Trasfondo

Jóvenes indocumentados probaron la libertad y ahora el azote del miedo

A punto de graduarse con su licenciatura en química en el 2012, las posibilidades de empleo para Tomás Pendola parecían nulas.

La Universidad Saint Thomas le dio media beca y sus padres se esforzaron para pagar la otra mitad de los estudios. Pero Pendola no podía trabajar. Al menos no legalmente. Llegó a Estados Unidos en el 2001, a los 10 años de edad, junto a sus padres, cuando los turistas argentinos no necesitaban visa para entrar. La familia se quedó en el país indocumentada.


Su situación cambió en el verano del 2012, cuando el presidente Barack Obama anunció la implementación de un alivio migratorio para miles de jóvenes indocumentados como Pendola, que fueron traídos al país de niños, crecieron y se educaron en Estados Unidos. Pendola solicitó rápidamente para obtener la protección, y en unos meses recibió los anhelados documentos que le abrirán un nuevo mundo de posibilidades: un seguro social y un permiso de trabajo.

Pasó del tedioso empleo de vender trucos de magia en una tienda de Miami, un trabajo por el que cobraba un sueldo mínimo por debajo de la mesa, a ser “Mr. Pendola”, un querido maestro de ciencias en MAST Academy. Hacía unos años se había graduado de esa prestigiosa escuela secundaria en Key Biscayne, y poco después de que anunciara en Facebook que ya tenía permiso de trabajo y una carrera universitaria, le ofrecieron el empleo.


“La vida me dio un giro de 180 grados”, dijo el joven de 25 años, que creció en La Pequeña Habana. “Me encanta enseñar aquí porque son chicos que no tienes que forzarlos a aprender. Les gusta aprender y siempre tienen muchas preguntas”.

Ahora Pendola da clases de química avanzada y de nivel universitario mientras se prepara para empezar un doctorado en la Florida International University (FIU).

Pero sus planes ahora se tambalean. El y más de 700,000 jóvenes indocumentados que según el gobierno federal se han acogido al programa de inmigración, podrían perder la protección cuando el presidente electo Donald Trump ocupe la Casa Blanca en enero. Trump prometió durante su campaña eliminar el programa conocido como DACA (Acción Diferida para los Llegados en la Infancia) y otras órdenes ejecutivas del presidente Obama, que considera inconstitucionales.


Según estimados, unos 70,000 jóvenes de Florida obtuvieron el beneficio y pasaron de “undocumented” a “DACAmented”, (indocumentado a DACAmentado), una expresión que usan activistas y DREAMers para referirse al programa. Desde la victoria de Trump el 9 de noviembre, muchos de esos jóvenes han dicho que temen que el programa desaparezca, y que la información que ellos voluntariamente proporcionaron al gobierno federal al llenar sus solicitudes, ahora pueda ser utilizada para ubicarlos y deportarlos.

“Sería devastador, un gran paso hacia atrás, perder DACA”, dijo Pendola. “No podría trabajar. Sin trabajo no puedo pagar el préstamo del carro, y para qué tener carro si no puedo manejar sin licencia”, dice sobre sus preocupaciones inmediatas.

Un país ajeno, el que dejaron atrás

Al considerar lo que pasaría en el futuro no tan inmediato, Pendola confronta la idea que aterra a muchos de estos jóvenes: volver a países que no conocen, aunque hayan nacido en ellos.

“A Argentina no podría volver, estoy aquí desde que tenía 10 años”, dice Pendola. “Yo soy de aquí. Esta es mi vida”.


Trump hizo de la inmigración ilegal uno de los temas principales de su campaña, prometiendo construir un “enorme” e “impenetrable” muro entre EEUU y México y deportar a los millones de indocumentados que viven en el país. Recientemente, en una entrevista en el programa 60 Minutes, el nuevo presidente dijo que deportaría inmediatamente de dos a tres millones de inmigrantes sin papeles y con historial delictivo.

Esas cifras son similares a la cantidad de indocumentados deportados durante los ocho años de la administración de Obama. Pero expertos y autoridades de inmigración han dicho que sacar del país a esa cantidad de personas toma tiempo, no es una operación que se puede llevar a cabo de inmediato. Además, según un reporte del San Antonio Express News, ni la propia Policía de Inmigración y Aduanas (ICE) puede explicar cómo Trump determinó la cifra de dos a tres millones, ya que la cantidad de indocumentados con algún tipo de récord delictivo por los cuales deben ser deportados no está clara, y sería mucho menor.

Eliminar DACA es una medida que Trump podría ejecutar mucho más fácil y rápidamente para dar a sus seguidores una muestra de que tendrá mano dura con los indocumentados. La protección no es una ley, sino una orden ejecutiva que puede ser revertida por el nuevo presidente sin necesidad de aprobación del Congreso.

Ante esa posibilidad, grupos que abogan por los inmigrantes se están movilizando con urgencia para lograr que la medida permanezca, o que los jóvenes no queden desprotegidos.


“Solo porque un presidente considera que es importante proveer a estos DREAMers la oportunidad de salir de las sombras, no significa que el próximo presidente piense igual”, dijo Cheryl Little, abogada y directora ejecutiva de Americans for Immigrant Justice (AIJ). “Como es una orden ejecutiva en un día [Trump] podría decidir eliminarla”.

Little explicó que otra opción para Trump podría ser mantener el programa vigente hasta que expiren los permisos de trabajo (cada dos años) y ordenar que no se vuelvan a renovar los mismos. Pero eso también puede variar de estado a estado, dependiendo de qué beneficios hayan recibido a través de DACA.

“Por ejemplo, en Florida los jóvenes [beneficiarios de DACA] pueden obtener una licencia de conducir y pagar matrícula universitaria para residentes del estado”, dijo Little. “En otras palabras estos jóvenes se están educando y están contribuyendo a esta comunidad, de la que son parte y a la que aman”.


AIJ y otras organizaciones están recomendado a jóvenes que califican para DACA pero que nunca han solicitado el programa a abstenerse de enviar la solicitud, para proteger su información de las autoridades de inmigración. Los beneficiarios de DACA que tengan que renovar sus permisos de trabajo pueden hacerlo, dijo Little, ya que de todos modos las autoridades tienen sus datos.

Pendola, el maestro, renovó su permiso de trabajo el mes pasado. Pero ante la incertidumbre, dijo que no sabe si invertir los casi $500 que cuesta el examen para obtener su licencia permanente como educador.

“No sé qué va a pasar y si me quedo sin trabajo, voy a necesitar cada centavo para mantenerme y ayudar a mi papá en lo que encuentro algún otro trabajo por ahí. La gente tiene que sobrevivir”, dijo.

A Saúl Alemán, de 24 años de edad y quien creció en Homestead desde que sus padres lo trajeron de México a los 3 años, el permiso de trabajo le expiró la semana pasada. Dijo que envió los documentos de solicitó para la renovación en septiembre y aún espera por una respuesta. Ahora la espera le preocupa.

Alemán es estudiante becado de último año de contabilidad de FIU y trabaja como tutor en Miami Dade College. Gracias a DACA puede pagar sus clases a precio de residente de Florida y aprovechar su beca completa. Ademas puede conducir hasta la universidad y al trabajo.

Dijo que de vez en cuando participaba con organizaciones de lucha pro inmigrantes, pero ahora se está involucrando más. Lo hace por gente como sus padres, más que por él mismo. Su papá trabaja instalando sistemas de irrigación. Su madre limpia casas. Ambos son indocumentados.


“DACA podría mantenerse, y aún contamos con un tipo de protección, un privilegio que otros no tienen. Hay gente que no tiene nada y vive con miedo. Debemos seguir luchando por el respeto y la protección de todos los inmigrantes”, dijo Alemán, quien es parte de la organización Cosecha Homestead, que recientemente organizó protestas pacíficas de rechazo a Trump en escuelas públicas de esa ciudad al sur del condado Miami-Dade.

La organización tuvo una reunión de emergencia el día después de la elección presidencial. Llegaron unos 32 padres asustados, dijo Alemán.

“Mi mamá fue a dejar a mi hermanito Christopher a la escuela y él no la quería soltar. Estaba llorando preguntándole qué pasaría con ella”, dijo Alemán, cuyo hermano de 10 años nació en EEUU. “Obviamente es una cosa que siempre nos ha preocupado, pero creo que el miedo es más justificable ahora por el tipo de personas que el nuevo presidente está nombrando a su gabinete”.

Campaña en medios sociales

En los días siguientes a las elecciones han compartido preocupaciones y experiencias de una manera muy pública, con campañas en medios sociales como #WithDACA (con DACA).

“#ConDACA me sentí segura para empezar mi transición de género, mi negocio y mi carrera, vivir auténticamente y apoyar comunidades menos privilegiadas”, escribió en Twitter Catalina Velásquez.

La joven de 28 años estudió política y leyes internacionales en la universidad de Georgetown, en Washington DC, tras graduarse con honores del Miami Dade College, en el 2006. Ahora es propietaria de Consult Catalina, una compañía de consultoría política en la que emplea a otros especialistas.


Su madre, su padre y su hermana fueron deportados a Colombia a principios del 2009, cuando Velásquez estaba en la universidad. Habían solicitado asilo en Estados Unidos tras llegar de Colombia en el 2002 pero les fue negado. Un día agentes de ICE llegaron a su casa en Doral para arrestarlos.

Su madre la llamó mientras estaba escondida debajo de una cama para dejarle saber que ahora se quedaría sola en el país y “debía ser fuerte”. No los ha vuelto a ver.

“Me dijo, vinimos a este país para que usted saliera adelante, sabemos que eres especial, así que deja de llorar y sal adelante”, recordó Velásquez en una entrevista por teléfono desde Washington.

DACA le ha permitido seguir el deseo de su madre. Además le ha proveído la seguridad financiera para dedicar tiempo a formar grupos de apoyo para miembros de la comunidad LGBTQ.

“Me dio la oportunidad de desarrollarme profesionalmente, y de proveer para mí misma, de sustentar mis propias necesidades como un techo, comida, seguro médico”, dijo Velásquez. “De un momento a otro humanizó mi experiencia en este país”.

Como mujer transgénero, inmigrante e indocumentada, Velásquez, quien trabajó para la campaña del candidato por el partido demócrata Bernie Sanders, dijo que sintió que todas sus identidades fueron atacadas durante la contienda.

“Siento que la persona que va a entrar a la Casa Blanca este enero, dedicó su campaña a estimular sentimientos de rechazo profundo hacia los inmigrantes y me preocupa las políticas públicas que una persona con esa retórica vaya a implementar”, opinó. “Pero también en el aspecto cultural me preocupa como promulgó un movimiento nacionalista basado en la ignorancia”.

Velásquez dijo que para ella no hay más opción que seguir luchando en EEUU para que se respeten los derechos que han ganado las minorías.

“Mis padres tienen miedo y yo tengo miedo de que me deporten a un país en el que no he vivido por más de 14 años y que no sé si me acepte por quien soy, una mujer transgénero exitosa”, dijo. “Perder DACA sería un gran revés en mi vida”.

Siga a Brenda Medina en Twitter: @BrendaMedinar

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