Fabiola Santiago

La vicegobernadora Jeanette Núñez es la cara latina de la derecha antiinmigrante

Una mujer recrimina a otra por acosar a dos mujeres hispanas

Dos mujeres mexicanas estaban hablando en español en un supermercado de Colorado cuando una mujer las acosó. Fue entonces cuando esta heroína acudió al rescate.
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Dos mujeres mexicanas estaban hablando en español en un supermercado de Colorado cuando una mujer las acosó. Fue entonces cuando esta heroína acudió al rescate.

La vicegobernadora Jeanette Núñez ha olvidado el significado del acento y la tilde en su nombre.

La cubanoamericana, nacida y criada en Miami, y ahora la cara latina de la derecha antiinmigrante en la Florida, ha olvidado la orgullosa historia bipartidista y pro-inmigrante de los hispanos que la precedieron en el gobierno estatal.

Ellos trabajaron en nombre de la comunidad hispana, no en su contra.

No acomodaron la plataforma política racista de los nacionalistas blancos para que fuera más aceptable para los votantes hispanos; más bien lucharon por brindar oportunidades y celebrar el patrimonio, el multiculturalismo y la inclusión.

Por supuesto, siempre ha habido un feo manto de racismo en sectores de la comunidad cubana y una cepa de arrogancia y sentido de superioridad con respecto a otros grupos, un

a combinación perfecta con la ingeniería social que se propone hacer Trump.

Pero, en su mayor parte, los cubanoamericanos republicanos y demócratas que llegaron al poder político y se dedicaron al activismo cívico décadas antes de que Núñez entrara en escena, no se colocaron en el mismo escenario que los nacionalistas blancos que vomitan la retórica del odio de la “invasión” utilizada por Trump y por el asesino que mató a los latinos en El Paso.

Debería darle vergüenza.

Una residente de Lutz, en Florida, fue grabada insultando a los empleados de un salón de belleza por tener acento y no hablar inglés bien, según dos videos que se han viralizado en las redes sociales en los últimos días.

Su reciente presencia, compartiendo la cartelera en un evento republicano con un representante de la mal llamada FAIR (Federación Estadounidense para la Reforma de Inmigración), una organización que promete “derrotar la anarquía de la inmigración” en la Florida, es incalificable.

A FAIR se le califica como un “grupo de odio” por parte del Southern Poverty Law Center porque sus líderes tienen “lazos con los supremacistas y eugenistas blancos y han hecho muchas declaraciones racistas”.

Esta misma organización ayudó a redactar el proyecto de ley que prohíbe las ciudades santuario, aprobado por la Legislatura de Florida dominada por los republicanos y promulgado por el jefe de Núñez, el gobernador Ron DeSantis.


DeSantis hizo campaña con Núñez usando una plataforma antiinmigrante de corte trumpista y usó lenguaje de vertientes racistas contra su oponente afroamericano. No se entiende cómo Núñez pudo compartir una campaña con un hombre cuya publicidad lo mostraba leyendo un libro a sus hijos sobre cómo construir un muro. Solo indica la cruda ambición de ella de ser la primera mujer cubanoamericana elegida para el puesto.

Admiro la ambición, pero ¿a expensas de su gente, de su silencio en medio del sufrimiento humano, de los niños en detención prolongada, de familias destrozadas por racistas que no pueden ver más allá de la piel morena?

En un débil intento de defensa Núñez no puede fingir que ignora lo que es FAIR, y las mentiras que los representantes de esa organización lanzan acerca de los inmigrantes indocumentados que según ellos agobian la economía y aumentan el crimen, ambas falsedades que no resisten la investigación y los datos.

“No puedo controlar cuáles individuos son invitados a los eventos”, dijo Núñez a una periodista del Miami Herald. “El solo hecho de hablar en él no es un respaldo a ningún grupo, ni a FAIR ni a otro. Sencillamente fui a hablar con las mujeres republicanas de North Dade y hasta allí llegó el asunto”.

¿Núñez tampoco sabe que este grupo de odio ayudó a redactar la legislación contra las ciudadades santuario que DeSantis dijo que sería prioridad durante su campaña, y que está perjudicando a las familias de la Florida, no solo a las que están formadas por inmigrantes, sino también por ciudadanos estadounidenses?

¿Está tan apartada del mundo real que Núñez y sus secuaces republicanos no saben que hay inmigrantes sin estatus cuyos cónyuges son ciudadanos estadounidenses nativos, cuyo origen se remonta por generaciones? ¿Ignora que hay niños nacidos en Estados Unidos que crecen escuchando todo el odio del presidente Trump y del Partido Republicano por sus familiares?

Si ella no lo sabe, ¿qué está haciendo en Tallahassee además de aportar su ceremoniosa presencia al lado de la esposa de DeSantis? ¿Qué más está haciendo además de conspirar para que uno de sus amigos republicanos obtenga la presidencia del Miami Dade College al convertir, a través de los nombramientos de DeSantis a la Junta Directiva, la búsqueda profesional en un circo republicano?

Núñez y la Federación de Mujeres Republicanas de North Dade, anfitrionas del evento, sabían exactamente lo que estaban haciendo cuando invitaron a FAIR con el pretexto de defender la inmigración legal y asegurar las fronteras, o sea el lenguaje codificado para desistir de los derechos humanos, la ley de asilo de Estados Unidos y la compasión.

Como copresidente de Latinos por Trump en 2020, Núñez, quien llamó a Trump “un estafador” en 2016 cuando intentaba ayudar al senador Marco Rubio, se ha convertido en la heredera, la persona clave y la defensora de lo que solían ser posturas antiinmigrantes solo anglosajonas.


Aquellos de nosotros con memoria institucional recordamos bien a esos personajes intolerantes en Miami-Dade. Son los mismos personajes cargados de odio que lucharon virulentamente contra el uso del español en la década de 1980 y cantaban “Cubans, go home!” (cubanos, vayánse a su casa) en las reuniones de ayuntamiento en ciudades como Hialeah.

Ahora, aquí tenemos a una cubanoamericana como defensora de lo que el Partido Republicano se ha convertido bajo el presidente Trump, la cama sobre la cual los racistas se encuentran cómodos.

Pero estoy aquí para recordarle lo que fuimos, y lo que algunos de nosotros todavía somos. Fuimos defensores de los derechos de los inmigrantes a tener una oportunidad justa para lograr el Sueño Americano, ya fueran trabajadores migrantes mexicanos y guatemaltecos, audaces polizones cubanos, nicaragüenses que cruzan la frontera o colombianos, argentinos y venezolanos que se quedaron después de vencer sus visas.

Debería darles vergüenza.

Los hispanos líderes en el estado —a través de su servicio en juntas como la Comisión Estatal de Asuntos Hispanos de la Florida y mediante el activismo cívico en grupos como SALAD, la Liga Hispanoamericana contra la Discriminación— lucharon contra los racistas.

Fueron embajadores de su gente, no traidores, vendidos a los mercaderes y facilitadores de odio que comercian con la retórica nacionalista blanca.

Se opusieron al mismo tipo de personas con las que ahora se unen Núñez y los partidarios de Trump cubanoamericanos.

Que los cubra la vergüenza a todos ellos.

Twitter: @fabiolasantiago. Correo: fsantiago@miamiherald.com.

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