Salud

El ejercicio como cualquier otro signo vital

Timothy Soler se ejercita en el UHealth Fitness and Wellness Center de la Universidad de Miami. Soler aparece en la portada de la sección especial de Salud de el Nuevo Herald.
Timothy Soler se ejercita en el UHealth Fitness and Wellness Center de la Universidad de Miami. Soler aparece en la portada de la sección especial de Salud de el Nuevo Herald. Especial/El Nuevo Herald

El ejercicio puede ser una de esas recetas potentes que su médico le recomiende para prevenir y manejar algunas enfermedades, incluyendo la diabetes, las enfermedades del corazón, la esclerosis múltiple, la obesidad, el cáncer y la osteoporosis.

Es por eso que el Colegio Americano de Medicina Deportiva ha colaborado con la Asociación Médica Americana para crear una iniciativa global llamada Ejercicio es Medicina (EIM, por sus siglas en inglés). Es también por lo que Anne Auguste, de 55 años y residente en North Miami Beach, y Timothy Soler, de 39 años y residente en Miami, van al gimnasio la mayoría de los días de la semana a tomar clases de acondicionamiento físico y hacer entrenamiento de pesas.

“Los médicos que escogen participar en EIM, acuerdan tratar el ejercicio como cualquier otro signo vital”, dice el Dr. Tony Musto, quien tiene un grado de doctorado en fisiología del ejercicio y es director de los programas de acondicionamiento de UHealth Fitness & Wellness Center en las instalaciones de Coral Gables y Miami.

Así es que la próxima vez que visite al médico, puede ser que no solo examine el ritmo cardíaco, el ritmo respiratorio, la temperatura y la presión sanguínea, sino también su régimen de ejercicio.

Después de todo, estar activo puede reducir el riesgo de cáncer de colon de un 30 a un 40 por ciento y el cáncer de seno de 20 a 80 por ciento, de acuerdo con el Instituto Nacional de Cáncer. Las personas que están físicamente inactivas tienen de un 30 a un 50 por ciento de mayores probabilidades de desarrollar presión sanguínea alta, lo que es un factor importante de riesgo para enfermedades del corazón y accidentes cerebrovasculares, dice Musto.

Ya que muchos médicos están muy ocupados o no saben suficiente sobre ejercicio como para sugerir rutinas específicas, la iniciativa EIM motiva a los médicos a proveer información básica y referir a sus pacientes a un profesional adiestrado en ejercicio.

Musto ha estado trabajando con miembros de UHealth del sistema de salud de la Universidad de Miami, para facilitar este proceso a los médicos que pronto podrán referir a los pacientes para ejercicios a través del sistema de historial médico electrónico central de la universidad.

Una vez que el paciente visita a un experto en acondicionamiento físico como Musto, el tipo de ejercicio que se prescribe dependerá del individuo. Por ejemplo, un paciente que es diabético u obeso y que sufre de una enfermedad cardiovascular encontrará que todo tipo de ejercicio, incluyendo el entrenamiento en pesas, es importante. Pero debe enfocarse en ejercicios cardiovasculares o aeróbicos.

Si el paciente sufre de pérdida de función física resultado del Parkinson o de la esclerosis múltiple, el fisiólogo del ejercicio puede enfatizar en ejercicios de fortalecimiento y balance.

“Todo depende de la enfermedad y la condición”, dice Musto, quien tiene su propio régimen de ejercicio. “No tiene que ser complicado”.

Comenzando a las 6:30 a.m., él trota por un período de 30 a 40 minutos, tres días a la semana en el campus de la escuela. “Me gusta hacer ejercicios en la mañana cuando no hay interrupciones”, dice.

También hace adiestramiento de pesas en un centro de bienestar de dos a tres días a la semana. Dedica unos 30 minutos al uso de máquinas o pesas libres, según lo que esté disponible.

“Lo combino. Sus músculos no saben si usted está utilizando mancuernas, una barra de pesas o un galón de leche; solo sabe que hay resistencia”, dice Musto.

Musto puede tropezarse con Auguste cualquier mañana en la semana.

“Para mí, el ejercicio es como el oxígeno. Usted no puede vivir sin él. Nunca pierdo un día, a menos que esté de vacaciones”, dice Auguste, quien es especialista senior en el registro central de cáncer de Florida Cancer Data System en Sylvester Comprehensive Cancer Center de la Universidad de Miami.

Ella comienza su día a las 4:30 a.m. con un vaso de “jugo verde”. Combina fruta congelada, mango, piña, guineos, col rizada y agua de coco con proteína en polvo, que mezcla en una batidora. “Me da la energía que necesito para hacer ejercicios”, dice.

Luego de manejar 20 minutos al centro de acondicionamiento son las 5:30 a.m. y está lista para la primera clase del día.

“El ejercicio se convierte en la segunda naturaleza”, comenta. “Usted se levanta en la mañana y necesita cepillarse los dientes, hacer sus oraciones y luego ir al gimnasio. Para mí es lo espiritual y lo físico trabajando en conjunto”, añade.

La clase de la mañana puede ser de ejercicios cardio, ciclismo, yoga o entrenamiento de resistencia utilizando pesas o bandas. Ya para las 7:30 a.m. está en su trabajo. Pero no ha terminado de hacer ejercicios.

A la hora de almuerzo regresa al centro de bienestar donde participa en Pilates o en una variedad de clases para esculpir el cuerpo, incluyendo una para las piernas y las nalgas.

Con cinco pies, cuatro pulgadas y 130 libras, ella cosecha los beneficios de sus ejercicios. “No tengo problemas de salud. Ninguno hasta el momento. No tengo nada. Nunca he tomado medicamentos”, dice.

Además, se siente bien. “Me veo mejor ahora que hace 20 o 30 años y me siento como una persona diferente a la que era entonces”, comenta.

Soler es otro madrugador, pero no necesita poner la alarma para levantarse a las 3:50 a.m. “Mi cuerpo es un despertador”, dice. Es entonces cuando coloca una cápsula en la cafetera y toma las vitaminas antes de irse a la calle.

Llega al centro de bienestar a las 4:15 a.m., donde se encuentra con tres amigos. Estos hombres no se conocían cuando comenzaron. Se encontraron en el gimnasio hace poco más de un año y comenzaron a hablar sobre acondicionamiento físico o a marcarse uno al otro en pesas. Ahora trabajan juntos en pesas libres, mancuernas o máquinas de resistencia para fortalecer brazos y piernas.

La meta de Soler es aumentar su capacidad cardiovascular y aumentar el nivel de resistencia. También desea mantener el colesterol y la presión sanguínea bajo control. Nunca estuvieron altas y no tiene historial familiar de problemas, pero desea mantenerlo así.

También disfruta la forma en que lo hace sentir el levantar pesas. “Me gusta esa descarga de adrenalina y la inyección de energía. No hay otra sensación como esa”, dice Soler, que ya a las 9 a.m. está en su trabajo atendiendo aviones en el aeropuerto de Opa-Locka.

No se afloja en los fines de semana sino que monta bicicleta, entre 60 a 100 millas de tres a cinco horas. Es una rutina que toma tiempo y dedicación. No es para todo el mundo.

Musto recomienda que comience a estar activo en la niñez y mantenga la actividad a lo largo de su vida.

“No espere hasta la mediana edad, cuando los factores de riesgo para enfermedades comienzan a emerger y su barriga está más grande. Para entonces, ya el momento es crítico”, dice.

Esta historia fue publicada originalmente el 24 de enero de 2015, 7:00 a. m. with the headline "El ejercicio como cualquier otro signo vital."

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