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Fabiola Santiago

Demócratas del Congreso que ignoran la represión en Cuba no tienen credibilidad | Opinión

Agentes policiales arrestan a un manifestante durante las protestas en contra del gobierno cubano, el 11 de julio de 2021, en La Habana.
Agentes policiales arrestan a un manifestante durante las protestas en contra del gobierno cubano, el 11 de julio de 2021, en La Habana. Getty Images

El día en que Luis Robles, un joven cubano encarcelado sin juicio durante un año simplemente por sostener un cartel de protesta, finalmente obtenía su día en los tribunales, 114 miembros demócratas del Congreso le presentaron una carta al presidente Joe Biden pidiéndole que reiniciara políticas de acercamiento a Cuba.

Le pidieron a Biden el jueves que suspendiera la reglamentación sobre alimentos, medicinas y otra asistencia humanitaria, que eliminara todas las restricciones sobre remesas para familias y no familiares, que restaurara totalmente la embajada de Estados Unidos, revocara las reglas de la administración Trump que restringen los viajes a Cuba y eliminara al país isleño de la lista de patrocinadores estatales del terrorismo.

Qué regalito de golosinas para entregarle al opresor.

El régimen ultra-represivo de Miguel Díaz-Canel, que ha penalizado todo, desde la creación de arte independiente hasta lo que los cubanos publican en Internet, obtiene una muy necesaria inyección de bienes y efectivo. Los descontentos, que están lo suficientemente enojados como para luchar por sus derechos, reciben grandes remesas para que se sientan mejor, y a los opresores, en la cama con enemigos de Estados Unidos, como Rusia e Irán, y que alimentan las dictaduras florecientes en Venezuela y Nicaragua, se les concede una excusa por su mala conducta.

¿Y qué pasa con Robles, arrestado y encarcelado antes de las históricas protestas del 11 de julio por simplemente pedir, con un cartel de cartón casero, que se libere al rapero Dennis Solís, también injustamente encarcelado por hacer música?

Lástima que para los que piden guantes de seda para el gobierno cubano, cubanos como él son parte de los daños colaterales.

Los que piden deshielo en este crucial momento creen que no hay por qué preocuparse. Cuando y si la administración Biden-Harris le hace el juego a Díaz-Canel, el molesto tema de los derechos humanos —las golpizas, los arrestos, el acoso frente a los hogares y los centenares de presos políticos que ahora están encarcelados con y sin juicio bajo acusaciones inventadas, derivadas de las históricas protestas pacíficas del 11 de julio— se resolverá por sí solo.

Eso es una fantasía.

Encaramados en su cúpula de marfil partidista en el Capitolio, estos representantes estadounidenses no ven que la “crisis humanitaria en Cuba” que quieren que Estados Unidos alivie unilateralmente se deriva de los fracasos de la dictadura cubana que ahora cumple casi 63 años, no de las sanciones estadounidenses o el embargo.

Cuba tiene bastantes socios europeos y extranjeros que invierten miles de millones en la isla. Cuba tiene un sin fin de familiares exiliados que envían remesas al país desde todo el mundo; el límite de Estados Unidos, de $1,000 por persona por trimestre, no es nada despreciable. Eso en Cuba son ingresos de lujo.

Mientras los cubanos pasan hambre, mueren de la infección por COVID-19 y, en esta tierra exuberante de bosques, carecen de ataúdes para enterrar a sus seres queridos, el gobierno continúa construyendo hoteles de lujo. Y acaban de inaugurar el Centro Fidel Castro Ruz, un museo señorial dedicado a la memoria del líder demagógico. Todo gracias a las donaciones de inversores y simpatizantes de países extranjeros.

Mientras tanto, el gobierno además abre las puertas para que los cubanos abandonen la isla y emigren a Estados Unidos como otra forma de deshacerse de la oposición, asegurar la continuidad de las remesas y llevar a Biden a la mesa de negociaciones con la amenaza de desencadenar otro éxodo.

Fantasía idílica

“La protección de los derechos humanos en Cuba, incluido el derecho a protestar, se atiende mejor con un compromiso fundamentado en principios que con un aislamiento unilateral”, argumentan los legisladores en la carta.

Suena idílico, pero afirman falsamente que durante el acercamiento del presidente Barack Obama, la represión en Cuba disminuyó.

Veamos cómo resultó esto, tanto para Obama como para el pueblo cubano:

Durante la invasión de turistas estadounidenses de vacaciones en los cruceros, las Damas de Blanco, que caminaban en silencio sosteniendo gladiolos por un bulevar de La Habana los domingos para llamar la atención sobre los esposos e hijos encarcelados por razones políticas, fueron golpeadas, arrastradas y arrestadas descaradamente por la policía. Al diablo los turistas y lugareños que filmaron la brutalidad.

Después de la visita de Obama y su histórico discurso transmitido por la televisión cubana que ilustraba el camino a seguir para lograr una Cuba abierta y cómo podrían funcionar el cambio y la democracia, los hermanos Castro se volvieron contra él. En una muestra de rechazo, organizaron un desfile militar en el que el cántico de las tropas pedía “una bala en la cabeza de Obama”.

Y, en cuanto a la clase empresarial ascendente, esta se limitó a quienes jugaban al juego de alianza-gobierno. Solo quienes lo apoyaban podían solicitar la licencia de Airbnb, por ejemplo. Cuando las personas entusiasmadas intentaron vender ropa y otros artefactos enviados desde Estados Unidos desde sus hogares, estos fueron clausurados.

Ahora, apenas cinco meses después de que el régimen cubano atacara a la población con una fuerza militar que solo se ve en países como Venezuela, estos miembros del Congreso quieren recompensar a un régimen despiadado con una infusión de dólares.

No es sorprendente, dado que 40 de estos demócratas votaron en el Congreso en contra de apoyar el derecho del pueblo cubano a protestar.

Sí, la diplomacia siempre debería ser una herramienta, y he abogado por dotar de personal a la embajada, y también a favor de continuar con los esfuerzos no oficiales de negociar con Cuba.

¿No a la reedición de Obama para Biden?

Pero Biden y su administración no necesitan recurrir a una reedición de Obama, que tuvo su momento hace siete años y sus éxitos y fracasos.

¿Por qué la política de Estados Unidos y Cuba siempre debe reducirse a dos puntos de vista extremos: a actores que complacen al régimen cubano o a quienes insisten en la acción militar estadounidense? Ambos son patrioteros, miopes y desastrosos.

Lo he dicho antes y lo volveré a decir: hay una tercera forma de ayudar al pueblo cubano y presionar al régimen para que se reforme y respete los derechos humanos básicos y universales.

Y la tarea de Biden y su administración es encontrarla, no ignorar al valiente pueblo cubano, como Robles, que ha vencido su miedo y arriesgado su vida para expresar su verdad.

Escuche bien Congreso de Estados Unidos: La verdadera crisis humanitaria en Cuba proviene de la represión.

Los cubanos quieren respirar libertad.

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Fabiola Santiago
Opinion Contributor,
Miami Herald
Award-winning columnist Fabiola Santiago has been writing about all things Miami since 1980, when the Mariel boatlift became her first front-page story. A Cuban refugee child of the Freedom Flights, she’s also the author of essays, short fiction, and the novel “Reclaiming Paris.” Apoye mi trabajo con una subscripción digital
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