Daniel Shoer Roth

Ciudadanos vs. políticos: la guerra por Airbnb

Un hombre que respalda a Airbnb espera su turno para hablar ante la Comisión de Miami el 23 de marzo del 2017.
Un hombre que respalda a Airbnb espera su turno para hablar ante la Comisión de Miami el 23 de marzo del 2017. el Nuevo Herald

En estos meses de clima paradisíaco abundan colosales eventos que atraen avalanchas de visitantes al Gran Miami y sus playas, hurtando a los residentes el placer de vivir aquí. El despelote de gente, el embotellamiento vehicular, la inmundicia, el desastre ecológico, el ensordecedor ruido, el aumento de precios de bienes y servicios… un clima infernal es lo que trae al pueblo esta temporada.

Algunos vecinos del downtown se vieron forzados a escapar de sus hogares este fin de semana por esa inmensa bacanal de regocijo frenético, el Festival Musical Ultra, devorador del orden público y la tranquilidad. Llámese Ultra, Art Basel, Show de Botes, Festival de Comida y Vino, Memorial Day Weekend, Semana de la Moda, convenciones corporativas y cuanto más venga, nuestros políticos se jactan del ingreso fiscal y glamour internacional devenidos de estos, sacrificando nuestros recursos públicos.


Pero, ojo, que todo el capital recaudado quede en manos de los glotones gobiernos locales. Ni una migaja para los aturdidos ciudadanos. Estos, ¡qué coman pasteles!

La tecnología, sin embargo, quiebra la hegemonía institucional, surtiendo a los habitantes herramientas para su progreso económico, lo cual enerva a los funcionarios elegidos con el respaldo de la poderosa industria hotelera y turística que ve peligrar sus monopolios.


Sucedió con el popular servicio de transporte Uber, sometido a la ilegalidad hasta hace poco por los caprichos de los altos mandos del Condado Miami-Dade presionados por las empresas de transporte. Ahora se repite la medida autoritaria contra los anfitriones miamenses de la red de hospedaje Airbnb, amenazados y multados por intentar sacar provecho de la misma fuente de ingresos de los gobiernos municipales.

Los dirigentes de Miami y Miami Beach han declarado la guerra a los propietarios que alquilan espacios a huéspedes de Airbnb a fin de costear sus hipotecas, seguros e impuestos. Sostienen ser veladores de las normas vecinales, pues los detractores se quejan de la mala conducta de los visitantes que invaden complejos residenciales y arman alboroto.


En La Playa, las multas ascienden a $20,000 por violaciones de código. Y días atrás, la Oficina del Tasador de Inmuebles del Condado alertó que esta actividad representa fraude del Homestead Exemption, por lo tanto los dueños serían despojados de dicha exención tributaria.

Protestar acarrea represalias gubernamentales. El jueves, decenas de propietarios acudieron a la Comisión de Miami para defender su pan. Debían anotarse con sus direcciones, así que el administrador municipal aprovechó los datos personales para intimidarlos con el envío de inspectores. ¡Vaya coreografía política!

¿Por qué no manda a los inspectores a las zonas marginales de la ciudad donde priman condiciones de vida inseguras e insalubres por la desinversión en propiedades desvencijadas alquiladas por caseros abusivos a los pobres?


Mientras se fraguaba en el Ayuntamiento la batalla entre ciudadanos y políticos, el Centro Metropolitano de la Universidad Internacional de Florida divulgó un análisis de las estadísticas del Censo demostrando que la población de Miami está migrando hacia otras regiones del país. Los expertos atribuyen esta tendencia a la espiral alcista del valor de los inmuebles y al estancamiento de los salarios reales.

Los fastuosos rascacielos, el ambiente cosmopolita, los hospedajes cinco estrellas, las grandes fiestas del jet set, la floreciente escena del arte y la renovación de vecindarios por parte de municipalidades que procuran seducir a propietarios más pudientes y aumentar la recaudación tributaria, terminan hiriendo a las capas de las clases medias.


Son precisamente estas personas quienes deben ingeniárselas en busca de un ingreso secundario. Compañías de servicios facilitados por la tecnología, como Airbnb y Uber, ofrecen salidas creativas. De este modo, el turismo también deja utilidades en el bolsillo de los vecinos más allá del impacto macroeconómico.

Si bien los anfitriones de Airbnb han de ser más vigilantes del orden, las autoridades deben atenuar su favoritismo al comercio, dejando de anteponer al interés colectivo aquel que concierne solamente a sus arcas. En verdad que no nos vendría mal alguna dosis de comprensión.

Escritor venezolano, periodista, biógrafo y cronista del acontecer de Miami.

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