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Daniel Shoer Roth

DANIEL SHOER ROTH: El reino de la hipocresía

“Teatro. Lo tuyo es puro teatro. Falsedad bien ensayada. Estudiado simulacro”.

En estos días de poca sustancia, este estribillo de La Lupe pudiera ser la nueva consigna de Miami donde todo “me parece que es teatro”.

La descollante presencia de la “boliburguesía” en los más finos centros comerciales de Miami –¡Dios no quiera en los outlet malls!–, en palacetes de los más fastuosos vecindarios de la metrópolis y en círculos empresariales es uno de múltiples símbolos de la doble moral que impera en ciertos colectivos de esta comunidad.

El Tesoro nacional venezolano ha sido granjeado por avispados adeptos que cantan dulces odas al chavismo-madurismo –y también por comerciantes “antichavistas” asentados aquí que adquirieron caudal gracias al sistema de divisas subvencionadas por el gobierno socialista, así como a la oferta de sus servicios al putrefacto sector público o a las empresas que hacen negocios con este.

Ratificando otro lema acuñado por el arriba firmante dos semanas atrás –“La gallina de los votos de oro”–, la Comisión de Miami declaró el jueves persona non grata a los propietarios de la televisora Globovisión, bastión de propaganda del cruel y fallido Socialismo del Siglo XXI otrora un oasis de la libertad de expresión. Esta medida, carente de valor jurídico, proclama la indignación que genera tener como vecino a un compinche de un chofer hecho presidente opresor.

Ser persona non grata, empero, no significa que al ostentador del “nobilísimo” título le rechacen las tarjetas de crédito en boutiques como Gucci o Carolina Herrera, o en los concesionarios de automóviles deportivos donde un antojo por un Ferrari se cristaliza con una firma, o en las ciudadelas con acceso controlado y muelles frente al hogar que invitan a navegar un mar cuyo oleaje acarrea el tesoro de la diversidad multiétnica y la libertad.

Dicen que en las farmacias locales se ha disparado la venta de ansiolíticos –de los más potentes, ¡por favor!– tras la amenaza del ex administrador de Doral de denunciar “una cueva de compañías montada por enchufados” venezolanos. Les tiemblan las orejas, les tiritan los dientes, de tan solo imaginar que otros los miren de reojo, en las elegantes soirées y cenas de alta alcurnia, y susurren algún chisme que desvele sus vínculos con un gobierno torturador de estudiantes por el “delito” de anhelar la superación personal, el respeto de los derechos humanos y la paz.

A esta obra de teatro con un prolífico elenco de personajes enmascarados (“hipócrita” proviene del latín hypocrisis: “actuar”, “fingir”) le falta aún muchos actos. Compren desde ya sus boletos.

No solo entre los enchufados en Miami se ha puesto de moda la hipocresía. En los gobiernos locales también. En el Instituto Correccional de Dade, donde se supone que reinan las leyes, son estas las que están detrás de los barrotes.

Abominable es el trato que reciben los reclusos con discapacidad mental por parte de los carceleros, además de sufrir condiciones de vida repulsivas y falta de protección de los criminales más sanguinarios. En el currículo de Miami-Dade destaca uno de los sistemas de penitenciaría más grandes de Estados Unidos, pero la palabra humanidad no aparece ni siquiera mal escrita.

Una crónica en The Miami Herald narra la pavorosa historia del presidiario número 060954, un enfermo mental presuntamente torturado, hasta perecer, por custodios de la prisión que lo encerraron durante una hora en una ducha con agua hirviendo a toda potencia. Tan severas fueron las quemaduras, que su piel se derritió en el infierno terrenal. Hasta ahora, el Departamento de Prisiones de Florida ha barrido sus cenizas debajo de la alfombra. Otro recluso que se ahorcó de un conducto de aire acondicionado al parecer dejó plasmada en su nota suicida una revelación sobre el asiduo sometimiento de prisioneros a abusos sexuales y físicos.

¿Con qué rostro Miami denuncia la violación de derechos en las cárceles de otros países cuando en su patio acaecen deplorables atropellos? El pabellón siquiátrico en el noveno piso de la prisión condal es un hervidero de injusticias. Según la Fiscalía, la mitad de los arrestos son prevenibles si la Policía lleva a los enfermos en crisis a centros de tratamiento en lugar de hacinarlos en el calabozo, un costo mayor para los contribuyentes. Se trata, ciertamente, de personas imputadas por delitos menores.

Es fácil arroparse con el emblemático sari blanco con rayas azules de la Madre Teresa. Más difícil es poner en acción su misericordia.

Lucie Tondreau, la alcaldesa de North Miami, una de las mayores ciudades del Condado, vilipendiaba hace poco al Museo de Arte Contemporáneo por ansiar mudarse a Miami Beach en aras de optimar sus depauperadas instalaciones. La colección –vociferó– pertenece a su municipio y ellos, los directivos del museo, “pretenden robarla”.

Días después, se exhibió en la vidriera pública una “obra de arte” robada: un multimillonario fraude hipotecario presuntamente orquestado por esta alcaldesa. Su retrato se alzó así a una galería. Pero no en su museo. En el corredor de la oficina regional del FBI engalanado con cuadros impresionistas de alcaldes esposados.

“Cada cual en este mundo cuenta el cuento a su manera –cantaba La Reina del Latin Soul–. Y lo hace ver de otro modo en la mente de cualquiera”.

Esta historia fue publicada originalmente el 24 de mayo de 2014, 7:05 p. m. with the headline "DANIEL SHOER ROTH: El reino de la hipocresía."

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