Salud

Cáncer de seno es más agresivo y avanzado entre las hispanas

Melissa Rojas, una joven madre y paciente del cáncer de seno.
Melissa Rojas, una joven madre y paciente del cáncer de seno. rkoltun@miamiherald.com

Melissa Rojas lo hizo todo como era debido. Era una joven madre que se aseguraba de comer saludable y mantenerse físicamente activa, pero hace tres años se notó un nódulo en el seno derecho. Días después, tras realizarse una mamografía a la carrera, le dijeron que tenía cáncer en etapa 3. En ese momento tenía 28 años.

“Todos se sorprendieron”, dijo. “Era algo inesperado”.


Rojas no tenía factores de riesgo o familiares conocidos. Sin embargo, el caso de Rojas puede alarmantemente típico. Aunque las hispanas tienen índices de incidencia de cáncer del seno menores que el de las blancas no hispanas, con frecuencia tienen tumores que son más agresivos e invasivos, lo que ha confundido a los oncólogos, quienes creen que muchos factores pueden influir sobre la situación.

Grace Wang, oncóloga, especialista en cáncer de seno en Baptist Health South Florida y quien trata a Rojas, ha notado que muchas de sus pacientes hispanas son más jóvenes y tienen tumores más avanzados. . “¿Hay algo en su dieta?”, se pregunta retóricamente. “¿Tiene algo que ver con el acceso a los servicios médicos? ¿Es algo de sus costumbres? ¿Son factores genéticos?”

Esas interrogantes siguen por lo general sin respuesta.


La incidencia de cáncer de seno entre las hispanas es 28 por ciento menor que entre sus contrapartes blancas no hispanas. Pero el cáncer de seno sigue siendo la causa principal de muerte por cáncer entre las mujeres hispanas,. con una cifra estimada en 2,800 fallecimientos en el 2015, según la American Cancer Society. Esto puede deberse al hecho que el cáncer de seno es menos probable que se diagnostique en una etapa temprana entre las hispanas.

Historias de supervivencia y esperanza en el carrera Susan G. Komen por la cura contra el cáncer de la mama celebrada en el Bayfront Park de Miami el sabado, 15 de octubre del 2016.

Entre el 2008 y el 2012, por ejemplo, el 57 por ciento de los cánceres de seno entre las hispanas son diagnosticados a nivel local, es decir, todavía confinados al órgano donde se originaron, en comparación con 65 por ciento entre las blancas no hispanas, reporta la American Cancer Society. Los cánceres localizados tienen un índice mucho mayor de supervivencia que los que han hecho metástasis.

Un estudio reciente de la Avon Foundation for Women, el primero de su clase que estudia los diferentes orígenes de los hispanos en Estados Unidos, subrayó la seriedad del problema. Los tres mayores grupos de hispanos en Estados Unidos con el mayor índice de mortalidad por cáncer de seno dentro de su comunidad étnica fueron: 19.04 muertes por cada 100,000 mujeres entre las puertorriqueñas, 18.78 por ciento entre las mexicanas y 17.89 por ciento entre las cubanas. En comparación, la tasa de mortalidad entre las centro y sudamericanas en Estados Unidos fue de sólo 10.5 por ciento.


Estos índices son incluso menores entre la población no hispana. Entre el 2010 y el 2014, el índice de mortalidad entre las mujeres blancas no hispanas fue de 22.41, y de 30.7 entre las mujeres negras, según el estudio de Avon.

La autora del estudio, la epidemióloga Bijou Hunt, dice que hace falta investigar más para explicar las razones de la tasa más elevada entre estos subgrupos. Pero ella, al igual que otros especialistas en salud pública, sospechas que muchas factores probablemente influyen sobre las cifras.

“No creo que sea un solo factor”, dijo Hunt. “Probablemente sean varios factores. Creo que tenemos que investigar más a fondo para comprar”.

Hunt cree que investigar más a fondo en busca de respuestas es un reto de salud pública. Con más de 55 millones, las hispanas son el grupo de minoría de más rápido crecimiento en el país, y su salud y acceso a los servicios médicos “será cada vez más importante para la nación”.


Esto es particularmente cierto para tres estados: California, Texas y Florida, donde vive la mayoría de los hispanos en Estados Unidos.

“Tenemos que comenzar por educar al personal de salud para que entiendan que los hispanos no son un grupo grande y homogéneo”, agrega. “Son personas que vienen de diferentes países, y eso es algo que hay que tomar en cuenta, así las diferencias que existen entre ellas”.

Investigadores y oncólogos señalan varios factores en la disparidad en la tasa de mortalidad:

Los 400 estudiantes de la escuela Christ Presbyterian Academy sorprendieron al maestro Ben Ellis al reunirse para cantar al pie de su ventana deseando su recuperación del cáncer que padece.

Aunque ahora hay más programas educativos, los expertos concuerdan en que todavía se requiere hacer mucho más para asegurar que las hispanas tomen en serio el reto del cáncer de seno. Hunt, la autora del estudio de Avon, sostiene que la educación tiene que ir más allá de las vallas publicitarias, las recaudaciones de fondos y los panfletos. Hunt propone usar un modelo de salud comunitaria en que una persona sea designada para ayudar a las mujeres hispanas, particularmente las que no hablan inglés, a navegar el sistema. Estas personas ayudarían a disipar mitos, a hacer citas y explicar los resultados y alternativas de tratamiento.


“Algunas veces”, dijo Hunt, “sólo necesitamos un empujoncito. A fin de cuentas, esas personas enseñarían a las mujeres a hacer lo que más les conviene”.

Otros dicen que las hispanas también deben ser alentadas a participar en pruebas clínicas. Alejandra Pérez, oncóloga especializada en cáncer de seno en el Sylvester Comprehensive Cancer Center de la Universidad de Miami, citó un informe del National Cancer Institute que mostró que los hispanos son sólo entre 2 y 5 por ciento de los participantes en las pruebas clínicas contra la enfermedad, aunque son más del 17 por ciento de la población. Sin embargo, esas pruebas clínicas son esenciales para descubrir nuevas formas de detección y diagnóstico, así como para desarrollar nuevos tratamientos.

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“En este momento eso es un gran problema en las investigaciones, porque no estamos bien representados”, dijo. “Es necesario entonces que un médico se tome el tiempo de sentarse a explicarle al paciente las razones por las que las pruebas clínicas son buenas para el paciente, y también para el mundo”.


Mientras tanto, Rojas, la mujer de West Kendall quien recibió tratamiento durante varios meses para combatir su cáncer en etapa 3, ha regresado a la consulta con una nueva preocupación. En agosto, un ultrasonido le descubrió un tumor junto al tejido cicatrizal en el seno derecho. Ahora, a los 31 años, con un hijo de 15 meses nacido después del diagnóstico original de cáncer, se mantiene optimista.

“Estoy aquí para decir a la gente que hay vida después del cáncer. “No hay que asustarse”.

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