Fabiola Santiago

Cuba ‘elige’ un nuevo presidente y el mundo bosteza

La Asamblea Nacional de Cuba es hábil en una materia: aplaudir con entusiasmo los resultados de “elecciones” en las que solo hay un candidato.

Así es que no sorprende la votación del pasado jueves: el lacayo del Partido Comunista y protegido de Raúl Castro, Miguel Díaz-Canel, sigue siendo presidente de Cuba.

Ni las sanciones de la administración Trump ni el moderno sombrero y guayabera blancos que lució en el desfile del Primero de Mayo han suavizado el historial y la imagen de Díaz-Canel.

Ha gobernado durante el período posterior a Fidel Castro en Cuba donde no se ha visto ninguna reforma política, ninguna mejora en los derechos humanos, y solo el regreso a la línea dura con poca tolerancia a la disidencia. Y después de que los Castro desaprovecharon la rama de olivo del acercamiento del ex presidente Barack Obama, no ha habido nada más que una hostilidad mutua renovada bajo el presidente Donald Trump.


La nueva Constitución cubana ratificada en febrero, y abiertamente rechazada de alguna manera por 2 millones de cubanos que están más conectados con el mundo exterior y son más difíciles de engañar, es peor que la anterior. Por un lado, institucionaliza medidas represivas como la censura en las artes y mantiene la pena de muerte por “traición” (que en Cuba puede significar cualquier cosa que el gobierno decida) como ley constitucional.

Sí, esta “elección” o nombramiento es más de lo mismo.

Estadounidenses, ahora pueden bostezar. Y seguir lamentando que la fiesta de la era de Obama en Cuba se haya terminado.

Aunque sería bueno que lo hicieran, no espero que conviertan el entusiasmo que demostraron por viajar en autos viejos y cenar en paladares, en indignación, en denuncias y en activismo en nombre del pueblo cubano que se enfrenta a otra ronda perdedora con una nueva generación de líderes totalitarios que nacen de la vieja podredumbre.

La resistencia de Estados Unidos frente al conflicto mundial apenas dura los 15 minutos de fama generados por un despertar en Hong Kong o el abandono de los aliados kurdos.

La miseria económica y la represión en Cuba —más recientemente, el arresto selectivo y el encarcelamiento de periodistas, artistas y jugadores de video bajo Díaz-Canel— no son noticias seductoras. Para los ajenos a la tragedia, es más de lo mismo, y no importa qué tan severo sea para la gente de la isla, al régimen cubano se le da el beneficia de la duda.

Por loco que parezca, el régimen ahora incluso obtiene apoyo de parte de los funcionarios de inmigración de la administración Trump que argumentan en los tribunales que los cubanos que huyen de la isla no se enfrentan a la persecución, a pesar de casos bien documentados.

¿Qué tan malas pueden ser las cosas por allá si The New York Times presenta un viaje a través de la mágica Cuba musical en su sección de viajes, verdad? Las paredes derruidas que enmarcan los tambores en la sala de ensayo de Los Muñequitos de Matanzas son tan... ¡evocadoras!

¡Imagínese eso, la música nunca termina en un país sin gasolina, sin alimentos básicos y, sobre todo, sin libertad!

No importa. Los $1,000 que los cubanoamericanos pueden enviar cada tres meses, bajo los límites establecidos por Trump, proporcionarán lo que hace falta.

Mientras tanto, la versión cubana del Parlamento hace poco más que aprobar sin crítica a Díaz-Canel y retirar a un par de viejos de línea dura, Ramiro Valdés, de 87 años, y Guillermo García Frías, de 91, comandantes que desempeñaron papeles claves desde los días de la guerra de guerrillas.

El más poderoso de los dos, el antes temido Valdés, mantiene su puesto junto a Raúl Castro en el dominante Buró Político del Partido Comunista, otra señal de que este régimen no está cediendo una pulgada al pluralismo. Ni siquiera 60 años de dictadura más tarde, cuando algunos de los hijos y nietos de la nomenclatura cubana viven en el exilio en Miami y Tampa.

Ay, Cubita, la interminable telenovela de capítulos mal escritos.

Desde La Habana, los titulares del Granma oficial dicen que ahora se puede llamar a Díaz-Canel por su título oficial, “presidente de la República de Cuba”, y que pronto este nombrará un primer ministro.

“Elegido” es el verbo sobresaliente y más utilizado.

Pero no votó ni un solo cubano aparte de los delegados del partido.

Los observadores incondicionales de Cuba seguiremos atentos, leeremos entre líneas, mientras los cubanos sufren más indignidades — y el resto del mundo bosteza de aburrimiento.

Twitter: @fabiolasantiago. Correo: fsantiago@miamiherald.com.

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