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Fabiola Santiago

¿Qué hay que hacer para que los cruceros Carnival dejen de contaminar los océanos?

Una declaración de culpabilidad, $20 millones en multas, probatoria, y monitores ordenados por los tribunales no han logrado evitar que Carnival Corporation, el operador de cruceros más grande del mundo, siga contaminando nuestros océanos.

La juez federal Patricia Seitz está tan frustrada por el incumplimiento de los ejecutivos de Carnival Corp. de detener el vertido ilegal de petróleo y desechos que perjudica el medioambiente, que ha hecho reclamos personales al presidente de la empresa, Micky Arison.

Él tiene que hacerse responsable y comprometerse personalmente con el bienestar del medioambiente, le ha dicho ella.

Pero él levanta los brazos en un conveniente gesto de desesperación.

El multimillonario que figura en la lista de Forbes y es dueño del Miami Heat dijo que ha empoderado a su equipo, dándoles “carta blanca” para hacer lo necesario para solucionar el problema.

“No sé qué más puedo hacer”, dijo Arison recientemente al tribunal, citando su filantropía y la de su compañía para ayudar a reconstruir las Bahamas después del huracán Dorian y la donación de $1 millón a las labores de asistencia contra incendios forestales de Australia.

Qué manera tan vergonzosa de escurrir la responsabilidad.

Recaudar dinero para causas dignas (y de su propio interés en el caso de las Bahamas, donde Carnival hace grandes negocios) no le compra a la compañía ni a su presidente licencia para arrojar desechos contaminados con petróleo a las aguas del océano.

La compañía con sede en Miami es el peor delincuente de las líneas de cruceros, el peor contaminador de todos, con un historial de participar en encubrimientos.

En el último incidente, el 2 de enero, el Carnival Elation derramó unos 5,600 galones de aguas grises al mar en el Puerto Cañaveral.

Los funcionarios de la compañía explicaron que una válvula falló y descargó las aguas residuales no cloacales sobrantes de duchas, baños, lavabos e instalaciones de lavandería. La Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos dice que esa agua puede contener bacterias, patógenos, aceites y grasas, detergentes y residuos de jabón, metales, sólidos y nutrientes.

Con el historial de Carnival, ¿quién puede creer con confianza que el incidente no fue intencional?

Seguramente, los turistas que quieren disfrutar de un crucero no se sienten bien al viajar en un barco que contribuye a la destrucción de los arrecifes oceánicos, a los hábitats de la vida marina y que contamina el océano en el que nadamos.

Los malos actores les quitan la alegría a los viajes en crucero.

Y ya hay suficientes problemas con lo que no se puede controlar.

Actos de suicidio de personas que se caen o saltan por la borda suceden con alarmante regularidad. El norovirus estuvo causando terribles estragos de salud durante un tiempo entre los viajeros. Accidentes ocurren, como aquel de dos barcos de Carnival que chocaron en diciembre en el puerto de Cozumel, lesionando a seis pasajeros.

Si a esto le sumamos el desprecio de Carnival por los monitores ambientales y el desdén por la calidad del agua con la que la empresa obtiene ganancias, uno se pregunta por qué los fiscales no presentan cargos criminales contra las personas responsables.

Dada su historia, queda claro que la compañía considera las multas como el precio de hacer negocios.

En 2016, su línea Princess Cruises tuvo que pagar una multa de $40 millones por tirar desechos aceitosos y encubrir los hechos. Fue la sanción más grande jamás impuesta por contaminación intencional por parte de los empleados de una embarcación.

No lo vuelvan a hacer, advirtió el Departamento de Justicia.

Pero eso no impidió que los cruceros Holland America Line de la compañía se involucraran en la práctica criminal de verter 26,000 galones de aguas grises de lavabos y duchas en septiembre de 2018 en la Bahía del Parque Nacional Glacier. El estado de Alaska los multó con $17,000.

Esto tampoco los detuvo.

En 2019, las violaciones incluyeron descargar plástico a las aguas de las Bahamas, falsificar registros y tratar de engañar a los inspectores asignados por la corte enviando equipos para lavar las ofensas antes de las inspecciones.

Los funcionarios de la empresa siguen diciendo que tienen un plan y que están trabajando para mejorar su historial ambiental, incluyendo la contratación de personas idóneas para el trabajo. Y estaban encantados de mostrarles a los periodistas una nueva máquina de reciclaje que separa el plástico de los desechos de alimentos.

Pero un juez federal no estaría intentando convertir a Arison en un ambientalista si el supervisor designado por el tribunal no hubiera encontrado violaciones repetidas en la flota de 105 barcos de la compañía.

Quemar combustible pesado sin filtrar en áreas protegidas.

Verter aguas residuales, productos químicos, desperdicios de alimentos, aguas grises aceitosas y basura al mar.

¿Qué se necesitará para que los cruceros Carnival dejen de contaminar los océanos?

Tal vez cuando los clientes indignados tomen el asunto en sus propias manos, elijan navegar en otra línea de cruceros y la compañía comience a perder dinero, Micky Arison se convertirá en el “Señor Ambientalista”.

Quizás entonces, hará lo que le corresponde: hacerse responsable y solucionar la situación, sin excusas.

Twitter: @fabiolasantiago. Correo: fsantiago@miamiherald.com.

Esta historia fue publicada originalmente el 20 de enero de 2020, 2:52 p. m..

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Fabiola Santiago
Opinion Contributor,
Miami Herald
Award-winning columnist Fabiola Santiago has been writing about all things Miami since 1980, when the Mariel boatlift became her first front-page story. A Cuban refugee child of the Freedom Flights, she’s also the author of essays, short fiction, and the novel “Reclaiming Paris.” Apoye mi trabajo con una subscripción digital
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