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Fabiola Santiago

Pastor de Miami era un charlatán, pero no importó mientras apoyaba a Trump y republicanos | Opinión

Mucho antes de que documentos de divorcio revelaran secretos sobre la riqueza del pastor de una mega iglesia evangélica de Miami, y las acusaciones de abuso emocional de su esposa, había indicios de que Guillermo Maldonado era un charlatán.

El predicador dijo que el presidente Donald Trump era “la presencia del Dios viviente.” En campaña electoral y de pie a unos pasos de Maldonado, Trump lucía como si estuviera tratando de reprimir una buena carcajada, mientras sonreía ante la obsequiosa alabanza.

“Te pedimos, Padre, que él pueda ser el Ciro que traiga la reforma, que traiga el cambio a esta nación, y todas las naciones de la Tierra dirán, ‘América es la nación más grande de la Tierra’ “.

Para no quedarse fuera de la ecuación de poder entre Dios y Trump, Maldonado se declaró el conducto de toda esta grandeza: “Libero el Espíritu Santo sobre su vida. Declaro, Dios, que lo uses”.

Ese día de enero, 2020, la manifestación “Evangélicos por Trump” fue un momento culminante para las argucias de Maldonado.

El pastor evangélico hondureño que arremetía contra pecadores no tuvo ningún problema en acoger y apoyar al moralmente corrupto presidente Trump que demonizaba a inmigrantes como los que estaban sentados en las bancas de Maldonado en la iglesia Ministerio Internacional El Rey Jesús.

Ahora, a la luz de los cargos por parte de su esposa de abuso y uso indebido de los fondos de la iglesia, podemos entender por qué Maldonado respaldaba con tanto entusiasmo a un presidente que engañó a su esposa embarazada con una prostituta y se jactó de agredir sexualmente a las mujeres.

Las declaraciones juramentadas de divorcio de su ex esposa y co-pastora, Ana Maldonado, revelan denuncias de engaños y posiblemente actividad ilegal. Todo lo cual su esposo, en declaraciones grabadas y publicadas en el sitio web de la iglesia, que promete que “aquí ocurren milagros”, y sus abogados niegan.

La riqueza de Maldonado

Y esto es interesante: Ana Maldonado no acusa al pastor de infidelidad. Sin embargo, en sus peroratas publicadas en el sitio web de la iglesia, el pastor niega haberla engañado alguna vez. Quizás la defensa de la infidelidad sea una cortina de humo para evitar abordar el problema más condenatorio: determinar si el patrimonio personal y familiar del pastor se ha adquirido a través de donaciones a una organización sin fines de lucro y exenta de impuestos.

Ana Maldonado afirma que su esposo ha acumulado media docena de propiedades, al menos tres autos y un jet de nueve asientos, según los registros judiciales del condado Miami-Dade obtenidos por la reportera del Miami Herald, Bianca Padró Ocasio.

Ana Maldonado asevera que no conoce el alcance del patrimonio neto de su esposo, pero que también puede haber un “posible barco” y activos ocultos en Italia, Honduras y Colombia. En la petición de divorcio, sus abogados les pusieron un precio a los bienes: $120 millones.

El divorcio suena como la versión latinoamericana hecha en Miami de la serie de Netflix “Greenleaf”, sobre una mega iglesia familiar en Memphis, excepto que, en este caso, no hay redención a la vista.

Ana Maldonado, que se refiere a sí misma como “profeta”, fundó su propia iglesia, ambiciosamente llamada Tabernáculo de su Presencia a las Naciones, y pronuncia sermones en las salas de conferencias de hoteles donde se pueden ver a muchos seguidores en transmisiones en vivo, sin máscaras.

Al menos en sus delirios sobre la mortal pandemia y su comportamiento irresponsable, la pareja parece estar hecha el uno para el otro.

Pastor minimiza el COVID-19

Al inicio de la pandemia, Guillermo Maldonado le restó importancia al coronavirus en sus sermones ante unos 20,000 seguidores que asisten semanalmente a sus servicios. Cualquier cosa para mantener a las multitudes donando su dinero tras de su supuesta conexión con el “Rey Jesús”, quien los protegería de las enfermedades.

Durantes sus sermones y mítines, multitudes de evangélicos llenaron el edificio sin máscaras, sin importarles que el sur de Florida está es el epicentro de la pandemia.

Finalmente, sus actividades fueron temporalmente clausuradas por órdenes de aislamiento, pero Maldonado ya había puesto a su congregación, en gran parte compuesta por hispanos, uno de los grupos más vulnerables y afectados por las muertes y la infección por COVID-19, en gran riesgo.

¿Quién sabe cuánto sufrimiento humano en el suroeste de Miami-Dade puede atribuirse a las reuniones y manifestaciones de gente sin máscaras dentro de su iglesia?

Maldonado también les aconsejó a sus seguidores que no se pusieran la vacuna contra el COVID.

Pero está lejos de ser el único que da consejos potencialmente mortales. Un informe recientemente publicado por el Nuevo Herald / Miami Herald narra la desinformación y desconfianza sobre la vacuna que se esparce desde los púlpitos de varias otras iglesias evangélicas hispanas en Miami-Dade.

La iglesia como plataforma republicana

La respuesta a la pandemia por sí sola debería haber suscitado desaprobación, pero a nadie le importaba porque el republicano Maldonado usó su plataforma de predicador para impulsar la política republicana, y había que ganar una elección en la Florida, donde el voto latino es crucial.

En lugar de enfrentarse al descrédito, la iglesia de Maldonado se convirtió en el recinto donde los políticos republicanos, sobre todo Trump, quien también lo recibió en la Casa Blanca, acudieron a hacerle la corte al voto evangélico hispano en 2020.

Los fieles frenéticos le creyeron cuando Trump y el ex alcalde del condado, y ahora congresista Carlos Giménez, les aseguraron que compartían sus valores.

“Hay una elección muy importante en nuestro país”, les dijo Giménez, y “yo tengo los mismos principios que ustedes”.

Engaño fácil de ambos lados, del pastor y los políticos.

Quizás Dios sí escuchó las oraciones de Maldonado y ayudó al mejor hombre a convertirse en presidente.

Esta historia fue publicada originalmente el 15 de febrero de 2021, 0:03 p. m..

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Fabiola Santiago
Opinion Contributor,
Miami Herald
Award-winning columnist Fabiola Santiago has been writing about all things Miami since 1980, when the Mariel boatlift became her first front-page story. A Cuban refugee child of the Freedom Flights, she’s also the author of essays, short fiction, and the novel “Reclaiming Paris.” Apoye mi trabajo con una subscripción digital
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