Corriendo por su vida y la de otros
La distancia ha tenido diferentes significados para Brian Thomas a través de los años. Corredor desde la escuela intermedia, Thomas, de 35 años de edad, encontró su nicho en las carreras de distancias largas. En su mejor momento corría hasta 150 millas a la semana y corrió campo traviesa dos veces para recaudar fondos para una causa benéfica.
Pero el camino se tornó difícil en la primavera del 2013, cuando el residente de Lake Worth fue diagnosticado con melanoma en estadio IV, la forma más mortífera de cáncer de piel. Un deterioro rápido de la salud, cirugía y quimioterapia, dejaron a Thomas débil, enfermo y cerca de la muerte.
El maestro de ciencias de octavo grado en la Escuela Intermedia Okeeheelee en West Palm Beach, apenas podía caminar. Pero luchó, un paso a la vez. Comenzó caminando y poco a poco fue aumentando la distancia hasta poder llevar a cabo carreras cortas. Actualmente, Thomas no solo corre por su vida sino también para mejorar la vida de otros.
Corredor desde los 14 años en su natal Michigan, Thomas se dedicaba a las carreras de distancias largas en la escuela secundaria. Participó en el primer maratón cuando estaba en la universidad y luego de graduarse en el 2002, corrió 1,200 millas desde Michigan hasta la Florida para crear conciencia sobre los niños con perlesía cerebral.
Luego de mudarse a Florida, Thomas comenzó a enseñar y entrenar en pista. Era mentor de adolescentes en carreras de larga distancia y, en junio del 2012, Thomas dirigió a un grupo en una carrera de 1,800 millas con los Road Warriors, www.roadwarriorscorp.org, un grupo que él fundó para recaudar fondos para pacientes con cáncer.
Fue irónico que ocho meses más tarde, en marzo del 2013, Thomas fuera diagnosticado con cáncer. “Estuve enfermo durante meses. Me sentía agotado constantemente y,a veces, cuando corría, acababa teniendo tos con sangre”, comenta. Tenía bronquitis y los esteroides enmascaraban el verdadero problema. Thomas dice que se sintió tan mal que decidió buscar ayuda médica, pero las pruebas de sangre y los electrocardiogramas no revelaban nada anormal.
Durante las vacaciones en la primavera del 2013, Thomas no resistía nada en el estómago. Tenía inflamación y muchos gases. El malestar abdominal se convirtió rápidamente en un dolor agudo. Fue a la sala de emergencia y una endoscopía y biopsia revelaron un diagnóstico de melanoma de mucosa metastásico, un melanoma en estadio IV en el que las células cancerosas se han propagado a través de los nódulos linfáticos.
Thomas fue sometido a una cirugía para remover el tumor, la vesícula, una tercera parte del estómago y parte del intestino delgado. Trató de llevar un tratamiento de medicina alternativa pero no funcionó y en dos meses el cáncer se propagó al hígado. Los médicos le dijeron que era tiempo de despedirse.
Sin desanimarse, Thomas buscó opiniones médicas a través del país. En septiembre del 2013, comenzó quimioterapia en Burzynski Clinic en Houston, conocida por sus agresivos tratamientos alternativos. Aunque el tratamiento comenzó a reducir los tumores, este lo dejaba agotado. Poco a poco y con mucho dolor, Thomas volvió a ponerse en pie. “Comencé a correr y a caminar tan pronto comencé la quimioterapia. Todos los médicos decían lo mismo: ‘Debido a tu cirugía, te tienes que mover. Tienes que caminar y estar activo’ ”, narra. “Esa fue la excusa para volver y hacerlo. Cuando salí de la cirugía, me forzaron, lo que fue bueno, a comenzar a caminar por el hospital, lo que fue horrible”.
“Tuve que aprender a caminar hasta el final de la cochera, entonces entraba y dormía por el resto del día. Era extenuante”, dice Thomas. “Llegó el punto en que podía caminar hasta el final de la calle. Caminaba y dormía mucho”.
Thomas dice que fue un proceso horrible. “Algunas veces me excedí, caminaba un cuarto de milla de más, y luego no podía levantarme de la silla por tres o cuatro días”, dice. “Fue un proceso muy lento.”
Pero perseveró y en noviembre del 2013, Thomas participó, con el apoyo de su familia, en su primer 5K, el día de Acción de Gracias.
Correr mientras estaba en quimioterapia fue muy difícil. “Le llamaba el entrenamiento de campo traviesa de quimio. Me sentía como si terminara un maratón. Los músculos con calambre. Las venas en las piernas se sienten como si soltaran ácido. Estás exhausto y solo has corrido una milla”, dice Thomas.
Lentamente aumentó el rendimiento y aprendió a realizar caminatas largas que mantenían bajos los niveles de estrés. Le añadía una o dos millas a la semana y aprendió a tomar descansos cuando no se concentraba. No corría cuando su energía estaba baja. “Solo tienes que aceptar que algunas veces no vas a sentirte bien”, dice Thomas. “Algunas veces necesitas tomar una siesta y no correr, pero sabes que vas a volver a hacerlo. Vas a volver a estar ahí, porque si no puedes hacer lo que amas entonces la vida no vale la pena”.
En enero del 2014, aún bajo quimio, Thomas corrió su primer 10K. Fue una tortura, comenta, hasta que se encontró con una pareja que los dos estaban bajo tratamiento de quimioterapia. Ese encuentro casual reafirmó su resolución.
“Estar en quimioterapia fue difícil y, definitivamente, había un límite de las millas que mi cuerpo podía soportar, pero hacer las distancias que hago es una batalla mental. Ese tipo de carrera no es un logro físico. Es un logro mental,” señala.
Aunque su resistencia estaba aumentando, Thomas sentía que la quimioterapia estaba solo manteniendo los tumores a raya, y sentía que el cuerpo se debilitaba.
“Batallar contra el cáncer y estar en quimioterapia es, en gran medida, un estado mental. Usted ve a las personas que se han dado por vencidas y ve a las personas que han decidido dar la pelea y eso es una decisión consciente”, dice.
Thomas relata que comenzó a buscar pruebas clínicas que fueran de vanguardia, agresivas y menos cáusticas para su cuerpo. En marzo del 2014, entró a una prueba clínica de inmunoterapia en el Centro Integral de Cáncer Mount Sinai en Miami.
El tratamiento era una combinación de dos medicamentos de inmunoterapia. La primera era ipilimumab, también conocida como Yervoy, aprobada por la Administración de Alimentos y Drogas (FDA, por sus siglas en inglés) para estimular el sistema inmunológico. “Esa droga sola es efectiva en tratar el melanoma en metástasis pero tiene una tasa baja de respuesta”, dice el Dr. José Lutzky, oncólogo y director de melanoma en el centro.
La segunda es un medicamento que está bajo investigación y que refuerza el sistema inmune, inhibiendo una enzima particular en los nódulos linfáticos. “Eso es en adición al efecto sobre este sistema que tiene el otro medicamento. La idea es ampliar el campo inmunológico del ipilimumab”, dice Lutzky.
Thomas comenzó la inmunoterapia con cuatro infusiones intravenosas de ipilimumab de 90 minutos cada una, administradas cada tres semanas. El segundo medicamento es una cápsula que toma diariamente.
“Creo que en algún momento, cuando sintamos que hemos alcanzado la mejor respuesta, pararemos la droga”, dice Lutzky. “Mientras esté respondiendo, puede continuar”. Los tumores de Thomas se han reducido al 45 por ciento de su tamaño original sgún uno de los parámetros, aunque aún no ha alcanzado las metas del segundo, explica Lutzky.
“Con la terapia de inmunología, el proceso puede ser lento hasta que el sistema inmunológico se estimule para actuar en las células del tumor. Puede tomar semanas o meses. A algunos pacientes les puede tomar un año antes de lograr una respuesta completa”, dice. “Pero la realidad es que su enfermedad estaba progresando y, no solo detuvo el progreso sino que también comenzó a tener una remisión. Le va muy bien”.
Thomas comenzó a sentirse más fuerte con la inmunoterapia y cambió su método de entrenamiento para primero aumentar la frecuencia, sin tomar en cuenta la distancia o intensidad. Corría un día sí y otro no, añadiendo gradualmente una o dos millas.
En mayo, un día hizo 15 millas. En junio, Thomas completó una carrera de 31 millas en las montañas de Carolina del Sur.
Durante el verano le ganó a uno de los más rápidos de su equipo. En agosto, corrió 85 millas en 24 horas. Ahora corre de 60 a 90 millas semanales. En junio del 2015, volverá a hacer una carrera campo traviesa.
Thomas y su grupo, los Road Warriors, tienen varios eventos para beneficio de pacientes locales de cáncer. Él corre casi todos los días, antes o después de la escuela, o en cualquier momento que siente la necesidad. Pero sigue su intuición, haciendo pausas según las necesita.
Su médico se ríe de las locuras que hace Thomas para mantenerse corriendo distancias largas.
“No sé dónde encuentra la energía, pero está en forma”, dice Lutzky. “No sé si correr le ayuda con su enfermedad, pero ciertamente le ayuda psicológicamente. Pienso que es algo que necesita hacer, forma parte de él”.
Thomas dice que nunca se había sentido mejor. También señala que los cambios en su estilo de vida han contribuido a su bienestar. Cambió la dieta para incluir grandes cantidades de vegetales crudos o ligeramente cocidos al vapor y jugos, y las proteínas son libres de hormona y antibióticos. Tiene un régimen de tratamientos complementarios, incluyendo baños calientes semanales enriquecidos con una taza de vinagre de sidra de manzana, cepillado en seco en las extremidades y torso para estimular el sistema linfático y masajes en el cuerpo con aceite de castor y aceite de oliva, seguido por un baño tibio, una caminata y una ducha caliente.
Thomas dice que ahora corre para ayudar a otros que no pueden pagar los costosos tratamientos de cáncer. “Mi primera dosis de quimio, por el tipo que era, costó $30,000 que salieron de mi bolsillo”, relata. “Mi meta es hacer algo en lo que soy muy bueno –que es correr distancias bien largas– para motivar a las personas a ayudar a otros en nuestra área a financiar el tratamiento que puede salvar su vida”.
Contacte a Julie Landry Laviolette en julavio@gmail.com
Esta historia fue publicada originalmente el 24 de septiembre de 2014, 5:17 p. m. with the headline "Corriendo por su vida y la de otros."