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Fabiola Santiago

Los republicanos no van a lograr la libertad de Cuba con ataques partidistas a Joe Biden | Opinión

El enemigo en la lucha por una Cuba libre e independiente es una sola entidad: el régimen totalitario de Miguel Díaz-Canel.

El enemigo no son los demócratas estadounidenses. Tampoco lo es el presidente Joe Biden, quien quiere ver un cambio democrático en la isla, a pesar de la retórica del Partido Republicano de la Florida en el sentido contrario.

No obstante, los activistas cubanoamericanos republicanos en Miami y miembros del Congreso están impulsando la falsa narrativa de que Biden no quiere un cambio de régimen en Cuba. Y han encontrado nuevo combustible en su desastrosa retirada de Afganistán y el ataque terrorista en Kabul en el que murieron militares estadounidenses y civiles.

La constante arenga partidista contra Biden en las redes sociales y en conferencias de prensa con el gobernador Ron DeSantis, asediado por su respuesta negligente a la pandemia de COVID-19, es teatro político.

Y no para el beneficio de Cuba, sino para las elecciones de mitad de período y gobernador de 2022 en la Florida.

Escribe Marcell Felipe, abogado republicano de Miami, en un artículo de opinión del Miami Herald: “ ‘¡Fin al régimen!’. Este clamor se escuchó durante la rebelión anticomunista en Cuba, lo que demuestra que la gente quiere erradicar el régimen, en lugar de una reforma. También reveló que Estados Unidos no tenía un plan para lidiar con esa realidad, al igual que no tenía un plan para lidiar con Afganistán.

“Esto puede estar contribuyendo a la renuencia del presidente Biden a apoyar el cambio de régimen, por temor a que la isla pueda estallar en el caos como ocurrió en Libia en 2011 y en Afganistán ahora”.

Cambio de régimen en Cuba

La premisa de que Biden no quiere un cambio de régimen es una falsedad y un golpe bajo.

Biden ha hablado con claridad.

Ha denunciado el comunismo y ha llamado a Cuba “un Estado fallido”.

“Apoyamos al pueblo cubano y su clamor por la libertad”, fueron sus primeras palabras, reconociendo la naturaleza de las protestas.

Los activistas cubanoamericanos querían que Biden usara la Ley Global Magnitsky sobre Violación de los Derechos Humanos contra los funcionarios cubanos, y lo ha hecho varias veces.

Biden no solo mantuvo intactas las sanciones del presidente Donald Trump, sino que agregó las suyas después de la brutal respuesta del régimen cubano a las históricas protestas en toda la isla. El objetivo de las últimas sanciones fue los agentes de la policía nacional por su papel en la represión.

La filosofía detrás del enfoque de Biden hacia Cuba, dicen los cubanoamericanos que se reunieron recientemente con el presidente en la Casa Blanca, es “empoderar al pueblo cubano al mismo tiempo que se responsabiliza al régimen” y la “promoción” del respeto por los derechos humanos universales.

No hay duda de cuál es la posición de Biden sobre Cuba, ni debería haber dudas sobre su deseo de demostrar liderazgo, me han dicho. Pero los republicanos acaparan todo el oxígeno en Miami-Dade, capital de los exiliados, dejando a los demócratas con un problema de comunicación, visibilidad, y percepción equívoca.

Como me dijo un operativo republicano de campañas electorales: Los demócratas no quieren involucrarse en el tema de Cuba porque en el fondo “les gusta el socialismo”.

El apoyo de la Fundación Black Lives Matter al régimen cubano que oprime a los afrocubanos no ha ayudado a cambiar esa percepción. Tampoco la ausencia de la conversación sobre Cuba de la vicepresidenta Kamala Harris, encargada de lidiar con los problemas fronterizos de inmigración.

Lo que ve el público son republicanos que dedican su tiempo, fuera de las elecciones, a presentarse en actos en la comunidad cubana demostrando solidaridad y apoyo a una Cuba libre. Pero ojo, no buscan el bipartidismo necesario para llegar a esa meta. Solo quieren ganar la partida diciéndole al público lo que quiere oír, no lo posible.

Sin comparación con Afganistán

El nuevo truco de moda es traer al tema de Cuba la compleja situación en el Medio Oriente que tiene poco que ver con el Caribe (aparte de la preocupante presencia de Irán en Cuba y Venezuela). Es una cortina de humo, otro espejismo político barato, vinculado al ciclo de noticias y fabricado para los oídos de Miami.

Pero el plan de retiro de Afganistán y la fecha límite fueron negociados por la administración Trump. Sin embargo, Biden ha asumido toda la responsabilidad por el desastre. Eso es lo que hacen los líderes con espina dorsal.

En cuanto al enfoque de Biden en política exterior, la portavoz Jen Psaki lo describió el pasado martes como “a través del prisma de lo que beneficia nuestros intereses nacionales, incluida la mejor manera de continuar manteniendo a salvo al pueblo estadounidense”.

Cuba, tan cerca de nuestra costa, está irrevocablemente ligada a nuestra seguridad nacional.

La administración Biden no está ignorando lo que ocurre en la isla.

Cubanoamericanos en el Congreso

La pregunta es ¿qué están haciendo los cubanoamericanos republicanos de Miami-Dade en el Congreso para promover la democracia en Cuba, para crear conciencia entre sus colegas, particularmente aquellos al otro lado del pasillo, a quienes antagonizan constante y gratuitamente?

No mucho.

Cuando tuvieron un podio ante medios de comunicación en Washington D.C. el Día de la Independencia de Cuba, lo aprovecharon para engrandecerse, sin hablar, teniendo hechos contundentes, sobre la represión.

En cambio, no pierden la oportunidad de apalear a Biden, como si no estuviera haciendo nada.

Hablan de conectar a los cubanos al Internet desde Estados Unidos como si todo lo que hiciera falta fuera encender un interruptor de Comcast, cuando es bastante complicado. El hecho es que Biden ha asignado un equipo para investigar y presentar un plan para eludir la censura del gobierno cubano.

Si los representantes estadounidenses Mario Díaz-Balart, Carlos Giménez y María Elvira Salazar piensan que Biden debería invadir Cuba, ¿por qué no presentan un proyecto de ley en el Congreso pidiendo la intervención militar?

Esa es la labor del Congreso, declarar la guerra, así que adelante.

Pero no lo harán; saben que no hay apoyo político en Estados Unidos, ni siquiera por parte de los republicanos. No lo hubo con Venezuela y no lo hay con Cuba.

Una cosa sí es segura: cuando somos una casa dividida por la política estadounidense en Miami, el régimen cubano gana.

Esta historia fue publicada originalmente el 7 de septiembre de 2021, 7:00 a. m..

Fabiola Santiago
Opinion Contributor,
Miami Herald
Award-winning columnist Fabiola Santiago has been writing about all things Miami since 1980, when the Mariel boatlift became her first front-page story. A Cuban refugee child of the Freedom Flights, she’s also the author of essays, short fiction, and the novel “Reclaiming Paris.” Apoye mi trabajo con una subscripción digital
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