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Trasfondo

Con el orgullo del deber cumplido

Manuel Artime (izq.) junto a otros dos integrantes de la Brigada 2506.
Manuel Artime (izq.) junto a otros dos integrantes de la Brigada 2506. el Nuevo Herald

Estamos de nuevo en esa época del año en la que se reviven los recuerdos y el dolor del fracaso causado por el abandono de nuestros aliados en la invasión de Bahía de Cochinos por la Brigada 2506.

Nunca nos cansaremos de señalar cuántos males se hubieran evitado a nivel mundial si entonces se hubiera logrado la libertad de Cuba; pues sin lugar a dudas la Cuba de los Castro ha sido exportadora de guerrillas y de doctrina marxista para subvertir el orden en varios países democráticos de América Latina.

Corría el mes de diciembre de 1960 cuando mi amigo y jefe civil de la Brigada, Manuel Artime, me dijo que Alberto Valera, mi compañero de transmisiones en Radio Swan y yo, teníamos que irnos a los campamentos para cumplir una misión. Así el 16 de diciembre partimos hacia lo desconocido. Despedirme de mi madre fue lo más terrible. Hacía sólo dos meses que ella estaba en Miami, vivíamos en un pequeño apartamento en el suroeste de la ciudad y ella padecía de culebrilla. Entre lágrimas y preguntas nos despedimos, ella no podía entender por qué la iba a abandonar en esas condiciones.

Mi jornada comenzó sin saber adónde iba. Artime y Eduardo Hernández “Guayo” me llevaron a una casa de seguridad en Coconut Grove. Por el camino veía las preparaciones para la Navidad y pensaba: qué indolencia la de la gente, Cuba se desangraba, cientos habían sido fusilados, otros estaban presos y qué pocos éramos los que habíamos decidido hacer algo.

De la casa de seguridad salimos en un camión cubierto. Llegamos a un hangar cerrado 40 minutos más tarde. Después de tomar un café, un avión C54 sin ventanas nos llevó cuatro horas más tarde a nuestro destino: Retalhuleu, Guatemala.

Pasamos largos meses de entrenamiento, realizamos misiones antes de la invasión, sólo la protección de Dios hizo que no hubiera muertos. Nuestra misión era lanzar armas en el Escambray y en la Sierra Maestra, donde había focos de rebelión. En distintas ciudades lanzábamos octavillas anunciando que pronto vendría la liberación. En una de esas misiones especiales a fines de enero, salimos en un B26, con Chirino Piedra de capitán, Nildo Batista de copiloto y yo de PDO. Mis compañeros llenaron el compartimento donde yo iba en la cola del avión con palos, piedras y volantes para lanzarlos. Dimos dos pases sobre el cuartel de Artemisa para cumplir nuestro objetivo. Recibimos ocho impactos de las ametralladoras antiaéreas, el loran quedó inutilizado y nos quedamos sin electricidad. De milagro llegamos a Puerto Barrios en Guatemala, no a nuestra base.

La Brigada 2506 estaba compuesta por unos 2,000 jóvenes con una edad promedio de 22 años. Entre infantería, aviación, marina y teams de infiltración el más joven tenía 15 años y ocho meses (fallecido recientemente). La Brigada era una representación perfecta de nuestra sociedad: había negros y blancos, ricos y pobres, militares de carrera y del ejército rebelde, religiosos y ateos; no éramos mercenarios, como tristemente nos calificó la dictadura castrista. Teníamos nuestras diferencias, pero a todos nos unía una causa noble que sentíamos en nuestros corazones.

Han pasado 55 años de aquel 17 de abril de 1961. La Brigada perdió a 110 hombres, y a cuatro norteamericanos que eran parte de nuestros instructores y fueron derribados. A los dos que hicieron un aterrizaje forzoso los mataron cobardemente.

Nuestra infantería pasó varios días sin apenas dormir ni comer durante la travesía y los días de lucha. Nuestros aviones volaban casi siete horas de ida y vuelta a Puerto Cabezas, Nicaragua. La Brigada peleó con valentía contra una ofensiva de 60,000 hombres, sus aviones volaban en media hora de San Antonio a Playa Girón. A los hombres que se habían infiltrado nunca se les avisó de la invasión.

La metralla del tiempo ha hecho más estragos en la Brigada que las balas comunistas. Todavía nos duelen el abandono y la traición a los cientos de hombres que se entrenaron durante meses con la fe de que nuestros aliados no nos fallarían.

Alguien me preguntaba si había sentido miedo al saltar en paracaídas o participar en misiones, y yo le respondí que el valor nace cuando podemos vencer el miedo.

Me siento orgulloso de haber sido parte de esa juventud que lo abandonó todo y partió llena de fe y esperanza hacia lo desconocido. Cuando besé a mi madre al despedirme, estaba consciente de que quizás nunca más la vería.

Nosotros vinimos para volver. Vinimos para liberar a Cuba, no para quedarnos. Y mientras tanto, no volvimos a ver a la familia, ni pudimos enviarles un centavo, porque no lo teníamos, ni existía la posibilidad de enviar remesas. Ni siquiera podíamos hablar por teléfono porque no nos pasaban las llamadas. El correo postal demoraba meses en llegar o era confiscado.

Los cubanos, y en especial los brigadistas, hemos sido traicionados muchas veces: el 17 de abril de 1961 y cuando la Brigada salió de la cárcel y nos llevaron al estadio Orange Bowl, donde se nos dijo que habría otra oportunidad para la libertad de Cuba. Y en otro 17, pero de diciembre de 2014, sucedió de nuevo, cuando tras 18 meses de negociaciones secretas se tramitó el futuro de nuestra patria entre la Cuba comunista y esta administración. En esos intercambios no hubo exiliados, ni veteranos del clandestinaje, ni de los que se manifiestan contra el gobierno comunista. Ese día sentí que esta administración concedía demasiado a los asesinos que desgobiernan a mi patria a cambio de nada.

Dicen que en 55 años no ha pasado nada, pero sí se han hecho intentos. Donde no ha pasado nada es en Cuba. Siguen los palos a los que discrepan o marchan por los derechos humanos, siguen las personas muriendo en las cárceles, siguen el hambre y el terror.

Como siempre, mi eterno respeto a nuestros mártires, mi afecto a mis compañeros de la Brigada y mi repudio a los que entregan tanto sin condiciones.

Sólo espero que cuando muera el último brigadista, nuestros hijos no dejen que se apague la luz y se lleven la bandera, sino que enciendan más luces e icen más alto la bandera de la Brigada 2506.

Periodista, Publicista, Miembro de la SIP, Miembro de la Brigada 2506

Esta historia fue publicada originalmente el 16 de abril de 2016, 9:23 p. m. with the headline "Con el orgullo del deber cumplido."

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