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Fabiola Santiago

A pesar de las playas fétidas, DeSantis no quiere regular los contaminadores agrícolas

Soñaba con pasar unos días en mis playas favoritas de la Florida en las islas de Sanibel y Captiva, pero al cruzar el puente, la fetidez en el aire presagiaba malas noticias.

Ante mí, las aguas azules del Golfo, que normalmente brillan, tenían un grueso tono marrón espeluznante.

En la playa del faro de Sanibel, los montones de algas rojas de olor tóxico eran tan grandes y olían tan atrozmente, que todo lo que pude hacer fue salir corriendo rápidamente por una pasarela para echar un vistazo, y luego tuve que huir. Casi vomito. Mis ojos me ardieron instantáneamente. Sentí que no podía respirar.

Una vez más, los contaminadores de la Florida se habían salido con la suya: ensuciar el paraíso.

En una repetición que se ha vuelto deprimentemente familiar, la descarga agrícola tóxica del lago Okeechobee había atravesado el río Caloosahatchee y el estuario hasta llegar a las playas del condado Lee.

Presencié la debacle a principios de septiembre cuando buscaba una playa limpia y no encontré ninguna. En Bowman’s Beach, había menos algas rojas, pero la playa todavía apestaba. En Captiva, pequeñas partículas negras en las aguas cercanas a la costa dejaron una capa negra de hollín en la arena.

Más de un mes después, las estaciones de noticias locales reportaron una gran mortandad de peces la semana pasada en toda la playa de Fort Myers, y el condado Lee registró concentraciones de bajas a medias de marea roja.

¿Qué se hizo de la indignación que escuchamos el año pasado? ¿Por qué ya no hablamos de esto?

El problema no desapareció cuando “Red tide Rick”, (Rick, el de la marea roja) también conocido como el Gobernador Rick Scott, se mudó al Senado de Estados Unidos. Y no se marchó con las promesas del gobernador Ron DeSantis de que haría los cambios necesarios a la regulación ambiental para evitar que las toxinas continúen contaminando las playas una y otra vez.

En efecto, el plan que DeSantis dio a conocer el miércoles para mejorar la calidad del agua y prevenir los efectos tóxicos de las floraciones de algas, aunque ampliamente elogiado por algunos líderes ambientales, deja que los contaminadores agrícolas se vigilen a sí mismos.

La escorrentía agrícola fue identificada por la Fuerza de Trabajo de Algas Azul-Verde (Blue-Green Algae Task Force) como una fuente clave de nutrientes que causan la proliferación de algas tóxicas. Pero en lugar de adoptar estándares más estrictos, el gobernador permite que sea la misma la industria que continúe implantando reglas para el uso de agua, fertilizantes y pesticidas, informó el Miami Herald.

Y el cumplimiento de las normas y estándares es voluntario para los agricultores.

Estas políticas son las que nos han llevado a donde estamos hoy.

¿No le impresiona la mortandad de peces en Fort Myers Beach o el hedor en la isla de Sanibel, gobernador?

Se puede encontrar la prueba de lo bien que ha funcionado dejar los estándares en manos de la industria en las playas del suroeste de Florida, donde acaba llegando la escorrentía agrícola.

Las playas limpias deberían ser un tema en el que todos podamos estar de acuerdo.

No debería politizarse como una cuestión entre ecologistas liberales frente a una industria agrícola y ganadera de mil millones de dólares que data de tiempos indígenas. La salud de los floridanos no solo se ve comprometida por la contaminación, sino que los alquileres de vacaciones, los restaurantes y el resto de la clase trabajadora que conforma la industria del turismo se ve afectada cuando no podemos nadar en nuestras playas. No está por demás decir que los pescadores también necesitan océanos y ríos saludables.

Sí, hay una gran cantidad de componentes en lo que afecta a nuestras playas, desde las descargas de alcantarillas hasta los niveles hídricos en el lago Okeechobee. Pero el proyecto de ley del gobernador, además de la escorrentía, tampoco aborda un control más estricto de los pozos sépticos.

Una de las soluciones que los ambientalistas han pedido es un control más estricto del fósforo que fluye hacia el lago Okeechobee desde las granjas circundantes. ¿Cómo se puede llamar un proyecto de ley “integral” sin abordar el elefante en la habitación —la contaminación del agua?

Elogiemos a DeSantis por la voluntad y el esfuerzo, sí.

Pero el gobernador puede hacer mucho más que rendirse ante las mismas políticas ambientales fallidas que dieron como resultado las fétidas y lamentables playas de Florida.

Twitter: @fabiolasantiago. Correo: fsantiago@miamiherald.com.

Esta historia fue publicada originalmente el 21 de octubre de 2019, 1:40 p. m..

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Fabiola Santiago
Opinion Contributor,
Miami Herald
Award-winning columnist Fabiola Santiago has been writing about all things Miami since 1980, when the Mariel boatlift became her first front-page story. A Cuban refugee child of the Freedom Flights, she’s also the author of essays, short fiction, and the novel “Reclaiming Paris.” Apoye mi trabajo con una subscripción digital
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