El alcalde Carlos Giménez es un camaleón político y más
¿Vieron la nube de humos verdes que se elevaba por encima de todo el condado Miami-Dade el pasado miércoles por la tarde?
Fue la envidia colectiva de la gente que no está representada en la Comisión del Condado de la forma como la Comisionada Barbara Jordan ha defendido a sus electores de Miami Gardens: con un coraje extraordinario.
No es algo que se ve muy a menudo en el County Hall, la vehemencia y el llamado a la verdad con las que Jordan defendió los intereses de los residentes que no quieren los vapores tóxicos, las multitudes y el ruido ensordecedor que las carreras de Fórmula Uno traerán a sus comunidades residenciales.
Ella no tenía que decirlo directamente.
Se podía escuchar el subtexto de su ira.
Los ricos del centro no querían las carreras de autos en su vecindario, pero está bien imponer el evento anual, uno de los muchos que se realizan en el Hard Rock Stadium durante todo el año, a la ciudad predominantemente negra más grande de Florida.
A diferencia de las personas con medios económicos que tienen opciones, estas familias de clase trabajadora no pueden simplemente recoger sus pertenencias y alejarse cuando ven amenazada su calidad de vida, su vecindario convertido en un patio de recreo permanente para adultos ruidosos y alborotados.
Pero, como con otros proyectos de implementación acelerada en esta ciudad, sin suficiente participación del público, la Fórmula Uno es el bebé mimado del alcalde Carlos Giménez.
Si los comisionados aprobaran una ordenanza patrocinada por Jordan para bloquear las carreras, él la vetaría, prometió Giménez, y en noviembre lo hizo con la primera pieza de legislación que Jordan patrocinó con éxito.
La comisión previsiblemente cedió ante la segunda el miércoles, dándole luz verde a las carreras en el Hard Rock Stadium.
Pero Jordan no abandona el campo de batalla en silencio.
“Señor. Alcalde, durante todo este proceso, usted ha sido mi mayor decepción”, dijo Jordan a Giménez, cuyo hijo, Carlos Jr., fue cabildero para la Fórmula Uno cuando la propuesta hecha a la Ciudad de Miami era traer las carreras automovilísticas estilo Mónaco al centro de Miami.
A Giménez nunca se le debió permitir opinar sobre este tema cuando se trasladó al condado, y mucho menos amenazar con un veto si los comisionados bloqueaban el controvertido proyecto.
Pero la ética del condado es masilla manejable.
Giménez obtiene decisiones favorables todo el tiempo de parte de la Comisión de Ética y Confianza Pública del Condado Miami-Dade, y sus dos hijos cabilderos viven de representar a personas con negocios ante su padre y sus amigos políticos.
La Comisión generalmente se hace la de la vista gorda, muchas veces como resultado de alianzas forjadas entre comisionados cubanoamericanos y afroamericanos, quienes después de décadas de divisiones étnicas y raciales, lograron una tregua incómoda: todos obtenemos un pedazo del pastel.
Nosotros nos encargamos de nuestra parte. Ustedes manejen la suya.
Pero Jordan rompió las reglas tácitas.
El Alcalde ‘Camaleón’
“Usted me convenció de que era lo mejor desde la invención del pan tajado”, dijo Jordan a Giménez, refiriéndose a su apoyo cuando se postuló en 2016, alejándose del candidato Donald Trump (a quien su oponente apoyaba) y prometiendo a los demócratas como Jordan que planeaba votar por Hillary Clinton.
Tenía mis serias dudas de que Giménez estaba siendo auténtico en ese entonces. Su apoyo a Clinton, que fácilmente arrastró Miami-Dade, parecía terriblemente conveniente para un republicano que se movía en los mismos círculos que la mayoría de los partidarios cubanoamericanos de Trump.
Pero, sobre todo, parecía inconcebible, porque su hijo Carlos Jr. se había desempeñado durante más de tres años como consultor principal para la remodelación de la Organización Trump del complejo Trump National Doral Miami, el evento de élite del Campeonato Mundial de Golf del PGA Tour y el concurso Miss Universo.
Ahora que el plazo de gobierno de Giménez se ha terminado y se postula para el escaño en el Congreso de Debbie Mucarsel-Powell, el alcalde ha vuelto a ser un efusivo afectuoso de Trump.
“Señor alcalde, usted es un camaleón”, dijo Jordan. “Debe venir con una etiqueta de advertencia: cómprese con cuidado”.
Señal para los aplausos.
Como decimos en Miami, ¡dale!
Nosotros, los votantes del condado Miami-Dade, solo podríamos desear que nuestros propios comisionados representaran al resto de nosotros como Jordan lo hizo con Miami Gardens, y que tuvieran el valor de decir las cosas tal como son. Al menos entonces, cuando perdiéramos, tendríamos algo de lucha, algo de dignidad que mostrar.
Pero pregunte, por nombrar un ejemplo que conozco bien, a los residentes de Miami Lakes y Palm Springs North.
Ya sea que el problema es traer a nuestra puerta la pesadilla de American Dream Miami, un mega centro comercial y complejo de entretenimiento que cambiará irrevocablemente el área, o arruinar las comunidades con planes maestros al abrir calles residenciales al tráfico de autopistas, el comisionado Esteban “Steve” Bovo siempre vota en contra de los mejores intereses de sus electores.
Pero he aquí Jordan.
Ella y los residentes de Miami Gardens que luchan contra el dueño de los Dolphins, Stephen Ross y la Fórmula Uno, no se dan por vencidos.
Los residentes, liderados por la ex comisionada Betty Ferguson, presentaron una demanda argumentando que las carreras violan las ordenanzas de ruido del condado y la ciudad.
“Esta lucha no ha terminado”, dijo Jordan durante un mitin en la planta baja del County Hall, poco después de que la mayoría de los comisionados, divididos por líneas raciales, votaron en contra de su legislación para evitar que la F1 viniera a Miami Gardens.
Y así es como se hace, así es cómo se obliga al débil en materia ética, al camaleón Giménez y a sus cohortes, a considerar primero a las personas en lugar del dinero.
¡Bravo por Jordan!
Twitter: @fabiolasantiago. Correo: fsantiago@miamiherald.com.
Esta historia fue publicada originalmente el 24 de febrero de 2020, 10:26 a. m..