El ‘rey’ DeSantis se hace el tonto y no reconoce que ha politizado el uso de mascarillas | Opinión
No hay límite para el cinismo del gobernador de la Florida Ron DeSantis cuando se trata de la mortal pandemia de COVID-19. Su mensaje enfermizo, engañoso, transmitido frívolamente con demasiada frecuencia, tiene importancia.
La semana pasada, en una de sus conferencias de prensa de “aparentemos que todo esto me importa”, DeSantis tuvo el descaro de fingir ignorancia sobre el papel clave que él ha desempeñado al fomentar una guerra de cultura política en torno a las máscaras.
“No sé por qué las máscaras están rodeadas de política”, dijo DeSantis a los periodistas. “Permitamos al padre tomar la mejor decisión para sus hijos. Si quieres las máscaras, úsalas; si no, no las uses; eso está bien”.
Pero no está bien.
Hay familias como la mía que han tenido que someter a sus hijos a pruebas de COVID por segunda vez desde que comenzó la escuela, porque la mitad de los chicos que asisten a la escuela charter en el norte de la Florida no usan máscaras, gracias a DeSantis.
Los propietarios de la escuela siguen al gobernador tan fervorosamente como lo hicieron con Donald Trump.
En consecuencia, algunos niños que no usan máscaras en las aulas de nuestros hijos han resultado positivos, comenzando un ciclo interminable de angustia, cuarentena y pruebas, lo que es difícil en estas zonas del estado sin los recursos adecuados para lidiar con la nueva oleada de COVID este verano.
Y durante la cuarentena de los niños, no existe la opción de escuela virtual como el año pasado.
Ni hablemos de quedar rezagados. Las políticas de DeSantis son estrategias que siguen brindando malos rendimientos.
Aun así, él cuenta con que seamos lo suficientemente estúpidos como para creer que es un pilar de devoción cuando se trata de la política del coronavirus.
DeSantis alimenta la división política
Ay, el pobre tonto “Rey de Florida” DeSantis, instigador jefe de la división por el uso de las máscaras. Él dice que no sabe cómo usar la máscara se volvió un asunto político.
Tal vez debería revisar la mercancía del sitio web de su campaña, que vende artículos cursis con leyendas que minimizan la gravedad del COVID y se burlan de los expertos en salud pública, como el Dr. Anthony Fauci, la máxima autoridad en enfermedades infecciosas de la nación, para congraciarse con su base pendenciera.
Un cobertor para cerveza de $6 promueve uno de sus mensajes antimáscaras más famosos: “¿Cómo diablos puedo beber cerveza con una máscara?”.
Una camiseta con una silueta del estado se jacta: “No fauci mi Florida”.
Estos mensajes no son divertidos en absoluto.
Lo que DeSantis debe hacer para salir de crisis
Para encontrar una salida de la crisis de COVID en la Florida, tenemos que convencer a quienes no creen en las vacunas y en las máscaras que salvan vidas que la mitigación de la enfermedad es vital. Sin embargo, esto se vuelve casi imposible cada vez que DeSantis abre su boca para atacar a los educadores que enseñan la ciencia y la siguen en lugar de la política.
Sanciona a quienes intentan hacer lo que él no está interesado en hacer: darle prioridad a nuestros hijos primero, y poner atención a la política de los padres después.
Dos niños muertos de COVID en Jacksonville, incluido un bebé de 2 semanas, se contaron entre las víctimas la semana pasada. Dos niños más, muertos en Tallahassee el mes pasado, son cuatro muertes — y ya son demasiadas. Esto es la prueba de que a los niños puede golpearlos fuertemente una variante más contagiosa de lo que hemos visto hasta ahora.
Las muertes en la Florida de DeSantis están envueltas en el misterio debido a las exigencias de privacidad; por supuesto, no podemos aprender mucho de ellas. Solo podemos esperar que otros se despierten de la negación y hagan lo que tienen que hacer para mitigar el riesgo: vacunar y usar las máscaras.
No debe haber ninguna duda de que, a los niños, especialmente los no vacunados menores de 12 años, deben animarlos a que usen las máscaras cuando estén en espacios interiores, y no desanimarlos, que es lo que DeSantis promueve constantemente.
Las familias están tan políticamente divididas entre republicanos y demócratas como el estado y el país, así que lo que dice el gobernador tiene un impacto.
Cuando DeSantis se hace a un lado, sin lanzar una campaña estatal creíble para vacunar dirigida a sus partidarios vacilantes —mientras seguimos ahogados en un número récord de infecciones y muertes— su falta de liderazgo deja un vacío que lo llena la desinformación.
Las frívolas frases de DeSantis pueden conquistar titulares, pero son una bofetada en la cara a los floridanos que han perdido seres queridos por la pandemia. Desde este escrito, Florida ha registrado al menos 3,418,160 casos de COVID confirmados y 48,772 muertes.
Pero parece que no hay ningún número demasiado alto para DeSantis, quien absurdamente culpa a inmigrantes que cruzan la frontera por el aumento de COVID en Florida.
Las más despreciables son sus amenazas patanas y sus desafíos leguleyos a los educadores que intentan evitar que niños y maestros contraigan la enfermedad mortal.
El gobernador tuvo la oportunidad de descartar su prohibición mal informada sobre las máscaras en las escuelas públicas después de que un juez de Tallahassee, citando el lenguaje de la “Declaración de los Derechos de los Padres” que la Legislatura de la Florida aprobara y que DeSantis firmó, dictaminó que los distritos escolares locales podrían ordenar el uso de máscaras para mantener a los niños a salvo en medio de esta crisis de salud.
Pero no, DeSantis apeló, y el viernes 3 de septiembre, el Tribunal de Apelaciones del Primer Distrito, se alió con DeSantis, reestableciendo una suspensión al fallo del juez John Cooper y permitiendo que la prohibición de las órdenes de utilizar las máscaras se haga efectiva mientras el caso está bajo apelación.
Este es otro golpe en la lucha para detener la propagación de COVID-19 que evita que este año escolar sea el modelo de estabilidad y aprendizaje que DeSantis dice buscar.
Nadie quiere usar una máscara todos los días como tampoco un uniforme escolar, pero los niños seguirán la iniciativa de los adultos y las usarán si deben hacerlo.
DeSantis actúa y habla como si tomar precauciones fuera el fin del mundo.
No lo es.
Pero sí lo es sentarse en un estacionamiento durante horas en el calor de un verano de la Florida, semana tras semana, cuando sus hijos sí usaron las máscaras, pero otros no lo hicieron, esperando una prueba COVID después de que otro niño en la clase de su hijo da positivo para el virus.
Esto está sucediendo en una Florida divida que no usa la máscara como debe ser.
Esta historia fue publicada originalmente el 13 de septiembre de 2021, 9:59 a. m..