DANIEL SHOER ROTH: El oneroso costo del progreso
Desde la noche de los tiempos, la sabiduría popular atesora en su pecho la fecunda simiente de la razón.
Días atrás, recordé este principio universal al visitar la oficina del Departamento de Aparcamientos en el Ayuntamiento de Miami Beach. El gobierno municipal, por fin, intenta enderezar el desmedido problema de estacionamiento con un sistema de pago por teléfono móvil. Hasta la fecha, en muchos lugares con parquímetros en zonas de la ciudad balneario, se requería siete monedas de 25 centavos para aparcar una hora. Es decir, si usted quiere disfrutar de la playa cinco horas, necesita 35 monedas o más –si es que logra hallar puesto–. ¿Quién carga tanto sencillo en el bolsillo?
Los residentes –que pagamos un exorbitante monto en impuestos inmobiliarios y sufrimos, en carne propia, la desvalorización de la calidad de vida por el favoritismo que las autoridades dan al turismo y al comercio–, hasta finales de 2013 teníamos el beneficio –¿un beneficio? ¡Aleluya!– de un descuento. En lugar de $1.75 por hora, el costo era un dólar. Para ello, gozábamos de un servicio prepagado con el uso de un dispositivo que nos permitía aparcar hasta ocho horas continuas sin necesitar ni una moneda. Y, además, nos ahorraba el dolor de cabeza del grito súbito: “¡corramos!… se nos agota el parquímetro y nos ponen un ticket”.
Por razones ajenas al gobierno municipal, el programa fue liquidado. Después de cinco meses de “sobrepeso” en el pobre vehículo a causa del fardo de monedas, el nuevo método de pago electrónico ha rescatado la rebaja para los vecinos abatidos en otros frentes, como el tránsito, el voraz remolque de automóviles y el abuso de precios por parte de los minoristas y cadenas, en especial las estaciones de combustible. Con presentar la licencia de conductor, el registro del vehículo y un recibo de los servicios públicos que certifique la dirección residencial, el sistema, al cual se accede mediante una aplicación de teléfono inteligente, automáticamente adjudica el descuento. Lo comprobé el viernes y resultó excelente.
Es cierto que en la actualidad, los teléfonos inteligentes tienen la supremacía del mercado de comunicaciones. Pero no todo el mundo posee uno, especialmente las personas mayores o con menos recursos económicos. Si estas tienen móviles tradicionales, pueden llamar a un sistema automatizado para realizar la transacción. Es más engorroso y, probablemente, al ser tal vez menos versadas en tecnología, se resignen a pagar en las máquinas expendedoras de permisos que, con lentitud, comienzan a sustituir los arcaicos parquímetros. Si emplean el procedimiento manual, los residentes no pueden acceder a la rebaja. Son, pudiera decirse, víctimas de la modernización.
“Todos los cambios siempre tienen sus víctimas”, comentó, ante mi reflexión en voz alta, la funcionaria que me atendió impecablemente (ojalá todos los empleados municipales fueran como ella), quien no tiene celular.
Salí satisfecho del Ayuntamiento por el buen servicio al cliente y la brevedad de la espera. Sus palabras me acompañaron de regreso a casa y no se despegarán de mi piel mientras continúe viendo cómo el Condado Miami-Dade y la Ciudad de Miami, entre otros gobiernos locales, apuñalan a la ciudadanía, sin piedad, en nombre del progreso.
En una pócima infecciosa se conjugó esta semana la peligrosa tendencia de amparar los intereses de las franquicias deportivas en detrimento del bien común. Mientras se examina la construcción de un estadio de fútbol profesional de renombre internacional –que promete villas y castillos– en una de las escasas parcelas de espacio verde frente a la bahía, se cristalizan dos acuerdos con los equipos Miami Heat y Miami Dolphins.
Los recovecos de estos convenios no se pueden explicar en un par de líneas. Ni pretenden estas arremeter contra los equipos muy queridos por sus aficionados. Pero llama la atención, sí, que en estos tiempos en los que se desangran las bibliotecas, fuente de infinita creatividad, por carestía de fondos del erario; en los que las fuerzas del orden público trabajan con uñas y dientes por falta de recursos; los políticos ocupen su preciado tiempo y se desvelen por conseguir un paquete de subsidios como el otorgado al Heat gracias a la pleitesía de la Comisión condal.
En síntesis, el Heat degustará una suculenta tajada anual de $6.4 millones del gravamen hotelero –suma que ascenderá a $8.5 millones– para sus operaciones en la Arena American Airlines, en un contrato de permuta por un donativo de $1 millón que hará la franquicia a los parques del condado. Esta cláusula de arriendo de terrenos de dominio público pudiera ser invocada en las negociaciones con David Beckham por construir el estadio adyacente a la Arena, aunque el otrora astro del fútbol ha prometido financiar la obra con fondos del sector privado.
Entretanto, el alcalde Carlos Giménez, quien ascendió al pináculo del Condado admirado por su vigorosa oposición al fatídico acuerdo de los gobiernos condal y municipal con Miami Marlins, se ha tornado en adalid de los estadios. Está a punto de celebrar un arreglo con Miami Dolphins, equipo que se apresta a invertir $400 millones a fin de optimizar el Estadio Sun Life en Miami Gardens. De acuerdo a las estipulaciones, el Condado proveerá asistencia financiera a la empresa –definida en el léxico del alcalde como “incentivos”– en juegos de Super Bowl y otros populares campeonatos. La subvención del Condado oscila entre $3 millones y $5 millones por cada Super Bowl. El costo anual por el conjunto de partidos queda a vuestra imaginación.
Las banderas de la irresponsabilidad social y el asistencialismo corporativo se izan en nuestras comunidades al compás de un himno adulador del poder y el prestigio. La sed por el desarrollo urbano es insaciable. Pero el manantial está seco.
Mejoran las autopistas e imponen más peajes. Erigen fastuosos teatros y museos, y dejan en el olvido a los artistas locales. Otorgan concesiones del patrimonio público a grandes figuras y solo los que pagan pueden disfrutarlo. Abundan las “víctimas” de los plausibles cambios. En el estacionamiento del progreso, muchos simplemente se quedan sin puesto.
Esta historia fue publicada originalmente el 7 de junio de 2014, 8:25 p. m. with the headline "DANIEL SHOER ROTH: El oneroso costo del progreso."