A pesar de las calumnias de algunos, no soy comunista
Ya es demasiado cuando un tipo en Pembroke Pines te tilda de comunista por escribir una columna sobre Scott Israel, el sheriff expulsado del condado de Broward.
“Nunca he pensado en ningún otro ser humano como comunista, excepto usted”, me escribe el Sr. Fox.
Lean eso de nuevo. Es todo un bocado.
Yo, una exiliada cubanoamericana que huyó del comunismo, soy la única persona en el mundo que él ve como comunista.
Qué suerte la mía.
No, no lo descarten como un ser ignorante.
Es un ser humano normal con un trabajo normal que requiere que use el cerebro aunque sea en el aspecto matemático. Lo investigué. Es real, no es un robot ruso que causa problemas y no se ocultó en una dirección de correo electrónico ficticia.
Iba a agradecerle por leer mi columna y por escribirme y seguir yo por mi camino escribiendo sobre temas más importantes. Pero la acusación del Sr. Fox se está difundiendo por todos lados recientemente con el aumento de candidatos demócratas de centroizquierda.
Merece revisión y respuesta.
Hubo profundidad en la forma como el Sr. Fox se expresó antes y después de llamarme comunista. Y tenía un punto de vista razonable y comúnmente compartido por otros lectores que no hicieron su conexión ideológica cuando me escribieron en respuesta a mi columna sobre el derrocamiento de Israel.
Muchos creen que no importa si Israel —cuyo departamento manejó mal la respuesta al tiroteo del Aeropuerto Internacional Fort Lauderdale-Hollywood y la matanza en la Escuela Secundaria Marjory Stoneman Douglas— haya sido elegido o designado. Yo sí lo creo.
El gobernador republicano Ron DeSantis tuvo razón al destituir a Israel de su cargo y también la tuvo el Senado, dominado por republicanos, cuando confirmó el derrocamiento esta semana, creen Fox y otros. Pero la decisión de destituir a un funcionario electo no condenado por un delito sienta un precedente peligroso para Florida, argumenté yo. Especialmente cuando la persona expulsada es del partido político contrario y había pedido un control de armas más estricto después del tiroteo de Parkland, enojándo a los republicanos amantes de la NRA que lo han expulsado.
Después de la confirmación de la decisión del Senado, Israel proclamó, desafiante: “Me postulo para las elecciones en 2020”. Si bien entiendo su obstinación a la luz de un informe que favoreció su reincorporación, me pregunto si Israel ha considerado si prolongar esta lucha beneficia los mejores intereses de la comunidad. Israel sabe que muchos demócratas no lo quieren nuevamente en ese cargo.
Entonces, ¿por qué un remoto lector de Broward alejado de la política de Miami me tilda de comunista en este contexto, y por qué me molesto en dejar las cosas claras?
La práctica de etiquetar casualmente a las personas de comunistas ha aumentado en el estado de Florida desde que ayudó a DeSantis a ganar una elección muy cerrada contra el alcalde progresista de Tallahassee, Andrew Gillum.
El Partido Republicano ha exportado la táctica de campaña de insultos como comunista y socialista ahora también fuera de Miami.
Bienvenido al lado oscuro, Sr. Fox.
Ser tildada de comunista no es nada nuevo para mí.
Es uno de los epítetos más chabacanos que se usan en Miami, y, aunque ha perdido fuerza debido al uso excesivo, sigue siendo eficiente cuando se hace campaña política en distritos donde votan las verdaderas víctimas del comunismo. El espectro del “coco” comunista se apodera del espacio y acalla la conversación sobre el meollo de los problemas que realmente afectan la vida de la gente, como la atención médica y la inmigración.
Aquellos en la política que me llaman comunista, o con la misma intención de difamar al estilo soviético me tildan de socialista, ahora más popular, son una casta especial. Han convertido en un deporte el apodar a cualquier persona con una opinión contraria de comunista y agente de Castro para alarmar y confundir a los votantes.
Lo hacen únicamente para obtener ganancias políticas burdas y baratas.
Pero hay seres entre nosotros que han perdido su patria y sus seres queridos por la causa honorable de una Cuba, una Venezuela, una Nicaragua democráticas y arremeten usando el epíteto desde su dolor y pérdida.
Los entiendo y los perdono. Algunos de nosotros somos personas irreparablemente lesionadas.
Luego, está el Sr. Fox que sale de la nada con su observación.
No soy comunista, ni por ningún esfuerzo de la imaginación estadounidense. Pero si lo fuera, me lo apropiaría. No está en mi carácter rehuir de quién soy, sin importar cuán defectuoso sea.
Y lo que sí es cierto es que soy una pensadora crítica, una periodista que investiga y escribe opinión. No acato ninguna línea del partido, ni siquiera cuando voto.
Por lo tanto, en Cuba la nomenclatura me ve como una traidora anticomunista, una gusana. En la América derechista soy simpatizante comunista. El Sr. Fox señala mis escritos como prueba.
Veamos: Al principio de mi carrera relaté la tortura y el abuso de las cárceles de Fidel Castro cuando la única manera de informar sobre ellos era gracias a las narraciones escritas de contrabando por presos en pequeños trozos de papel de cebolla. Cuando Castro murió en 2016, escribí un “¡por fin!” de despedida.
Avancemos rápidamente a la administración anterior cuando, al acoger la política de compromiso del presidente Barack Obama y la restauración de las relaciones diplomáticas con Cuba, critiqué aspectos clave de su ejecución.
Y hace solo dos domingos, condené la represión renovada y una “elección” falsa bajo el gobierno de un solo partido del Partido Comunista.
Ay, la mala memoria, la inclinación a olvidar la verdad incómoda.
Mi poeta cubano favorito, Heberto Padilla —un hombre que sufrió las indignidades del comunismo real, no aquellas preparadas del tipo estadounidense y lanzadas por una conexión invisible de Internet— escribió sobre el tema en su autobiografía y en su conmovedora poesía.
“Di la verdad. Di, al menos, tu verdad.
Y después
deja que cualquier cosa ocurra:
que te rompan la página querida,
que te tumben a pedradas la puerta,
que la gente
se amontone delante de tu cuerpo
como si fueras
un prodigio o un muerto.”
Gracias, señor Fox, por la oportunidad de abordar nuevamente mi verdad.
No importa lo fuerte que alguien grite, yo no soy comunista.
Twitter: @fabiolasantiago. Correo: fsantiago@miamiherald.com.
Esta historia fue publicada originalmente el 28 de octubre de 2019, 5:18 p. m..