Fabiola Santiago

Rosselló podría poner fin a la crisis política de la isla con una palabra: renuncio

El gobernador de Puerto Rico, Ricardo Rosselló, podría poner fin a la crisis política de la isla con una sola palabra: renuncio.

Ya debería haberlo hecho, pero rechaza las crecientes reclamaciones para que renuncie.

Es solo cuestión de tiempo. El paro nacional del lunes, convocado por el pueblo, tiene gran apoyo comercial.

Es poco probable que sobreviva su mal manejo de este estado libre asociado de Estados Unidos que viene sufriendo de una recesión durante una década y, a pesar de las medidas de austeridad impopulares de Rosselló, continúa con miles de millones de dólares en deuda.

Es poco probable que sobreviva al último escándalo de corrupción de su administración —la canalización de $ 15.5 millones en contratos a consultores conectados políticamente, y el uso por parte de sus empleados de canales de comunicación privados para realizar negocios públicos.


Y por supuesto, no va a sobrevivir a lo que 889 páginas filtradas de intercambios de chats con socios cercanos que revelan detalles sobre su integridad, su carácter —y su uso de palabras tan groseras que superan incluso la vulgaridad del presidente Donald Trump.

Su palabra favorita en español para referirse a las críticas femeninas de su administración: p....

Su desdén por la comunidad LGBTQ, y al mismo tiempo por las mujeres, se manifiesta de forma retorcida con respecto a la orientación sexual del cantante Ricky Martin.

“Estimado Consejo de Supervisión, ¡jódanse!”, escribió Rosselló refiriéndose al consejo federal que supervisa la crisis financiera de Puerto Rico.

El Centro de Periodismo Investigativo de Puerto Rico publicó los mensajes cargados de obscenidades entre Rosselló y 11 de los miembros de su Gabinete y principales funcionarios, intercambiados a través de la aplicación de mensajería Telegram (sus “hermanos”, los llama él). Bravo.


Con razón los puertorriqueños de la isla y el continente exigen la renuncia de Rosselló —#RickyRenunciaAhora— durante protestas masivas que han incluido a celebridades como Martin y el cantante de trap Bad Bunny en San Juan y al creador de “Hamilton”, Lin-Manuel Miranda, en una manifestación en Nueva York.

Algunas protestas en la isla se tornaron violentas y destructivas, y la policía disparó gases lacrimógenos y balas de goma contra los manifestantes reunidos el miércoles por la noche frente a La Fortaleza, la residencia oficial del gobernador.

Otras protestas son pequeñas pero conmovedoras, como la de una mujer que entró en una oficina municipal, tomó la fotografía de Rosselló y la colocó en el suelo boca abajo.

Jóvenes y viejos, cualquiera que sea su partido político, se sienten asqueados por el comportamiento de su gobernador.

Pero sus quejas son más profundas que lo que atañe a las charlas emocionantes.

La violencia y los enfrentamientos con la policía son la expresión de una ira y una frustración no resueltas ante la falta de soluciones de problemas profundamente arraigados en una isla que ni es una nación soberana ni un estado de EEUU.

La corrupción histórica y la gobernanza incompetente son las cuestiones principales.

Ya era suficientemente grave que la respuesta de Rosselló a la devastadora catástrofe del huracán María en 2017 fuera lenta e inepta, permitiendo que Trump se burlara de su gobierno y se saliera con la suya, dándoles a los puertorriqueños, que son ciudadanos estadounidenses, menos ayuda de la que necesitaban y merecían.

Rosselló tardó un año entero en reconocer las 4,625 muertes como consecuencia del huracán María registradas en un estudio de la Universidad de Harvard. Su idea de recuperación incluía encubrir el alcance de los problemas.

La oscuridad solo genera más corrupción —y estamos viendo los resultados con los arrestos del FBI del jefe de la Administración de Seguros de Salud de Rosselló y la Secretaria de Educación por acusaciones de corrupción.

La poca visión de Rosselló y el burdo, arraigado machismo —este último evidente en las conversaciones que se filtraron con colaboradores cercanos, que han aumentado la indignación— pueden no permitirle ver que la agitación no tiene que ver solo con esos chats y que tiene que renunciar. No es suficiente que no vaya a las elecciones en el 2020 y que haya renunciado a la presidencia de su partido.

Si Rosselló tuviera un mayor sentido de dignidad, el gobernador habría asumido toda la responsabilidad de lo que está sucediendo en lugar de pronunciar una tibia disculpa por su uso de palabras ofensivas, misóginas y groseras para hablar de enemigos y amigos (sí, así de burdo es).

“Me disculpo por lo que he hecho, pero debo seguir adelante y continuar con el trabajo que estamos haciendo”, dijo en una conferencia de prensa.

Otra vez, colocándose primero, antes que su gente y el bienestar de Puerto Rico; poniendo su propia necesidad de seguir adelante mientras la isla se tambalea en indignación.

Debería dejar su puesto por el bien de su pueblo, que merece algo mejor, y por la economía de su país, que depende en gran medida del turismo. Los cruceros no se detienen cuando ven el humo de los disturbios en las calles.

Sí, tarde o temprano Rosselló tendrá que irse.

Pero, después de que Rosselló no esté en el poder, ¿entonces qué?

A largo plazo, más importante que su partida es asegurarse de que no sea reemplazado por otro oportunista político —y otro grupo de funcionarios públicos que utilizan el dinero público para llenar los bolsillos privados de unos pocos.

No se trata de poner fin a un momento de crisis política para Puerto Rico, sino de crear un cambio perdurable y exigir rendición de cuentas a los funcionarios electos.

Pero por el momento, sigan adelante luchando, puertorriqueños, hasta que renuncie “Ricky”.

Siga a Fabiola Santiago en Twitter: @fabiolasantiago. Correo: fsantiago@miamiherald.com.

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