Trasfondo

El ruido ahoga al downtown de Miami. ¿Es un mal negocio vivir en esos condos de lujo?

Un grupo de bailadores en el club Space. Los residentes están pidiendo a los clubes que pongan techo a sus azoteas, que las hagan a prueba de sonido o que muden el baile a la planta baja.
Un grupo de bailadores en el club Space. Los residentes están pidiendo a los clubes que pongan techo a sus azoteas, que las hagan a prueba de sonido o que muden el baile a la planta baja. Especial/ HERALD

Imagínese tener una vista panorámica de la Bahía de Biscayne y del paisaje urbano de Miami desde su balcón, y allí tomarse un café o un coctel desde un mirador refrescado por las brisas que le coloca en el energizante epicentro de la ciudad que usted adora.

Y luego imagínese tener que abandonar ese balcón todos los fines de semanas para encerrarse en el interior de su condominio, convertido en una jaula de cristal, donde usted tendrá que agazaparse como si estuviera en un búnker, pero sin poder escapar como quisiera del asalto en los tímpanos de un ruido incesante, pulsante, descomunal.

¿Apagarlo? No se puede, porque mientras usted trata de dormir, los clientes de los clubes nocturnos 50 pisos más abajo quieren bailar hasta las tantas de la madrugada e incluso hasta la hora del desayuno al compás de los ritmos de bajo de la música electrónica, que suben por las paredes, se cuelan por las ventanas cerradas y penetran como taladros en su cerebro adolorido.

“Bum, bum, bum. Sin parar, desde la noche del viernes hasta la mañana del lunes”, dijo Michael Graubert, quien lleva tres años viviendo en el edificio Marquis en el 1100 Biscayne Boulevard, a pocas cuadras de los clubes de la calle 11 del noreste. “El ruido se amplifica a medida que va subiendo por los edificios. Esto va mucho más allá de los ruidos que usted puede esperar en el corazón urbano. Esto es un ruido que te desbarata la vida y te afecta la salud”.


Gail Feldman se mudó de la avenida Brickell al número 900 de Biscayne en enero. A ella y a su esposo les encantaba la idea de estar en el downtown, paseando su perro y conversando con sus vecinos en Museum Park, yendo a pie a espectáculos, exposiciones de arte, juegos de baloncesto y restaurantes, y relajándose después de una larga semana de mucho trabajo en su hogar en el piso 61.

“Nunca se me ocurrió que vivir en un penthouse hermoso sería como vivir en el infierno”, dijo Feldman, quien recordó la vez que se despertó una noche a las 3 a.m. y se arrastró penosamente hasta la farmacia para comprar tapones de oído que no le funcionaron. “me gusta la música, pero esto no es música. No hay una pulgada cuadrada de nuestra casa donde no se escuche y no se sienta ese ruido golpeante que te congela la sangre en las venas. No importa cuántas almohadas te pongas encima de la cabeza. Esto está convirtiendo a los residentes en lunáticos”.

Los residentes de los rascacielos a lo largo de Biscayne Boulevard están hasta la coronilla de una música intrusiva que parece como si no parara nunca. En el extremo norte, la misma emana de unos DJs conocidos como Thunderpony y Ms. Mada, que hacen sonar música techno y house desde las azoteas de Club Space, Heart Nightclub y E11even, clubes con lemas como “Abiertos las 24 horas los 7 días de la semana. No dormimos”. En el extremo sur, la música sale de los frecuentes festivales de Bayfront Park como por ejemplo Ultra y Rolling Loud y de las bandas de música que tocan todas las noches en el Bayside Marketplace.

Al principio la música fue el gancho

Cuando el downtown de Miami era un lugar yermo que se vaciaba a las 6 de la tarde, a nadie le importaba la música. De hecho, lo que atrajo a los clubes de Distrito de Entretenimiento de Park West en el año 2000 fue la oferta de licencias de venta de bebidas alcohólicas las 24 horas y la esperanza de la Ciudad de que ellos darían vida a un rincón en ruinas y de alta delincuencia cerca del paso a desnivel de la Interestatal 395.


Pero a medida que la población ha crecido durante la última década hasta alcanzar 88,000 personas, también se ha incrementado el conflicto entre aquellos que disfrutan de la música a todo volumen o que sacan ganancias de la misma, y los residentes que están exigiendo que se hagan cumplir las ordenanzas de ruido de la Ciudad y que se reduzca el número de eventos en el parque. Pronto, el edificio diseñado por Zaha Hadid, el precio de cuyas unidades empieza en los $5 millones, será inaugurado, así como el edificio Paramount en el complejo Miami World Center.

“Estamos hablando de bienes raíces por un valor de casi mil millones de dólares compitiendo con el mundo de los clubes nocturnos”, dijo Graubert. “Tenemos que encontrar una manera de coexistir”.

Paula Soares lleva cuatro años viviendo en el piso 47 de 50 Biscayne. Ella antes vivía en el área central de Sâo Paulo, la cual, excepto por las griterías ocasionales durante los juegos de fútbol televisados, era “serena” en comparación con Miami, afirmó.

“Yo no estoy aquí de vacaciones, ni puedo salir de fiestas todos los días”, dijo Soares. “Esta es una comunidad residencial con personas que trabajan y con familias. Creo que la Ciudad da preferencia a los eventos que les traen dinero en vez de respetar a los ciudadanos que pagamos impuestos”.


Soares hace lo posible por irse cuando se celebra el festival Ultra. Este año se agregó el festival de música hip-hop Rolling Loud al calendario ya sobrecargado de eventos de fin de semana. Cada noche, ella puede escuchar la música que viene desde Bayside; el jueves, eran malas versiones de canciones de Santana.

Las ordenanzas de ruido de Miami estipulan que todo ruido que pueda escucharse a más de 100 pies de distancia de su fuente es una violación. Durante años, rara vez se hicieron cumplir por las noches o los fines de semana porque ningún agente de cumplimiento de códigos trabajaba hasta tarde. La policía podía presentarse en respuesta a llamadas, pero no podía poner multas. Pero, en mayo, dando respuesta finalmente a las quejas de los residentes, el comisionado Ken Russell, el viceadministrador de la Ciudad Alberto Parjus y el nuevo director de Cumplimiento de Códigos Orlando Diez hicieron del cumplimiento de los mismos una prioridad por medio de cambiar a su personal a un turno de medianoche que se llevará a cabo en toda la ciudad.


Durante el fin de semana del Día de Recordación, Parjus estaba presente en la calle 11 cuando se impuso multas de $500 a los tres clubes en las noches del viernes y del sábado. Si se reportan más de dos violaciones, la Ciudad podría retirarles las licencias de operación.

Los clubes tienen planes de apelar, y esto podría acrecentarse a una demanda judicial a la ley en una audiencia que se celebrará el 20 de julio. Los residentes del área tienen planes de asistir en masa a la misma.

“Estamos preparados a que se nos critique como ‘¿A quién le importa toda esta gente rica que no pueden dormir, y que no se dieron cuenta que se estaban mudando al lado del distrito de los clubes nocturnos?’ ” dijo Mark Kirby, quien lleva viviendo en 900 Biscayne desde el 2010. “Pero después de que los clubes abrieran, esta área ha evolucionado y se ha convertido en un vecindario residencial. Las personas tenemos un derecho básico a vivir en paz y tranquilidad”.

Kirby, diseñador de interiores que se mudó a Miami Beach durante el renacimiento de esa área para participar de la vida nocturna, no quiere que se cierren los clubes.


“Yo he hecho todo eso, y no tengo objeción alguna a lo que pasa dentro de los clubes”, dijo. “Simplemente, que le pongan un tapón. Literalmente. Esto no se trata solamente de esos tres clubes. Se trata de establecer un precedente y un estándar para los próximos 20 años de crecimiento de Miami”.

Maneras de reducir el ruido

Graubert y un ingeniero de sonido midieron el nivel de decibeles dentro de los clubes y concluyeron que era de 110, el equivalente al sonido de un martillo neumático o de una planta siderúrgica. Las investigaciones científicas muestran que los ruidos altos y constantes no sólo causan daños al oído, sino que además producen un aumento de la presión sanguínea, la ansiedad y la agresividad. La CIA ponía música de Metallica, Marilyn Manson y Christina Aguilera a todo dar a los prisioneros durante las sesiones de interrogatorios.

“Tienen unos altavoces de bajo enormes proyectándose al aire”, dijo. “Esto es polución de ruidos de baja frecuencia”.

Los residentes están pidiendo a los clubes que pongan techo a sus azoteas, que las pongan a prueba de sonido o que muden el baile a la planta baja. Graubert menciona el ejemplo del Club LIV en el Fontainebleau Hotel, donde la música es ensordecedora de puertas adentro, pero que está aislado a prueba de ruido para no molestar a los huéspedes.


“Uno camina por Las Vegas y nunca escucha el ruido”, dijo Parjus. “Hay maneras de impedir que el sonido salga del recinto”.

Los residentes del downtown elogiaron la decisión reciente de E11even de silenciar las fiestas en la azotea y su plan de poner paredes y techo a la terraza. Además, el club está llevando a cabo un estudio de sonido en preparación para la audiencia, y pedirá que se desestimen sus multas.

“Ese edificio es como una roca, y la amortiguación del sonido ahí está al máximo”, dijo Louis J. Terminello, el abogado que representa a los propietarios de E11even. “Yo no creo que ellos sean culpables de ningún tipo de violaciones de ruido. Ahí están una planta gigantesca de enfriamiento de agua, una autopista y el Metromover, así que lo que los residentes del área escuchan es una acumulación de ruidos. Si estamos causando una perturbación legítima, queremos resolver el problema. Pero también queremos que nuestro negocio florezca”.


Terminello dijo que bajar el volumen no es una opción que puedan cumplir los DJs.

“Ellos son artistas que creen profundamente en la calidad de sus presentaciones artísticas”, dijo. “Los vecinos dicen que ahí todo el mundo está drogado o borracho. Ellos no ven arte en eso para nada. Lo único que ellos quieren es dormir”.

Heart Nightclub ha contratado a un ingeniero acústico para que examine las maneras de reducir el ruido, luego de que un intento de tomar medidas desde los condominios fue rechazado por los residentes, quienes se negaron a permitirles el acceso a sus edificios, dijo Michael Slyder, director de finanzas de Heart y presidente de la Miami Entertainment District Association (Asociación del Distrito de Entretenimiento de Miami).

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