Daniel Shoer Roth

DANIEL SHOER ROTH: Quien no sabe de abuelo, no sabe de bueno

“Las canas son corona de gloria, que se obtiene en el camino de la justicia”.

(Proverbios 16:31)

Bastimentos de sabiduría y experiencia, su dignidad es incomparable, porque procede de la esencia universal de la longevidad.

Avezados en el arte de sufrir y herederos del ímpetu de la raza, de toda alabanza son meritorios, porque en las grietas de su andar permean los secretos del futuro.

Dispensan cariño con franqueza, y por ellos gratitud sincera sentimos, porque, como decía un antiquísimo refrán: “Quien no sabe de abuelo, no sabe de bueno”.

Parece, empero, que estas cualidades milenarias han sido olvidadas en Miami. Porque aquí honrar a los mayores está en desuso. Viene la decrepitud y con esta la muerte rodeada de extraños en el inhóspito entorno de un asilo, donde las únicas lágrimas las sueltan las máquinas que a los residentes monitorizan –y a veces ni siquiera eso.

Por desgracia, la agresión y abusos de diversa índole, por acción u omisión, a estas frágiles e indefensas personas se manifiestan por doquier. El trato vejatorio y degradante se acentúa en algunas residencias de ancianos, al estos centros no suministrarles los mínimos cuidados higiénicos y asistenciales. La manifestación más flagrante del dolor y la humillación.

La impresión propia de los maltratos y las condiciones de internamiento de los adultos de la tercera edad son inscritos en informes de inspección emitidos por los Centros de Servicios de Medicare y Medicaid (CMS). Los episodios de negligencia en el Sur de Florida son tan asiduos que múltiples hogares reciben deplorables evaluaciones y cuantiosas multas, deduce un reportaje investigativo de Florida Bulldog reproducido en este diario. Su autor presentó una radiografía de diez establecimientos tachados con la peor calificación.

Como una radiografía del horror, las miserias que brotan a la luz, la mediocridad, la hostilidad, el derramamiento de sangre, dan escalofrío todas. Son verdades en las que la transgresión moral forma solo el elemento anecdótico, siendo el leitmotiv cardinal el más excesivo espanto.

Pacientes han sido hallados como trapos en el piso, sangrando de heridas. Infecciones se han propagado por falta de higiene, como pestes contagiosas. Infestaciones de insectos provocaron mordeduras y picaduras en pieles sensibles y necróticas. Moretones, contusiones, hematomas, ojos hinchados y codos magullados a la orden del día. Olores desagradables, emanaciones pútridas de los basureros y materiales fecales acumulados en las instalaciones. Residentes abusados, robados y lastimados por el personal responsable de su bienestar. Graves errores en la administración de medicamentos resultaron muy nocivos, hasta propiciar la hospitalización de los convalecientes. Pañales y almohadillas mugrientas… ¡Qué cuadro infernal! ¡Qué acciones impuras, qué pasmo!

¿Dónde están los políticos, que siempre mendigan por el voto de las personas mayores, cuando estas ya no pueden ejercer el sufragio por su senilidad? Peor aún, ¿dónde están los familiares que ingresan a sus seres queridos en los asilos y los abandonan, considerándolos un fardo pesado? ¿Cuántos residentes con deterioro síquico y sin plenas facultades jamás reciben una visita y son privados del sanador calor humano?

Es indispensable que las conductas de los individuos despiadados que no creen en la dignidad de sus pacientes –y especialmente la de los dueños de estos negocios fustigados por los reguladores federales– sean reprimidas bien por vía civil o penal como causantes de daños morales, emocionales o físicos.

Ese amor acendrado que nuestros abuelos derramaron como un bálsamo suave por la comprensión y el cariño debiera ser retribuido a todas las personas mayores para aclarar las tinieblas que llenan de luto los hogares para viejos. Evoquemos hoy aquel Proverbio que reza: “La fuerza es el adorno de los jóvenes, las canas, el honor de los ancianos”.

Columna dedicada a los ancianos abandonados y enfermos.

Escritor venezolano, periodista, biógrafo y cronista de Miami.

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