Fabiola Santiago

Esta vez, convirtamos en acción nuestro dolor y furia. Ni un tiroteo más en las escuelas.

Nikolas Cruz, autor de la masacre que dejó 17 muertos, se presenta por videconferencia ante la jueza Kim Theresa Mollica en Broward. Cruz enfrenta 17 cargos de asesinato premeditado en el tiroteo del miércoles pasado en la secundaria Marjory Stoneman Douglas.
Nikolas Cruz, autor de la masacre que dejó 17 muertos, se presenta por videconferencia ante la jueza Kim Theresa Mollica en Broward. Cruz enfrenta 17 cargos de asesinato premeditado en el tiroteo del miércoles pasado en la secundaria Marjory Stoneman Douglas. Sun Sentinel

El día que celebramos el amor y la amistad, otro joven obsesionado con las armas —y empoderado por el fácil acceso a ellas en Estados Unidos— destrozó la vida de alumnos y maestros en una escuela secundaria del sur de la Florida.

Las imágenes salidas de la Escuela Secundaria Marjory Stoneman Douglas son inolvidables: una niña caminando en fila durante la evacuación con un enorme oso de peluche y globos de San Valentín; una madre esperando a saber si su hijo estaba muerto o vivo, vestida con una camiseta rosada que decía Be Happy; el asesino de 19 años, sin expresión en el rostro, tirado sobre la hierba cuando lo detenían. Quiso matar, pero él quería salvar su vida.

Antes, los tiroteos escolares eran cosas que sucedían en otras partes, pero esta vez el terror tocó a la puerta en nuestra casa: Parkland, una zona suburbana llena de áreas verdes que hace no mucho fue escogida como una de las más seguras del país, la clase de lugar donde los terrenos de béisbol y fútbol están llenos de actividad y alegría, y la gente atesora la majestuosa biblioteca.

El saldo de víctimas —17 fallecidos hasta el momento, y al menos 15 heridos— lo convierte en el peor tiroteo en una escuela desde la masacre en la Escuela Primaria Sandy Hook en Newtown, Connecticut. Este es el tiroteo número 18 en una escuela en el país este año, y todavía estamos a mitad de febrero. Es también el tercer tiroteo de grandes proporciones en la Florida en dos años.

He llorado mucho más de lo que imaginé que podría. Estoy harta después de años de escribir de este tipo de tiroteos, y de que los funcionarios, los legisladores en el Congreso y en particular en el estado de la Florida, no tomen medidas para impedirlos. Se limitan a tomar medidas que amplían la proliferación de armas como el AR-15, el fusil semiautomático que Nikolas Cruz usó el miércoles.

School Shooting Florida
Esta es la imagen del perfil de Nikolas Cruz en su cuenta de Instagram. Cruz ha sido acusado de 17 cargos de homicidio premeditado en la masacre del miércoles pasado en secundaria Marjory Stoneman Douglas, que perpetró con un fusil semiautomático. Instagram via AP

Como madre de dos maestras —una en Broward quien conocía a algunas de las víctimas— ya no puedo más. Quiero agarrar a mi familia y salir corriendo, educar a los niños en casa, ocultarme de toda esta locura.

El derecho de nuestros hijos a educarse en paz y el derecho de nuestros maestros a enseñarles en un ambiente seguro es mucho más importante que la interpretación abierta de la Segunda Enmienda de la Constitución que le ha lavado el cerebro a los estadounidenses y los ha dejado a merced de la National Rifle Association.

Queremos despertarnos en un Estados Unidos que haya recapacitado, no uno en que nuestra Legislatura estatal estudie constantemente proyectos de ley para que haya más armas en la Florida.

Queremos despertarnos en un Estados Unidos en que el Congreso —y el presidente— no sean esclavos de los fondos de campaña y cabildeo de la NRA, lo que perpetua a legisladores mediocres en el poder que votan en su favor, nunca el nuestro.

Los derechos de nuestros hijos son más importantes que el derecho del senador Marco Rubio de amasar $3.3 millones en contribuciones de la NRA.

“Yo quisiera que esta comunidad despertara de una p_ _ _ vez”.

Eso es lo que dijo mi hija maestra, una mujer de buen corazón y buenos modales, cuando finalmente enfureció el miércoles por la noche después de mostrar más aplomo y claridad que yo en medio de la crisis del tiroteo.

Yo solamente podía sentir aún más indignación mientras miraba al gobernador Rick Scott y a la procuradora general de la Florida, Pam Bondi, los dos entusiastas de la NRA, repartir oraciones y pensamientos en una conferencia de prensa en Parkland, además de ofrecer el pago de los funerales y asesoría psicológica. Como si eso pudiera compensar el hecho de que la masacre ocurrió cuando ellos están en el poder defendiendo la agenda republicana partidaria de las armas de fuego.

El nuestro es “un estado enfocado en la seguridad de nuestros hijos”, dijo Scott. Qué cínico. La Florida, bajo su mando, es un estado centrado en el crecimiento del negocio de las armas de corazón y alma. En el 2014, la NRA aplaudió el “historial sin rival” de apoyo de Scott. “Rick ha firmado más proyectos de ley favorables a las armas en un solo período que cualquier otro gobernador en la historia de la Florida”, señaló la NRA.

Para los políticos, estas víctimas más recientes de la violencia con armas de fuego son sólo una oportunidad para parecer humanos ante las cámaras cuando su historial indica lo contrario. Pero para las personas que los conocen, el dolor es real. No son nombres en una lista, sino parte de una familia grande de comprometidos educadores de Broward y jóvenes que ya no tendrán un futuro.

Esta vez usted tiene la culpa, gobernador Scott. Esta vez ustedes tienen la culpa, legisladores de la Florida.

Esta vez, ustedes tienen la culpa, legisladores federales.

Esto ha sucedido bajo su mando, Donald Trump.

Usted, señor presidente, no puede huirle al asunto de las armas como su amigote Scott, con la misma retórica de siempre.

“¡Usted pueden evitar que las armas lleguen a las manos de estos niños!”, gritó en televisión la madre de una víctima. “¡Puede hacer mucho! ¡Yo acabo de pasar dos horas haciendo los arreglos del funeral de mi hija de 14 años! Presidente Trump, escuche, por favor, ¡haga algo!”

Ya estamos hartos. No lo vamos a tolerar más.

No lo vamos a juzgar por el tamaño de su estúpido desfile militar, sino porque lo que haga sobre la violencia con las armas de fuego. Nuestras voces se levantarán con la fuerza de nuestro voto a partir de ahora. Ya está sucediendo en todas las elecciones desde noviembre del 2016; nos despertamos con lentitud pero con fuerza.

Basta ya.

Republicanos, todas las habladurías sobre la adoración a las armas, los pensamientos y oraciones hipócritas, no significan nada para las personas a quienes arrancaron de esta vida, a los lesionados y a las familias destruidas por un dolor inimaginable.

Nadie en la Escuela Secundaria Marjory Stoneman Douglas será la misma persona que antes. Ningún alumno, ningún maestro en cualquier escuela de Estados Unidos estará seguro bajo el gobierno de personas elegidas que piensan que las armas de guerra tienen un lugar en las calles.

Nadie necesita armas de asalto para salvaguardar sus casas o negocios. Nadie las necesita para cazar. El hombre ha cazado en busca de comida y por deporte desde el principio de los tiempos. Esa clase de poder de fuego es una invención de cobardes, y ganancias para una industria espabilada.

Esas armas están matando a nuestros hijos.

A raíz de la tragedia, me dice un amigo, lo que importa no es el ‘qué’ ni el ‘cuándo’, sino el ‘por qué’ y el ‘cómo’.

Después que estudiamos todos los detalles sangrientos del rostro del mal y todos los detalles de las sangrientas matanzas a tiros, una tras otra, confirmamos que el ‘por qué’ y el ‘cómo’ apuntan a esa veneración única que hay en Estados Unidos por las armas.

Los locos somos nosotros por dejar pasar esta verdad vital sin tomar acción de verdad. Esperamos, carnada fácil, por el próximo rostro del mal.

Basta ya.

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