A Bernie Sanders se le debate con la verdad sobre Fidel Castro y Cuba, no con censura
Para la segunda parte (¿o son tres ahora?) de la saga “Bernie Sanders exalta el lado positivo de la represión en Cuba”, entra en escena la política partidista del exilio en Miami.
¡Todos a sus esquinas!
Aquí llega uno de nuestros ilustres líderes, el congresista republicano Mario Díaz-Balart, un pariente por matrimonio del difunto Fidel Castro, con una resolución que condena a Sanders en el Congreso por sus creencias políticas.
De forma característica Díaz-Balart anuncia su intención en una conferencia de prensa con los republicanos de la Cámara, hablando con urgencia eufórica, y señalando con su dedo acusador, muy parecido a Fidel. Insta a sus seguidores en Twitter: ¡Estén atentos a mi discurso en el recinto de la Cámara!
Todo esto es un espectáculo con el propósito de seducir a la base de electores en Hialeah-Miami Lakes, y arrinconar a sus colegas demócratas, Donna Shalala y Debbie Mucarsel-Powell, contra la pared cuando se trata de una censura oficial de un colega que resulta ser el candidato demócrata inicial para la nominación presidencial.
Pero el truco le salió mal.
Shalala y Mucarsel-Powell, quienes se enfrentan a viejos y nuevos opositores republicanos en noviembre, criticaron duramente a Sanders por sus elogios a Castro y al sistema educativo de Cuba en la entrevista de “60 minutos” del 23 de febrero.
“Espero que, en el futuro, el senador Sanders saque el tiempo para hablar con algunos de mis electores antes de que decida cantar las alabanzas de un tirano asesino como Fidel Castro”, dijo Shalala.
Las congresistas no tienen nada que demostrarle a Díaz-Balart.
No se alinearon a Sanders, como algunos manipuladores de noticias en Miami andan diciendo. Simplemente, no participaron en la votación, y la resolución de Díaz-Balart fracasó.
Apologista de la dictadura
No es que Sanders no merezca el regaño. Por supuesto que se ha ganado la crítica.
Se le ha presentado tres veces en bandeja de plata la oportunidad de aclarar su afición por Fidel Castro ante el público nacional, y todo lo que ha hecho es insistir en una posición que es objetiva y moralmente equivocada, sin importar dónde se encuentre uno en el espectro político.
“El autoritarismo de cualquier tipo es malo, pero eso es diferente a decir que los gobiernos ocasionalmente hacen cosas buenas”, dijo Sanders durante el debate del martes en Carolina del Sur.
“Ocasionalmente, puede ser buena idea ser honesto sobre la política exterior estadounidense”, agregó. “Y eso incluye el hecho de que Estados Unidos ha derrocado gobiernos en todo el mundo, en Chile, en Guatemala, en Irán, y cuando las dictaduras, ya sean chinas o cubanas, hacen algo bueno, lo reconoces”.
Los apologistas de las dictaduras quieren que veas el lado positivo de la represión.
Su tipo de totalitarismo ideológico, por supuesto.
No se escucha a los Sanders del mundo citar como punto de conversación positivo que la economía en Chile bajo el despiadado Pinochet fue excelente.
Está mal hecho en ambos casos, particularmente si se origina en la boca privilegiada de personas libres que realmente no saben lo que es vivir bajo un gobierno totalitario.
Pero, de la misma manera, ¿no tenemos principios democráticos más valiosos que defender aquí a favor de la Cuba que queremos democratizar, congresista Díaz-Balart?
¿No es justamente censura oficial de los opositores por sus creencias políticas lo que haría Fidel Castro? ¿Lo que sigue haciendo el régimen?
Hay una famosa fotografía histórica de los comandantes que lucharon en la revolución que con el tiempo ha perdido figuras como aquellas que luego se opusieron a Castro, fueron encarcelados o buscaron el exilio y fueron eliminados, borrados.
En su empeño frenético de ganar puntos para el Partido Republicano, usted perdió la oportunidad de enseñar con el ejemplo.
Debate, votación y verdad
No necesitamos borrar a Bernie Sanders.
Lo debatimos.
Votamos en contra de él en las urnas.
Contamos nuestras verdades sobre Cuba con hechos y testimonios.
El “programa de alfabetización” de Castro adoctrina a los niños con mensajes ideológicos, militariza los libros de texto y castiga a los opositores hasta el día de hoy. Lo que Sanders elogia al respecto, la alfabetización de las personas en las zonas rurales, ya estaba en marcha cuando Castro llegó al poder, con Cuba en el cuarto lugar de América Latina con una tasa de alfabetización del 76% en 1959, según las estadísticas de las Naciones Unidas.
Castro intensificó la alfabetización en 1961 al consolidar el poder, erradicando la prensa libre, silenciando a los artistas y nacionalizando la riqueza y las tierras. La campaña de alfabetización fue exitosa y la gente aprobó pruebas de alfabetización que indicaron un crecimiento del 23% pero su propósito era indoctrinar.
Como le dijo la artista cubana Tania Bruguera a la revista New Yorker: “Sí, nos enseñaron a leer y a escribir. Y luego nos prohibieron leer lo que queremos y escribir lo que pensamos”.
Sin embargo, si Sanders y sus seguidores todavía quieren creer que hay algo bueno en una dictadura de 61 años que prohíbe libros y personas, es su prerrogativa en este país que aún es libre.
La resolución de Díaz-Balart que condena a Bernie Sanders en el Congreso es el ejemplo clásico de cómo los cubanoamericanos de derecha perjudican su propia causa al jugar a la política partidista en cada oportunidad.
Cuando nuestros políticos usan a Cuba para obtener un beneficio partidista, lastiman la causa de la democracia, aquí y allá.
Twitter: @fabiolasantiago. Correo: fsantiago@miamiherald.com.
Esta historia fue publicada originalmente el 2 de marzo de 2020, 0:59 p. m..