas de oro es un negocio redondo. Ese, según la fiscalía federal, es el caso de Odalys Marrero, conocida como Tita. Según el encausamiento federal, Tita y su esposo desde el 2009 hasta el 2014 organizaban matrimonios fraudulentos entre extranjeros y cubanoamericanos cobrándoles miles de dólares a los beneficiados, muchos de los cuales también han sido acusados. Tita la celestina ofrecía el paquete de boda completo, cónyuge, foto y planillas de inmigración. El caso está pendiente en la corte federal de Miami. No es el único ni será el último mientras que la Ley de Ajuste Cubano siga convirtiendo a los cubanoamericanos solteros en los gallos o las gallinas de los huevos de oro.
Si fuésemos sensatos sería mejor reformar la Ley de Ajuste Cubano o, mejor aún, reformar las leyes de inmigración para que traten a todo el mundo igual. En el candente ambiente de este año electoral eso sería mucho pedir. Lo único que nos queda es hacer lo que hace Pedrito, pensar en el amor y armarnos de paciencia.
Periodista cubanoamericana. Reside en Miami.
@PedaleaBernie
Esta historia fue publicada originalmente el 3 de junio de 2016, 1:30 p. m. with the headline "El negocio redondo de casarse con cubanoamericanos."