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Gina Montaner

El final de una pareja poderosa por culpa del sexo, las mentiras y las redes sociales

Huma Abedin, principal asesora de Hillary Clinton y vicepresidenta de su campaña electoral, en el 2011 con su esposo Anthony Weiner, ex congresista de Nueva York, de quien se separa por el escándalo de ‘sexting’ en el que está involucrado.
Huma Abedin, principal asesora de Hillary Clinton y vicepresidenta de su campaña electoral, en el 2011 con su esposo Anthony Weiner, ex congresista de Nueva York, de quien se separa por el escándalo de ‘sexting’ en el que está involucrado. AP

El ascenso y caída del ex congresista estadounidense Anthony Weiner son dignos de un reality show si no fuera porque ya hay un magnífico documental titulado, cómo no, Weiner, que de algún modo anticipó la profecía de la que no puede escapar su protagonista.

A estas alturas todo el mundo conoce la historia de este político del partido demócrata que hoy está desempleado y es un paria social: Weiner está casado con Huma Abedin, la principal asesora de Hillary Clinton y vicepresidenta de su campaña electoral. Cuando contrajeron matrimonio hace seis años en una ceremonia que ofició nada menos que Bill Clinton, la pareja se perfilaba como un power couple del establishment político. Con trayectorias brillantes, ambiciones y apadrinados, llegarían lejos.

Bien, Abedin, cuyo sello personal es la elegancia y un aire distante, ha continuado avanzando junto a su mentora, quien hoy aspira a la presidencia. En cambio su todavía esposo se ha revelado como una suerte de Ícaro, dispuesto a caer al vacío por una pulsión que consiste en exhibir sus atributos sexuales a mujeres que contacta en las redes sociales.

Fue en 2011 cuando se filtraron los primeros mensajes y fotos de Weiner en poses comprometedoras que le costaron su cargo como congresista de Nueva York. Dos años después, cuando intentaba volver al redil político postulándose como alcalde de esa ciudad, en plena campaña salieron a la luz pública fotos picantes que intercambió con otras mujeres. Ese segundo escándalo dio al traste con la posibilidad de convencer a los votantes de que se había redimido.

En ambas ocasiones Abedin se mostró solidaria con él, a la vez que Weiner entonaba mea culpa públicos y prometía que se rehabilitaría de su supuesta adicción al sexting. Entretanto, el matrimonio había tenido un hijo y sus cuitas llegaron a filmarse en un documental cuyo director (un amigo personal de Weiner) los siguió en todo momento, incluso en la privacidad de su apartamento, dejando al descubierto la crisis en la que se sumía una pareja que hasta entonces lo había tenido todo de su parte. Al final de la cinta el propio director le pregunta a Weiner por qué había accedido a que lo filmaran en sus momentos más bajos.

Weiner también se lo pregunta hasta el día de hoy pero la respuesta es sencilla: su hiperactivo narcisismo le impide poner freno a un comportamiento suicida que lo lleva a exhibirse de modo compulsivo y con una particular querencia por su pene, que en inglés se denomina vulgarmente “wiener” (o sea, “salchicha” en español), y se pronuncia igual que su apellido.

Este personaje tragicómico al que hoy no lo quieren en ninguna tertulia política por un incontrolable fetichismo virtual que lo precipitó a lucirse en una imagen inquietante con calzoncillos abultados mientras su hijo de cuatro años dormía a su lado, está atado fatalmente a un apellido del que parece querer presumir a cualquier precio, invitando a sus seguidoras virtuales (al parecer no hubo relaciones carnales) a admirar sus partes más íntimas.

Irónicamente, a lo largo del documental Weiner resulta una figura más transparente que su esposa. Es un tipo ocurrente pero impulsivo que prefiere ser noticia antes que permanecer en el anonimato; su instinto primario es el de lanzarse al precipicio y en la caída arrastra a sus seres más queridos. No lo puede evitar. Al final de la película la pregunta que el espectador se hace es por qué razón Abedin –racional, prudente y reservada– continúa junto a un individuo peligrosamente tóxico del que urge huir.

Dicen que a la tercera va la vencida. Con este último escándalo que ha destapado el New York Post, Abedin ha dado por terminada su relación con un escueto comunicado en el que pide a los medios que se respete la privacidad de una pareja que ha compartido más con el público que entre sí. Weiner (acaso debería cambiarse el apellido para romper la maldición) al fin se ha quedado a solas con sus relaciones peligrosas en las redes sociales. El sexo y las mentiras nunca pasan de moda. Sólo desaparecieron las anticuadas cintas de video.

©FIRMAS PRESS

Twitter: @ginamontaner

Esta historia fue publicada originalmente el 4 de septiembre de 2016, 2:52 p. m. with the headline "El final de una pareja poderosa por culpa del sexo, las mentiras y las redes sociales."

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