Otro cuento de Navidad, usar la escasez para que compremos más | Opinión
Las estrategias de marketing no nos dan respiro. De un momento a otro se pasa de los artículos de Halloween a los adornos navideños. Crean la urgencia de sustituir la calabaza por las guirnaldas antes de, una vez que comienza el nuevo año, pensar en los bombones y las flores de rigor en el Día de los Enamorados.
Este año en particular el bombardeo comercial es mayor debido a las vacas flacas que produjeron los meses de encierro durante el periodo más severo de la pandemia. En aquel momento los artículos más deseados fueron el papel higiénico y los desinfectantes. En medio de un fenómeno de inflación previsible como consecuencia del incremento de la demanda a medida que los consumidores retornan a tiempos de pre pandemia, las grandes cadenas advierten de que hay que encargar cuanto antes las compras navideñas porque podemos enfrentar una alarmante escasez. El lema ahora es “septiembre es el nuevo diciembre”.
Ante este sobresalto general, con la gente temiendo que no encontrará pavos, turrones y otros manjares para poner a la mesa, escucho en NPR a expertos diciendo que a pesar de que hay retrasos en la cadena de abastecimiento, no hay que perder de vista que podría tratarse de una táctica comercial: incentivar las compras pre navideñas avivando la ansiedad de muchos que no quisieran ver un árbol de Navidad sin regalos alrededor.
Me temo que dicha táctica está dando frutos con ingentes pedidos a Amazon y otras ventas online haciendo su agosto a medida que se acerca esa otra fecha crucial para las ventas, el “Black Friday”, que ya se ha impuesto en gran parte del mundo y que representa el pistoletazo de salida para realizar las compras de la temporada navideña.
Entretanto las noticias que nos llegan es que en los supermercados hay estantes semi vacíos; que difícilmente conseguiremos víveres para Nochebuena; y hasta resultará difícil hallar los codiciados pinos navideños. Una precariedad que haría las delicias de Ebenezer Scrooge, el protagonista de Cuento de Navidad, el famoso relato infantil de Charles Dickens. El huraño Scrooge repudia las tradiciones que tanto disfrutan quienes lo rodean y no tiene la menor intención de sumarse al bullicio de las fiestas.
No hay que caer en el egoísmo de Scrooge, quien al final aprende su lección moral con la visita de tres fantasmas antes del Día de Navidad. Pero, ante este operativo de urgencia inducido por los comercios, la idea de que tal vez haya que renunciar a los excesos navideños por un supuesto problema de escasez y el hecho real del incremento de los precios, invita a celebrar sin tanta alharaca y gastos que suelen generar deudas innecesarias.
Sin duda estas Navidades se celebrarán con mayor libertad y en una atmósfera más festiva que la pasada, cuando todavía el encierro era necesario porque aún no había las vacunas que tanto han aliviado la crisis global. Hay muchas ganas de salir, celebrar en grupo y recuperar el espíritu gregario que se frenó con la cantidad de muertes y enfermos en los meses más duros. Actualmente el ánimo colectivo es el de derrochar después de largos meses en los que el chándal fue la prenda más usada en los hogares.
Los gigantes de las compras online están al tanto (por medio de algoritmos siguen muy de cerca todos nuestros impulsos consumistas) de este anhelo expansivo después del recogimiento forzoso.
Sin una pizca de ingenuidad nos conminan a comprar con premura (¿recuerdan cuando el papel higiénico misteriosamente se convirtió en el bien más preciado?) para evitar que vivamos otras fiestas austeras. El marketing también arma su propio Cuento de Navidad. Y no es precisamente un metaverso.
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