Los artículos de opinión brindan perspectivas independientes sobre temas clave de la comunidad, separados del trabajo de nuestros reporteros de redacción.

Opinión

Donald Trump tiene una enfermedad incurable

El candidato presidencial republicano, Donald Trump, habla el 19 de septiembre de 2016, en Fort Myers.
El candidato presidencial republicano, Donald Trump, habla el 19 de septiembre de 2016, en Fort Myers. EFE

Hillary Rodham Clinton ha estado enferma. Y no con las múltiples aflicciones que le inventan enemigos y expertos en la propagación de rumores políticos dañinos. A Clinton le tocó una variante de la neumonía que se elimina con antibióticos.

Por contraste, Donald J. Trump padece una enfermedad incurable. Manifiesta síntomas del Trastorno de Personalidad Anti Social (también conocido como la sociopatía). La aflicción de Trump está consignada con una claridad sobrecogedora en la quinta edición del Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales. (DSM-V por sus siglas en inglés). El DSM-V es algo así como el libro sagrado de los psiquiatras y psicólogos clínicos estadounidenses. Si nos llevamos por el DSM-V, Trump es un sociópata vulgar. Esta aflicción lo incapacita para ocupar la presidencia de los Estados Unidos.

Veamos. Según la Sección 301.7 (F60.2) de la quinta edición del Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales los criterios para el diagnóstico del Trastorno antisocial de la personalidad están conformados por: A. Un patrón general de desprecio y violación de los derechos de los demás que se manifiesta en tres rasgos que retratan a Trump: 1.La deshonestidad crónica de un ser que miente patológicamente y estafa y manipula al prójimo a fin de obtener beneficios personales. 2. Signos de impulsividad, irritabilidad y agresividad constantes. 3. La ausencia de remordimientos, como lo indica la indiferencia burlona de Trump cada vez que lo pillan mintiendo descaradamente y las justificaciones inverosímiles que suelta con el propósito de negar sus embustes, injurias o contradicciones.

Señalar que los políticos mienten es como decir que nuestra agua es líquida. Así, Clinton es una mentirosa connotada. Pero lo que transforma la mendacidad de Trump en el síntoma de una patología es la naturaleza desfachatada de sus mentiras, la frecuencia e impulsividad de sus arranques de deshonestidad y la reacción habitual del candidato cuando un adversario o un periodista le señalan que ha mentido. Clinton suele mentir para defenderse, una tendencia injustificable. Pero Trump miente para engrandecerse o para difamar a sus enemigos. Por ejemplo, ha mentido repetidamente sobre su libro más conocido, The Art of the Deal, llamándolo “el mayor bestseller de la historia de un libro de negocios”, una obra escrita en su totalidad por un autor que se ha convertido en uno de los críticos más agudos de Trump; la mentira reciente achacándole a Clinton la creación del terrorista Estado Islámico (mejor conocido como ISIS) y del llamado movimiento birther que el mismo Trump impulsó durante años (la campaña dedicada a “demostrar” por medio de falsedades que el presidente Barack Obama no nació en EEUU); la mentira negando su apoyo inicial a la invasión de Irak; la mentira justificando el temor de Trump a divulgar sus declaraciones al fisco (el IRS, por sus siglas en inglés); las mentiras continuas sobre donaciones inexistentes a grupos filantrópicos; sus mentiras sobre los actuales índices de criminalidad en los Estados Unidos que Trump presenta como un apocalipsis urbano que sólo su mano dura puede detener; y las mentiras sobre el apoyo agresivo y apasionado que está recibiendo de neonazis, racistas variopintos, el KKK y otros violentos extremistas de derechas que militan en grupos empeñados en realizar actos terroristas en el territorio nacional. Estos tarados execrables han encontrado un alma afín en el candidato presidencial republicano.

Sé que a los fanáticos más entusiastas de Trump les tiene sin cuidado que su ídolo sea un sociópata impulsivo, mendaz y manipulador que cultiva preocupantes vínculos con la Rusia de Putin. Al igual que los primeros devotos de Fidel Castro y Hugo Chávez, estos fanáticos le perdonan todo a su candidato al tiempo que se nutren de una visión falsa y tenebrosa de la realidad de su país. También se alimentan de un rechazo virulento del antiguo régimen que representan Clinton y Obama. No quieren ver a Trump como un demagogo autoritario, deshonesto, vulgar, ignorante, un personaje creado por la cultura del espectáculo que ha sabido aprovecharse de la ira nacional y de prejuicios racistas y misóginos. Es el redentor cuya melena emblemática tiene el color amarillento del pelo de un indigente carcomido por la cirrosis hepática. Pero como nos recuerda el DSM-V la cirrosis de Trump es psicopatológica y moral. Un mal peligroso e incurable.

Periodista cubano, ejecutivo de una empresa internética.

Esta historia fue publicada originalmente el 26 de septiembre de 2016, 3:28 p. m. with the headline "Donald Trump tiene una enfermedad incurable."

Reciba acceso digital ilimitado
#TuNoticiaLocal

Pruebe 1 mes por $1

RECLAME SU OFERTA