Los artículos de opinión brindan perspectivas independientes sobre temas clave de la comunidad, separados del trabajo de nuestros reporteros de redacción.

Fabiola Santiago

Obama en Cuba: un mensaje magistral a favor de la democracia

El presidente Barack Obama realza los valores de la democracia en un discurso en el Gran Teatro de La Habana el martes 22 de marzo.
El presidente Barack Obama realza los valores de la democracia en un discurso en el Gran Teatro de La Habana el martes 22 de marzo. TNS

Bravo, Sr. Presidente, bravo.

Usted le dijo al pueblo cubano — y al gobierno despótico que lo encabeza — todo lo que había que decir.

No hubo notas disonantes en su discurso el martes en La Habana, ni tono alguno de condescendencia, y mucho menos insultos o bravatas. Al contrario, usted bromeó a costa propia que Raúl Castro le recuerda “en gran medida” los problemas y deficiencias que usted enfrenta aquí en Estados Unidos. Y, provocando risas y aplausos, puso como ejemplo de un saludable ejercicio democrático el caso de los dos cubanoamericanos que aspiran a la presidencia por el Partido Republicano con una plataforma contra Obama y contra “el legado de un hombre de la raza negra que ocupa la presidencia”. Qué tremenda lección.

De modo magistral, usted le mostró a los cubanos por qué un sistema democrático de mercado abierto resulta en una sociedad más próspera. Y les instó a considerar esa opción para ellos también. No porque usted lo diga, sino porque eligiendo a sus propios líderes, pudiendo hablar y reunirse libremente y dirigiendo sus propios negocios les mejoraría la vida.

Usted les aseguró que “sí se puede”.

Dirigiéndose a Castro, que estaba entre el público, usted hábilmente borró los viejos pretextos para recurrir a la represión: “Creo que mi visita demuestra que no tiene por qué temer una amenaza de los Estados Unidos. Teniendo en cuenta su compromiso con la soberanía y la autodeterminación de Cuba, también estoy seguro de que no tiene que temer las diferentes voces del pueblo cubano y su capacidad para hablar, reunirse, y votar por sus líderes”.

Sus palabras en La Habana cruzaron también el Estrecho de la Florida en un gesto sabio y mesurado hacia el dolor, la historia y las diferencias ideológicas que dividen a los cubanos, así como los irrevocables lazos que nos unen. Armado de elegancia, humor y una pizca de un español imperfecto, usted atravesó muros que se habían erigido por el gobierno cubano y que se habían mantenido intactos durante mis 57 años de edad.

Reconoció usted a nuestro exilio, la desgarradora travesía de dos millones de cubanos que cruzaron el mar en aviones e improvisadas balsas “en busca de libertad y oportunidades, a veces dejando atrás todo lo que poseían y sus seres más queridos”. Usted creó sus propios íconos culturales prohibidos en la isla: la Reina de la Salsa Celia Cruz, la cantante Gloria Estefan, y Mr. 305, el rapero Pitbull, cuyo padre vino como refugiado durante el Mariel. Usted mencionó nuestro santuario a la patrona de Cuba, Ermita de la Caridad, como un lugar de refugio de paz.

Más que todo, agradecí su evocación de nuestra querida capital del exilio.

“En Estados Unidos”, dijo usted, “tenemos un monumento claro de lo que pueden construir los cubanos: se llama Miami”.

Sus palabras, pronunciadas para que las oyeran todos en nuestra perdida patria, son un homenaje al sacrificio de nuestros padres que dejaron atrás todo lo que conocían y amaban para alcanzar una vida de libertad para sus hijos. Usted evocó a héroes que todos podemos llamar nuestros. Usted hizo un despliegue de carácter, clase y generosidad frente a un líder que se hace llamar presidente pero que no lo es porque nunca fue elegido. Heredó el trono de un hermano que usted no mencionó en su discurso, y por eso también le doy las gracias. Una manera más de dejar atrás el pasado.

Espero que usted haya inspirado a los cubanos a actuar como personas libres y tolerantes hacia otros puntos de vista. La enardecida plebe gubernamental que ataca violentamente a disidentes pacíficos es la que más necesita oír su mensaje. Y espero que Castro cumpla su promesa de liberar a todos los presos políticos, aún cuando su gigantesca soberbia no le permita siquiera reconocer que existen.

No estoy bajo la ilusión de que, en la secuela de su rama de olivo, Castro opte por el rumbo de la democracia. Pero, al menos por hoy, hemos sido testigos de nuestro milagro: El poderoso caso de un presidente de Estados Unidos en favor de la democracia y los derechos individuales no permaneció dentro de los confines de un gran teatro habanero, sino que se transmitió a todo el pueblo cubano.

Sr. Presidente, este instante debe registrarse en la historia de su presidencia como uno de sus momentos de mayor excelencia, un despliegue ejemplar de liderazgo y humanidad.

Sí se puede.

Siga a Fabiola Santigo en Twitter: @fabiolasantiago

Esta historia fue publicada originalmente el 23 de marzo de 2016, 3:25 p. m. with the headline "Obama en Cuba: un mensaje magistral a favor de la democracia."

Reciba acceso digital ilimitado
#TuNoticiaLocal

Pruebe 1 mes por $1

RECLAME SU OFERTA