Fabiola Santiago

Giménez no puede ocultar el conflicto de interés al promocionar la Fórmula Uno

Un dibujo de la propuesta de la pista de carreras para el Gran Premio de Miami de Fúrmula Uno, que sería realizado anualmente en el Hard Rock Stadium en Miami Gardens si el condado aprueba el proyecto.
Un dibujo de la propuesta de la pista de carreras para el Gran Premio de Miami de Fúrmula Uno, que sería realizado anualmente en el Hard Rock Stadium en Miami Gardens si el condado aprueba el proyecto. Miami Dolphins

El alcalde de Miami-Dade, Carlos Giménez, necesita desesperadamente uno de esos manuales de color amarillo brillante, Ética para dummies.

Porque la siempre complaciente Comisión de Ética y Confianza Pública, que nunca parece encontrar un conflicto de interés donde evidentemente lo hay con Giménez y sus hijos cabilderos, no convence.

Revisemos el último ejemplo.

Hasta marzo de este año, el hijo cabildero de Giménez, C.J., recibía un sueldo de Fórmula Uno, el grupo internacional que lucha por llevar esa forma de automovilismo a Miami-Dade.

La controvertida propuesta del grupo para convertir el centro de Miami en una pista de carreras incluía el uso de las instalaciones de PortMiami administradas por el condado. Giménez se recusó apropiadamente, reconociendo que la participación de su hijo planteaba un conflicto de intereses para él.

Los comisionados del condado revisan, aprueban y niegan los acuerdos portuarios, y como principal administrador del condado, le corresponde al alcalde orientar proyectos y aprobar o vetar las decisiones de los comisionados. Eso es mucho poder.

En un memorando a los comisionados del condado el 14 de mayo de 2018, Giménez escribió que se retiraba de los asuntos de Fórmula Uno y entregaba las decisiones a su vicealcalde para su manejo citando “abundante precaución”.

Esa escogencia de palabras fue una luz amarilla intermitente, una señal de advertencia de que Giménez no estaba dispuesto a mantenerse apartado del todo del caso.

Y presagiaron su cambio de opinión, y ahora, la anulación de su recusación.

El conflicto no es precisamente una cuestión de precaución. Es Ética 101. Ética elemental.

Eso era lo correcto. Punto.

La propuesta sobre el uso del downtown con la Ciudad de Miami fracasó.

Nadie quiere el ruido ensordecedor de las carreras de autos en su patio delantero o trasero ni la interrupción que convierte a Biscayne Boulevard en una pista de carreras. No somos Mónaco.

Las carreras de F1 no encajaban en el deslumbrante centro de Miami ni encajan ahora en el contorno de clase trabajadora de Miami Gardens, hogar del Hard Rock Stadium de los Miami Dolphins, donde la Fórmula Uno quiere organizar carreras que requieran el cierre de calles aledañas.

La gente de Miami Gardens que vive cerca al estadio se opone ardientemente al proyecto; y se presentaron el martes a una reunión de la Comisión Miami-Dade para expresar sus inquietudes, que abarcaban desde la calidad de vida hasta temas raciales.

Los comisionados lo vieron desde su propio punto de vista y dieron su aprobación preliminar a una resolución y una ordenanza que dificultan la celebración de las carreras en las calles residenciales del condado y le dan voz al gobierno de Miami Gardens sobre los cierres cerca de áreas residenciales.

¿Cómo reaccionó el alcalde Giménez?

Dijo que es posible que bloquee las medidas, despejando los obstáculos reglamentarios y de zonificación —y así Giménez transita de la recusación a convertirse en el actor que hará que todo se mueva a favor de Fórmula Uno.

¿Podríamos decir que las cosas funcionan bastante bien para el currículum de su hijo, no?

Giménez afirma que solo considera que se pueden obtener $400 millones en impacto económico anual y que la buena publicidad impulsará la imagen internacional de Miami. (¿En serio? ¿Todavía estamos tan inseguros que necesitamos la afirmación de parte de un evento para sentirnos importantes?)

“Es ruidoso. Nadie puede decir que no es ruidoso”, dijo Giménez. “Puede haber otros efectos, pero creo que podemos encontrar algo en común que nos lleve a una solución”.

Entonces, al mismo tiempo que amenaza con un veto, Giménez dice que quiere negociar con los residentes de la zona, lo que incluye a la comunidad empresarial local a la cual, como señaló el Comisionado Dennis Moss, no se incluyó en los planes del beneficio potencial que pudieran tener las carreras.

¿Cómo puede Giménez, quien está al final de su mandato y que está considerando postularse para el Congreso o para su antiguo puesto en la comisión, pasar tan fácilmente de alcalde recusado a generador de negocios?

Con un poco de ayuda de sus amigos en la Comisión de Ética, quienes le dieron luz verde.

Aceptaron el argumento de Giménez de que su hijo C.J. no ha sido cabildero a favor de la carrera “durante un período de tiempo sustancial” — siete meses— y “actualmente no está presionando en nombre de ninguna parte interesada en este asunto”.

Y solo consultó a la Comisión de Ética, Giménez le dice a los comisionados en un memorando del 28 de octubre, nuevamente “por abundante precaución”.

¡Luz roja!

Está mal hecho.

Giménez no lo ve así.

Su portavoz, Myriam Márquez, dijo que el alcalde actuó correctamente y siguió las reglas de los estatutos del condado sobre conflictos de intereses. Si ese es el caso, esas reglas de ética necesitan una revisión importante.

Su hijo era cabildero de Fórmula Uno. Ahora es el alcalde quien impulsa el impopular proyecto de carreras.

Supuestamente, es bueno para nosotros.

Papá alcalde sabe lo que mejor conviene.

Twitter: @fabiolasantiago. Correo: fsantiago@miamiherald.com.


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Award-winning columnist Fabiola Santiago has been writing about all things Miami since 1980, when the Mariel boatlift became her first front-page story. A Cuban refugee child of the Freedom Flights, she’s also the author of essays, short fiction, and the novel “Reclaiming Paris.”
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