Trump intentó hacer negocios con Cuba mientras cortejaba a cubanoamericanos de Miami
Una vez más, ha salido a la luz la verdad sobre lo que realmente piensa el presidente Donald Trump sobre Cuba.
Puede que le venda la línea dura a sus partidarios republicanos cubanoamericanos en Miami, pero cuando mira hacia el sur de la ciudad, lo único que ve son dólares.
Promete que no hará negocios hasta que Cuba se libere del régimen de los hermanos Castro —y prohíbe a los estadounidenses viajar a la isla—, pero Trump y su equipo han estado persiguiendo oportunidades comerciales en Cuba durante la última década.
Un nuevo informe de El Nuevo Herald ha revelado más pruebas de la seriedad con la que Trump trató de afianzarse en Cuba, a pesar del embargo de Estados Unidos que aún está vigente.
Los documentos muestran que el presidente solicitó registrar su marca Trump en Cuba en el 2008 para poder hacer negocios e invertir en bienes raíces. Sus planes incluían no solo construir una Trump Tower en La Habana y poner un campo de golf en Varadero y otros posibles sitios, sino también construir casinos.
Para lograrlo, Trump contrató a una abogada cubana en la isla, Leticia Laura Bermúdez Benítez.
Una captura de pantalla del sitio web de la Oficina de Propiedad Industrial de Cuba muestra detalles de la solicitud de marca registrada de Trump, que incluía concursos de belleza.
Para medir realmente la naturaleza cretina y tramposa de Trump, hay que remontarse a 1999 cuando ya estaba cortejando a los cubanoamericanos con retórica anti-Fidel Castro e insinuando una posible carrera presidencial.
Apostaba a que un Castro envejecido muriera pronto. Como lo veía Trump, los miembros adinerados de la Fundación Nacional Cubano Americana iban a ser quienes tomarían las decisiones en la isla.
“Entonces, lo que dice Jorge es que cuando Cuba sea libre, ¿consigo el primer hotel? ¿Es eso cierto? Me suena como un buen negocio”, bromeó Trump durante un discurso de la CANF, refiriéndose a Jorge Mas Santos, quien había tomado las riendas de la influyente organización después de la muerte de su padre en 1997.
Decirlo fue algo burdo —y perjudicial para los esfuerzos por democratizar a Cuba y no instalar un gobierno títere de Estados Unidos para servir a personas como Trump— pero los cubanoamericanos se rieron y luego lo aplaudieron.
Ese año, Trump también escribió un artículo de opinión en el Miami Herald criticando a Castro, lo que llevó a la Brigada 2506, veteranos de la fallida invasión de Bahía de Cochinos de 1961, a mantener correspondencia con Trump y comenzar una relación que culminaría con su respaldo en el 2016 y nuevamente en el 2020.
Pero antes de todo ese cortejo de los cubanoamericanos, Trump estaba tratando de lograr un punto de apoyo en Cuba.
VIAJES A CUBA
En 2016, Newsweek informó que Trump había enviado emisarios en una misión para enlazar empresas comerciales en Cuba en 1997 que le permitirían eludir la prohibición impuesta por el embargo. Las entrevistas con ex ejecutivos de Trump, los registros internos de la empresa y los documentos judiciales confirmaron las negociaciones.
Solamente se volvió hacia los cubanoamericanos y criticó a Castro en el Herald cuando esto no funcionó.
Y, aun así, Trump no renunció a ser el primero en Cuba.
Solamente se impacientó.
Castro estaba lejos de morir y apenas comenzaba un retiro gradual en 2006 cuando pasó la presidencia a su hermano Raúl y, dos años después, transfirió otras potestades también.
Los asociados más cercanos de Trump continuaron viajando a Cuba en 2011, 2012 y 2013 en representación de la Organización Trump para buscar oportunidades comerciales en violación del embargo. Esos viajes se documentaron en un informe de Bloomberg Businessweek de 2016.
Y, en una bofetada a quienes le ayudaron a elegirlo, justo antes de la toma de posesión presidencial en 2017, Paul Manafort, ex presidente de campaña de Trump, viajó a Cuba para reunirse con un hijo de Castro, una reunión organizada por el agente inmobiliario de Trump.
¿Quién lo dice? Un informe del Comité de Inteligencia del Senado lo documenta.
Y ahora, también nos enteramos del registro de la marca, una evidencia más condenatoria de la verdadera intención de Trump: ganar dinero en Cuba de cualquier forma, ya sea con hoteles, casinos y campos de golf.
Si Fidel o Raúl Castro le hubieran permitido desarrollar sus negocios en Cuba, Trump los elogiaría como lo hace con Vladimir Putin y otros dictadores nefastos.
Jugar doble demuestra que Trump es un gran charlatán.
Y por supuesto que le da otro sesgo a lo que dijo Trump durante una de las primeras actividades de recaudación de fondos en su resort de Doral en 2016. “Somos duros con Cuba porque no están haciendo lo correcto por nuestra gente”, dijo Trump, y los cubanoamericanos lo aplaudieron
¿Un desliz freudiano, quizás?
Doble discurso de Trump
Los cubanomericanos han sido engañados muchas veces.
La razón por la que Trump habla con dureza, y ha ordenado sanciones en su primer mandato, es porque el gobierno cubano no le ha dado lo que él quería, un trato preferencial, y no ha sellado acuerdos.
Cuando fracasaron sus incursiones en Cuba, Trump dio la vuelta; buscó el otro lado y la presidencia —y su retórica funcionó.
El voto cubanoamericano lo ayudó a ganar la Florida.
También podría ayudarlo en 2020.
Los partidarios cubanoamericanos de Trump son así de crédulos y fieles al partido. Apoyan a su hombre incluso si ha trabajado duro para jugar al golf con el enemigo.