Parece que Marco Rubio quiere ser secretario de Estado en un segundo mandato de Trump
Más de 7,000 millas y eones de historia separan a West Miami, la pequeña ciudad que lanzó la carrera política de Marco Rubio, de Teherán.
Pero parte del lenguaje retórico que el senador de la Florida está usando en su apasionada defensa del controvertido ataque del presidente contra Irán es cosecha de casa.
“Cualquiera que salga y diga que no está convencido de que una acción contra Soleimani esté justificada, nunca se convencerá o simplemente se opone a todo lo que hace Trump”, tuiteó el miércoles después de salir de una sesión informativa de funcionarios de seguridad nacional que describió como “convincente” sobre el asesinato del general Qassem Soleimani.
Con razón, los estadounidenses se preguntan si el asesinato de Soleimani fue una acción sabia y necesaria, o una distracción del juicio político al presidente.
Pero en Rubioland no hay lugar para los incrédulos.
Si no estás con nosotros, estás apoderando al enemigo (que no es solo el régimen iraní, sino también los demócratas).
No hay lugar para matices.
Solo es aceptable discutir un tema si está dentro de los límites que establece el liderazgo, y Rubio los está decretando.
La táctica de anular la discrepancia antes de que tenga la oportunidad de florecer suena familiar en su ciudad natal. Es tan antigua como el exilio cubano (y su contraparte del otro lado del estrecho de la Florida, el gobierno cubano). Hay fortines y usted pertenece a uno o al otro.
En su encarnación moderna, esta filosofía política se manifiesta como un ferviente apoyo al presidente Donald Trump, y cualquiera que se desvíe es un socialista amante del comunismo. La afinidad del pensamiento político, así como la conveniente filosofía de odio de Trump hacia el régimen cubano, aunque trató de hacer negocios con él, es la razón por la cual los cubanoamericanos como Rubio son el único grupo hispano que apoya al presidente en grandes cantidades (50% es el estimado).
Trump, quien ordenó el ataque a Iran desde su propiedad de Mar-a-Lago en Palm Beach, ha impuesto sanciones a Cuba que han terminado prácticamente con el acercamiento del presidente Barack Obama, que Rubio lamentó a menudo denunciando que Obama había mantenido a los cubanoamericanos en el Congreso a oscuras sobre el tema.
Ahora, Rubio trabaja para Trump y Trump trabaja para Rubio, restringiendo aún más los viajes a Cuba al eliminar el viernes vuelos de chárter a nueve ciudades de Cuba.
Es un matrimonio hecho en el cielo. Ambos son los predilectos de los evangélicos y los cubano americanos de línea dura.
Dos días después de ordenar el ataque, Trump llegó al sur a West Kendall para celebrar un mitin de campaña y se jactó de haber matado al máximo general de Irán ante una multitud entusiasta en la mega iglesia evangélica El Rey Jesús. Dijo que había matado en nombre de la paz y se declaró el mejor amigo que los cristianos han tenido en la Casa Blanca
A pesar de crecientes dudas, particularmente después de la sesión informativa en la que los funcionarios insistieron en que Soleimani estaba tramando “ataques inminentes” contra Estados Unidos, pero dieron pruebas vagas, Rubio se ha aferrado a su posición sobre el ataque mortal de drones no tripulados a Irán con dedicación diaria.
En el recinto del Senado, en programas de noticias, en entrevistas con reporteros que acudieron a él, y en una serie de tuits apasionados, acentuados por aciagas citas de la Biblia, Rubio tampoco ofreció evidencia alguna, pero habló como un zar de relaciones exteriores.
También castigó a los medios de comunicación — periodistas estadounidenses que arriesgaron sus vidas para cubrir a Irán en el terreno— por “hacer propaganda” con el funeral de Soleimani.
Antes del asesinato, Rubio se había dedicado por igual a defender al presidente con respecto a su destitución y a impedir que el juicio progresara en el Senado.
Todo esto, y no le falto energía para opinar sobre las elecciones parlamentarias duales de Venezuela y los abusos contra los derechos humanos de China en un momento en que la política de Trump parece ineficaz en ambos frentes.
Lo cual plantea la siguiente pregunta:
¿Marco Rubio está apuntando a ser Secretario de Estado en un segundo mandato de Trump? Parece que sí.
Él dirige la política de la administración sobre Cuba y Venezuela, y en este momento crucial para Trump, él es el halcón que atrae a un público de cientos de miles de estadounidenses a sus palabras.
Hay una cosa muy clara.
El “romance político” entre Marco Rubio y Donald Trump, una relación de conveniencia surgida de las cenizas de su disputa de gran repercusión para la nominación presidencial de 2016, ha entrado en un nuevo capítulo.
El compromiso es real.
Podría haber un anillo de compromiso para Rubio en el futuro: el cargo de Secretario de Estado en el segundo mandato de Trump.
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